miércoles, 4 de agosto de 2010

Libertad CF




Historia del equipo Libertad C. F.
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El inmediato arraigo del foot-ball en la industriosa ciudad de Huelva dio lugar al nacimiento del primer club de fútbol español, nuestro Recreativo de Huelva. Después nació el Huelva F. C. y seis años más tarde un equipo en el que no había grandes egos pero sí jugadores cuya pasión por este deporte y derroche de energía galvanizaba al equipo en tal medida que, pese a ser modesto, podía enfrentarse con dignidad a otros de superior entidad futbolística. Nos estamos refiriendo al Libertad C. F.
El Libertad C. F. no nació como consecuencia de ningún hecho político tan en boga en aquella época, que, a fuerza de se tan agitada, fue, empero, tan constructiva, sino en base a que era un club que, pese a su modestia, estaba liberalizado de toda atadura, que vivió muchos años sin campo de fútbol, ni “serio” ni “chapucero”, sorteando reveses económicos, salvando escollos y manteniendo muy alto la posición conquistada.
El Libertad nació a impulso de un grupo de entusiastas aficionados, poseedores de ideas liberales que le dieron tan democrático nombre como democrática fue su historia. Por todo ello, el Libertad F. C. es en la historia deportiva de Huelva el prototipo, el ejemplo de un grupo que nunca prende en él el desánimo y que es capaz de luchar contra la adversidad con ánimo siempre renovado. Pero, asistamos a través de la prensa local del 18 de diciembre de 1918, al nacimiento de este bravo equipo:

< La Sociedad cuenta con bastantes elementos y muy en breve se propone jugar en Huelva>>.

El Libertad C. F. nació de la nada el año 1918. Era un grupo de amigos que no poseían ni campo de juego. Así, los muchachos se cambiaban su indumentaria urbana por el traje corto –el que lo poseía- de darle patadas al esférico en plena calle o en un cuarto que le cediera el propietario de algún establecimiento de bebidas. El inconveniente de aquel cambio de ropa era la distancia entre la taberna y el Velódromo y el espectáculo exhibitivo que se daba. Nuestro aserto queda avalado a través de la crónica, vertida en la Revista “Huelva Sport”, número 6, fechada el 24 de abril de 1919, del partido en el que el Libertad se enfrentó al Independencia y en el que se impuso éste último por tres goles a uno:

<<…Ante todo nuestra más enérgica protesta por la desastrosa presentación de los jugadores en el campo, sobre todo los del Independencia ¿Qué menos que usar el pantalón corto, señores? ¿Creen los del Libertad que con solo ponerse unas camisetas azules muy bonitas se sale en traje de sport?
La directiva del Real Club Recreativo tiene el remedio en sus manos. Con no dejar que pisen el campo equipos que se presenten con esa indumentaria se arregla esto en menos tiempo que se emplea en decirlo…
… Se alinearon los equipos en la forma siguiente:
Libertad F. C. Encarnación, Maldonado, Toscano, Borrallo, Millán, López, Bogado y Domínguez.
Independencia F. C. Quintero, Galán, Zaragoza (M. y J.), Llanes, Chamorro, Huerta, Vázquez, Lara y Carmona>>.

Esta diatriba contra el Libertad la considero injusta por parte de los dirigentes de la citada Revista, ya que si no tenían medios para tener el atuendo deportivo ¿Qué podían hacer? Ya, cuando les fue posible tener la indumentaria, el Libertad adoptó pantalón y camisa blancos. No obstante, el club era modesto pero muy ambicioso en el ámbito deportivo. Así, tenía un equipo de infantiles y otro de senior. No podemos detenernos en detallar las crónicas de los partidos que jugaron ambos equipos libertarios, pero las revistas “Huelva-Sport”, números 18 y 23, de las fechas 17 de julio y 22 de agosto de 1919, respectivamente, nos hace conocer los primeros resultados. Así, el sábado 14 de julio del citado año, en partido mixto celebrado entre el Libertad y los juveniles del Recreativo de Huelva se impusieron éstos últimos por 2 a 0, goles de Arroyo y Sarrión en propia meta, y el sábado 16 de agosto de ese mismo año, contendieron en el Velódromo los equipos infantiles del Club Recreativo y el Libertad. El partido finalizó con empate a uno. Y los muchos espectadores que acudieron a verlo, pudieron apreciar jugadas y combinaciones que hubieran suscrito con orgullo muchos de los jugadores consagrados.
En una época en la que el fútbol estaba en expansión, el Libertad era requerido para jugar en los pueblos, partidos que se saldaban unas veces con triunfos, otras con derrotas. Pero éstas, eran un acicate para que la junta directiva del Club intentase mejorar.
El 12 de mayo de 1919, en un buen encuentro el Libertad derrotó por cuatro goles a uno al Sporting F. C.
La progresión de la entidad que historiamos en los años siguientes fue pujante y esperanzadora. Las derrotas fueron disminuyendo, los triunfos aumentaron, lo que conllevó a que aumentara el número de socios y crecieran las simpatías por el Libertad y el férreo nudo económico que lo oprimía que poco a poco ensanchándose. Quizás este cambio deportivo se debió a la llegada de excelentes jugadores como Brasero, del que nos ocuparemos más tarde; Muñoz, Maldonado y Serafín.
Dejamos otras victorias de los años 1923 y 1924 para detenernos en la que cosechó el 3 de septiembre de 1923, en el campo del Velódromo al derrotar al Español F. C. , de Huelva, por un gol a cero, tanto obtenido por Brasero tras pasarse a varios contrincantes; y en las alcanzadas el domingo, 3 de agosto de 1924, ante un equipo integrado por los marinos de la dotación del cañonero “Cataluña” por tres goles a uno en el campo del Recreativo de Huelva y en el que jugaron los dos de manera admirable; frente al Titán, el sábado 6 de septiembre, por 2 a 1, en la que obtuvieron sus jugadores y entrenador doce medallas de plata, goles de Muñoz y Leonardo; el alcanzado en Isla Cristina, en su deseo de proyectarse en toda la provincia, frente al correoso equipo portugués Lusitana F. C., en octubre de 1924, y el que logró, por dos tantos a uno, el día 14 de diciembre, en el campo del Titán, frente al Racing Club.
El mes de diciembre de 1924 fue muy negativo para el Libertad F. C.: Diezmado el equipo (varios jugadores pasaron al Recreativo de Huelva), vacías las arcas de caudales, desertados algunos miembros de su junta directiva, se derrumbó el castillo de ilusiones forjado a lo largo de sus seis años de historia.
El 31 de diciembre de 1924, en partido del campeonato provincial, el Libertad goleó seis a cero, en el campo del Titán, al endeble Onuba, no obstante jugar con diez jugadores y terminar con ocho.
El Libertad renació cual Ave Fénix. Todavía quedaban algunos corazones generosos que se dejaban llevar por el níveo color del Libertad y aunaron esfuerzos, en tal manera, que con los nuevos jugadores ascendió la Sociedad, en 1926, hasta la Federación Regional Sur, donde fue acogida con las mayores simpatías, “dándole entrada y clasificación en la antigua categoría B, jugando aquel año, por vez primera el Campeonato Regional de su grupo, en el que hizo un papel airoso.
Jugó también Campeonato en la temporada 1927-28, y entonces, puede decirse que alcanzó en los campos de juego los triunfos más resonantes. Pueden hablar de ello el Triana y la Agrupación Deportiva del Museo, de Sevilla, y el Titán F. C…”.
En este período (1925 a 1928), el Libertad jugaba en el Velódromo y, en ocasiones, en el campo del Titán, ya que continuaba sin tener campo propio. Este inconveniente lo tenían varios equipos onubenses. Así, en junio de 1925, no tenían rectángulo de juego ni el Gimnástica ni el Libertad, ya que tienen que disputar un partido benéfico y se dice: “…ahora tienen la palabra los directivos de ambos equipos y el Real Club Recreativo que no dudamos cederá su hermoso campo para tal objeto.

Historia del equipo Libertad C. F.
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Detengámonos en algunos de los resultados que obtuvo en estos años:
El día 29 de marzo de 1925, en el Velódromo y en partido a beneficio del jugador del equipo Estrella F. C., Mariano Laguna, el cual se había lesionado un brazo en un partido jugado contra el Gimnástico, perdió 2 a 0.
El 12 de junio de 1925 en partido a beneficio del Batallón Infantil onubense jugó contra el Gimnástico.
El 14 de agosto de 1926, en un encuentro celebrado en el Velódromo y valedero para la Copa “Valero Hervás”, contendió con su eterno rival, el Gimnástico. Al final del encuentro el marcador reflejaba igualada a uno, goles de Brasero y Chzarry, en un partido más que bronco, violento.
En la reseña que anunciaba una semana antes el partido anterior, el redactor deportivo le hacía un ruego al Gobernador Civil:”Sería conveniente que nuestra primera autoridad enviase fuerzas de seguridad al campo del Velódromo a fin de evitar que el público invada el campo a la terminación de la primera mitad del partido, para pasarse a la entrada de preferencia…”.
Las alineaciones que presentaron los dos equipos fueron las siguientes:
Libertad F. C: Ramos, Lavilla, Quintero, Verdugo, Leonardo, Mateu, Vázquez, Moya, Blanquito, Brasero y Del Pozo.
Gimnástico F. C. (Tornero (V), Bazán (J.), Romero (M.), Álvarez (S,), Molina, Saavedra, Ponce (M.), Olito (M.), Muñoz (R.), Salvador (J.) y Pérez (L.).
Finalizando diciembre de 1927, se había desplazado el Libertad F. C. a jugar con el equipo sevillano “Minas de Reunión” F. C., de Villanueva de las Minas, que, en un partido vibrante, lo derrotó por dos goles a uno.
Y la incansable sociedad Libertad F. C. concertó con el Minas el partido amistoso de vuelta. Se fijó la fecha del día 8 de enero de 1928, en el que los “libertarios” irían por el desquite.
El equipo forastero, que llevaba una brillante puntuación en el Campeonato de su grupo, solicitó a la Federación el permiso para desplazarse a Huelva en la citada fecha, ya que le correspondía ese día actuar en partido de campeonato.
Y el día 8, con el Velódromo repleto de aficionados, en un partido de singular densidad, el equipo huelvano le dio una soberana lección de fútbol al Minas de Reunión al que venció por dos goles a cero.
En verdad, a base de tesón el equipo que historiamos había sabido situarse entre los mejores conjuntos existentes en nuestra capital en 1928. Pero, negros nubarrones se cernían sobre el Libertad F. C. Así, la Federación Regional Sur prevenía a los clubes, “que aquellos que no tuvieran campo de juego no tomarían parte en el Campeonato de la siguiente temporada”. La noticia les cayó a los libertarios como un jarro de agua fría. ¡Ellos no podrían disputar el campeonato, ya que no disponían de campo propio!
Llamaron a varias puertas pero ninguna de ellas les dio el dulce consuelo de cederle un trozo de terreno para convertirlo en su campo. Por fin, la Excma. Sra. Condesa de Mora Claros, cedió, frente a la plaza de toros de la Merced, a las primeras insinuaciones todo el terreno que necesitara. Meses más tarde, en un sencillo acto, los dirigentes del Libertad pronunciaron las palabras necesarias para enaltecer las altas dotes que adornaban a tan esclarecida e ilustre dama y agradecerle tan deportiva y espléndida donación.
Conseguido el objetivo, un enjambre de jugadores, directivos y simpatizantes del Club trabajaron como hormigas, poniendo de sus propios bolsillos las pesetas necesarias para que cristalizara su sueño. Así, tras laboriosas y prolongadas jornadas de trabajo los diversos diarios de nuestra capital anunciaban la inauguración del campo en partido en que serían anfitriones del Real Club Recreativo de Huelva que se celebraría el 24 de febrero de 1929.
Aquella jubilosa jornada para el fútbol huelvano contendió una Sociedad de luengas y níveas barbas como correspondía al club más antiguo de España, con un club que reiniciaba su trayectoria al comenzar la vida del nuevo campo de juego que, en honor de la Condesa, se llamaría “Mora Claros”. Lo de menos fue que aquel fuese un día desapacible o el resultado del partido. Lo más importante, era que los libertarios tenían ya su campo.
Aquel partido causó una expectación inusitada, que se tradujo en que un buen ingreso económico: las numerosas y ocupadas sillas que cercaban el rectángulo de juego permitieron que el Club ingresase las pesetas necesarias para pagar al pintura del campo, al carpintero, al forjador de hierro…
Traigamos a este proscenio histórico algunos partidos celebrado en el campo “Mora Claros”:

Diario de Huelva, del 11 de octubre de 1929:
< Éste, estará integrado por sus mejores elementos, ya que los partidos que concierta son para tener el suficiente entrenamiento y formar un once de valía. En cuanto al reserva recreativista, irá formado por idénticos jugadores al del pasado encuentro, por lo que el partido promete resultar muy entretenido>>.

“La Provincia” del 2 de diciembre de 1929:
< Ayer tarde se celebró en el campo del Libertad, el partido amistoso anunciado entre el equipo amateur del Real Betis Balompié y el primer once del Libertad F. C.
El encuentro, en su totalidad, no llegó a agradar al respetable, a causa de la bondad del árbitro, que no hizo nada desde un principio, para evitar el juego violento, y debido a ello, Murto, que con los demás compañeros de la línea delantera del Club Decano reforzaba el team libertario, resultó lesionado en una pierna, a la mitad del segundo tiempo, teniendo que retirarse del campo.
Fue sustituido por Brasero. Lo mejor del partido fue el primer tiempo, en el que el juego se desarrolló más igualado y pudimos ver arrancadas de una y otra parte, pues en la segunda mitad el dominio de los locales fue bastante intenso y no vimos nada que nos interesara.
Cinco goals lograron los de casa, siendo autor de los tres primeros, Murto, que fue el que dio más rendimiento del equipo. El primero hecho en un remate de cabeza a un buen centro de Fernando y los otros dos de schoots imparables por los laterales.
La primera parte terminó con tres goals a cero a favor del Libertad, por uno del Betis, éste conseguido de penalti, por mano dentro del área.
Los dos tantos restantes de los blancos fue marcado el primero por Resti, de un schoot que dio en el lateral y entró en la meta, siendo logrado el último de penalti, también por mano dentro de la línea fatídica. Otro penalti con que se castigó al Betis, fue enviada la pelota a las manos del guardameta.
En cuanto a los forasteros se mostraron codiciosos y compenetración, sin embargo delante de la puerta no tenía artilleros. Lo mejor que traen es el defensa derecho y la línea media.
De los locales, Murto y Fernández en la delantera y de los demás quintero en la defensa. El guardameta tuvo que actuar poco.
De referee actuó el Sr. Saavedra que tuvo sus lunares en el arbitraje>>.

“La Provincia” del 7 de enero de 1930:
<>.

A lo largo de su trayectoria el Libertad fue una cantera excepcional de la que salieron magníficos jugadores de la talla de Resti, Durán, Fernández… Caso especial fue el de Adolfo Brasero García, que se forjó en las filas del Libertad F. C., pasando de éste al Titán y Recreativo de Huelva hasta llegar triunfador a clubes del prestigio del Real Madrid y Atlético de Aviación –actual Atlético de Madrid-, Sevilla, Salamanca, etc., y, más tarde, como entrenador, llevó al Real Jaén a la División de Honor, al Algeciras a disputar la liguilla de ascenso a Segunda División…
Este club en el que floreaba la democracia en su nombre y en su historia, no alcanzó la etapa de la II República española. Aunque el Destino, que todo lo puede, decidió que el epílogo de su historia se diese en un partido de homenaje a Pepe Núñez “El zapatero”, celebrado en el Velódromo el día 7 de julio de 1945, a las ocho de la noche, en el que nuevamente vistieron el uniforme blanco de sus amores los jugadores de su última etapa: Pepillo, Lavilla, Quintero, “el Manco”, Eduardo, Rodríguez, el gran Brasero, Carlos, en definitiva, una constelación de estrellas del fútbol onubense.













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lunes, 26 de julio de 2010

La silla







Una cómoda Historia Menuda: la silla
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La silla ocupa en el total del mobiliario un lugar muy poco preponderante y parece que, con ser tan natural su existencia, no posee ni arte ni historia. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, y de su existencia ya se tienen noticias en tiempos de los egipcios. En la Edad Media, las sillas eran muy abundantes pero poco cómodas. En el Renacimiento tomaron numerosas formas y estilos. Esta Historia Menuda la vamos a dedicar a las vicisitudes de las sillas en nuestra capital.

Desde tiempo inmemorial, las sillas ocupaban parte de la mayoría de las calles de la ciudad en la época canicular:

<<...La vida de los primeros vecinos de esta arteria (se refiere a la calle Luis Braille) parece que la hacían en plena calle. Ese fenómeno, tal habitual en muchas localidades por el carácter altamente sociable de los onubenses, alcanzaba especial relevancia entre sus gentes. En verano, se sacaban sillas a las puertas y se charlaba hasta la una o las dos de la madrugada, momento en que la jornada laboral que comenzaba horas más tarde les demandaba levantar el sitio…>>.

En este sentido, en las casas de sólo una planta en fechas caniculares se hacía casi inevitable que los vecinos sacaran sus sillas y charlaran, durante unas horas, de lo divino y de lo humano. En este sentido, las Ordenanzas municipales nunca han visto con buenos ojos esta costumbre. Así, en el diario “La Provincia” del 22 de julio de 1899 se preguntaba:

< Si no está permitido bueno sería que a los agentes de la autoridad se les recomendara no permitan tales abusos que dicen muy poco de una población como Huelva que se llama capital>>.

Esta costumbre se ha derrumbado como un castillo de naipes porque la mayoría de las viviendas actuales tienen varias plantas y parece una idea descabellada bajar del piso donde se viva con una silla para instalarla en el portal de entrada.
En los últimos años del siglo XIX, los templos carecían de las bancadas actuales y, por tanto, tenían que utilizar sillas en los ejercicios divinos. Así pues, algunos párrocos vieron que proporcionar sillas a los fieles sería un negocio muy lucrativo. Esta circunstancia llegó a oído del Sr. Arzobispo que mandó un escrito a todas las parroquias prohibiendo el alquiler de las sillas. Acerquémonos al diario “La Provincia” del 4 de marzo de 1899, en el que podemos leer:

<<”Queda prohibido todo comercio en los templos”, dice el Ilmo. Sr. Arzobispo de nuestra Diócesis, y, sin embargo, en algunas iglesias continúa el negocio.
El precio fijado para obtener una silla es el de cinco céntimos con sello móvil>>.

Hurgando en la herida, días más tarde, el mismo cauce informativo señalaba:

< No sabemos si será verdad, pero…>>.

Fue pasando el tiempo y las cosas continuaron igual, eso sí, conociendo la reputación de don Pedro no hay la menor duda de que aliviaría muchos pesares que hasta él llegaran. El 9 de mayo de ese mismo año visitó la parroquia de la Concepción un hijo de Caco y ocurrió lo que sigue:

< El ratero no ha sido habido hasta ahora.
Gracias que alguna vez se ha conocido el paradero del producto de ese impuesto>>.

Días después, nuestra opinión se convertía en axioma según podemos leer en el diario “La Provincia” del día 12 de junio de 1899:

<>.

En reiteradas ocasiones, ver determinados espectáculos sentados ha ofrecido posibilidades económicas a determinados grupos. Así, en la sesión municipal del 5 de agosto de 1911, hubo una “Moción verbal de un señor concejal sobre instalación de sillas por cuenta de la Asociación de la Caridad…”.
En marzo de 1912, instaló sus reales en la plaza San Francisco el circo de José Aragón. Vino por una semana y como fue exitosa su estancia en Huelva, solicitó, y le fueron concedidos unos días más de actuaciones. En el nuevo período de estancia, ocurrió un desagradable asunto:

<>.

En estos primeros años del siglo pasado, surgen, procedentes de Gran Bretaña, una innovación de las sillas, las plegables. En nuestra ciudad, comenzó a venderlas Casa Novelty, que mandaba insertar el siguiente anuncio en la prensa local en las vísperas de los veranos de 1912, 1913, 1914…, y en el que advertimos el afecto que los británicos siempre le han prodigado a su soberana:

<>.

Cuando en el sauzal sesteaba Enero, por aquello del frío y de que no se podía salir a la calle, los juegos se desarrollaban en los interiores de las casas. Así, se ponían varias sillas unas detrás de otras y se jugaba a que aquello era un tren. También se les hacía la competencia a los profesionales del circo dando vueltas de campana, saltando acrobáticamente, etc.
La presencia de las sillas se hacía inevitable cuando llegaba por estos lares algún circo. Así, acerquémonos a ver el “Berlín Zirkus” que ha llegado a nuestra ciudad. Corre el día 24 de abril de 1970:

<<… El circo alemán trajo, como siempre, un espectáculo en el que no faltaban leones, tigres, panteras, elefantes, en definitiva, treinta atracciones mundialmente famosas.
Su debut constituyó todo un triunfo en lo artístico y en lo económico, ante el numeroso público onubense que casi llenaba por completo sus magníficas instalaciones de palcos, sillas de pista y gradería, dentro de una gigantesca carpa, instalada en el espacio que ya se contaba para estos grandes espectáculos, en la Barriada de Tartessos…>>.

Por cierto, que hasta la llegada a nuestra ciudad de los payasos Fofó, Milito, Fofito y Milikito, todos los payasos utilizaban las estrepitosas sillas en sus actuaciones. Extraigamos de la Gran Enciclopedia de Huelva de Antonio José Martínez Navarro los siguientes renglones:

<<…El éxito de estos payasos, estimamos, es que dejaron en el rincón del olvido la pintura en el rostro, esto es, adaptaron los personajes que encarnaban a cara limpia. Llevaban razón, el payaso de cara pintada no ha sido nunca apropiado para el niño; puede gustarle, pero sólo de lejos. No se animan a darles un beso porque no les agrada un rostro entre “nebulosas”, irreal. Ellos, despojaron a sus personajes de todo tipo de violencia y en lo posible evitaron los golpes de garrotazos, puntapiés, caídas de sillas, etc. Crearon un trabajo de conjunto, supieron confeccionar simpáticas canciones que las adaptaron a situaciones cómicas. Además, de cada una de estas situaciones se desprendía una moraleja, una enseñanza. Pero, en fin, vayamos sin más dilación a ver las relaciones de nuestra ciudad con “Los payasos de la Tele”…>>.

Sillas se podían ver en toda clase de bares, tabernas y zampuzos, tales como los aristocráticos bares “La Cita”, “España”, “América” y las tabernas clásicas huelvanas como Casa “Tacones”, Casa “Macareno”, Bar “Zeppelín”, Bar “Andévalo”, “La Angarilla”… o en todas las heladerías como “La Española”.
En los centros de recreo se formaban las tertulias utilizando cómodas sillas y no eran pocos los cines que en lugar de butacas utilizaban sillas. Así, en el diario “La Provincia” podemos leer:

<<…En la mañana del día 1 de febrero de 1935 el Cinema Park sufrió un incendio que parecía había acabado con el recinto. Al final, se quemó el toldo, numerosas sillas, el armazón completo del escenario y el mobiliario del mismo, los decorados, la instalación eléctrica y la valla…>>.

Las sillas eran elementos esenciales en campos de fútbol que no tenían instaladas gradas como los del “Titán”, el “Mora Claros”, rectángulo de juego que pertenecía al equipo del “Libertad” F. C…
En 1945 se crea la Unión de Cofradías. Sus primeros tiempos de existencia eran muy precarios en la parcela económica. Así, se instala una Tómbola en las Fiestas Colombinas. Pues bien, las ganancias obtenidas en la citada Tómbola alcanzó la cantidad de 22.000 pesetas -unos 144 euros actuales, pero una cantidad respetable en aquella fecha-. Con este capital se adquirieron las sillas que más tarde, Semana Mayor de 1946, se pusieron en la Carrera Oficial.
Las sillas se hacían inevitables en el Estadio Municipal, cuando se celebraban en éste los célebres Festivales de España. A tal efecto, se instalaba un soberbio escenario que daba cara al fondo Sur de manera que las localidades de sillas aparecían situadas en la zona de albero, pista de atletismo, siendo destinada la grada Sur para la entrada popular. Con estas ubicaciones quedaba descartada la posibilidad de perjudicar el terreno de juego. Traigamos como ejemplo la actuación, el día 8 de julio de 1975, en el citado recinto deportivo de María Dolores Pradera. Entre otras cosas, se decía:

<>.

A partir de los años treinta el hechizo del Cine fue ganando adeptos. Los cinéfilos se sentaban cómodamente en sus sillas tras haber dejado en la taquilla el importe de la entrada
“¡Caramelos!”, gritaba sin cesar el vendedor en el interior del Cine, a fin de que los escasos niños a los que les sobraba algún céntimo pudiesen adquirirlos. Y las mandíbulas de estos pequeños no cesaban en su actividad, mientras se sorprendían con la aventura que admiraban.
Las sillas toman su importancia en las regias comidas de egregios personajes o en las sencillas comidas familiares celebrando alguna onomástica, cumpleaños o cualquier acontecimiento navideños o de otra índole.
La utilidad de las sillas nos haría escribir muchas páginas de esta Historia Menuda. Así, añadamos que actualmente hay muy pocas novedades en cuanto a la variedad de formas. Los materiales si que han cambiado: la madera ha desaparecido casi por completo y las que aún perduran siempre recuerdan formas clásicas ya pasadas.
¡Ah! y es una gozada visitar cualquiera de nuestras Peñas flamencas en las que encontraremos sillas pintadas, al estilo andaluz, con bonitos colores.

Sillas de anea. Estas sillas, importantes en el mobiliario de la época en que el título de villa se enseñoreaba de Huelva (y aún en gran parte del siglo veinte) eran confeccionadas por los propios usuarios y sus asientos estaban fabricados de tomiza o cuerda de esparto y de palma silvestre. El resultado era el mismo.
Pero, veamos cómo se fabricaba una silla de anea: Primeramente se localizaban los palos (perfectamente cortados con las mismas medidas): después se labraba o torneaba artesanalmente y se iban entrelazando las cuerdas hasta quedar rematada la silla.
A través del Boletín Oficial de la Provincia de Huelva, número 205, fechado el viernes 5 de abril de 1844, podemos observar que en la calle Palacio, regentada por José Jiménez, hubo una fábrica de sillas de todas las clases:

<>.

Las sillas de anea se podían fabricar de dos clases: altas y bajas. Las primeras, tenían la ventaja de que sus bordes se hallaran ligeramente inclinados hacia abajo para que no se lastimaran las pantorrillas y porque las patas tenían o tienen unos travesaños donde se descansaban los pies, de vez en cuando, quedando las rodillas en un plano superior y, por lo tanto, aliviaba la circulación de la sangre. Las segundas, tenían un uso más difundido. Se utilizaban incluso para sentarse a comer, ya que las mesas eran bajas. Las suaves concavidades de las mismas, permitían que las asentaderas permaneciesen cómodas que son como hay que sentarse y no con las pantorrillas, que quedaban libres al tenerse las rodillas altas y los pies descansando en el suelo. La circulación de la sangre quedaba también libre.
En la historia de nuestra ciudad, hay que señalar dos profesionales dedicados a la construcción, de forma artesana, o reparación de las sillas de anea. Así, el excelente cantaor Manuel García Vázquez llevaba el remoquete de “El sillero”, remoquete que sería por su relación con la reparación o composición de sillas.
Francisco Ruiz Pérez, nacido en 1945 en Lucena del Puerto y vecino de Huelva desde muy joven, durante años se dedicó (y posiblemente aún se dedique) a la reparación de sillas de anea. Su improvisado taller lo instalaba en plena calle Sanlúcar de Guadiana. Ni que decir tiene que su casa era un almacén de los materiales que él precisaba para ejecutar las reparaciones.







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miércoles, 30 de junio de 2010

Emilio Silvera





Emilio Silvera Vázquez, por el cosmos de la ciencia
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Emilio Silvera Vázquez ha escrito centenares de artículos, la mayoría de ellos de temas científicos y dedicados al espacio sideral y goza de un gran prestigio allende las fronteras de Huelva. ¿Cuál ha sido el secreto de su éxito?
Sobre Emilio Silvera, no se ha escrito todavía una biografía imparcial y completa, un extenso artículo que nos ayude a comprender su compleja y descollante personalidad. Realicemos en esta Historia Menuda un breve bosquejo suyo.
Emilio Silvera nació el 14 de enero de 1940 en la onubense calle Fernando el Católico, en el portal rotulado con el número 30. Con el transcurrir de los años esa casa la compró, la vendió más tarde y ahora vive en una que adquirió exactamente enfrente.
La Huelva de su niñez era marinera, de calles estrechas como la de Enmedio, vía de bastante enjundia choquera, con algunos adoquines levantados, pero mucha Historia.
Su ascendencia era netamente marinera. Así, su abuelo, Emilio Silvera Gutiérrez, era un marinero que llegado de la dulce Galicia se afincó en Huelva y llegó a tener una pequeña flota de barcos “caballeros” de Huelva. Su padre, Joaquín Silvera Gutiérrez, había nacido en la calle Miguel Redondo y su vida transcurrió viendo como las olas tejían una gran sinfonía de cristal en la ría que tenía tal transparencia que se veía su fondo. Era aquella vieja Onuba en la que sus hijos, tras rezarle al Cristo de la calle Enmedio, al embarcarse y perder de vista la torre de la Concepción se restregaban apresuradamente los ojos y se entonaban por fandango para que no se advirtiese la honda emoción que sentían al abandonarla
Su padre le contaba que ellos cogían la caballa como en los tiempos heroicos de la vela, con la caña. Así, lanzaban al agua un lenguado que ellos preparaban con sardina y las voraces caballas se lanzaban a comer el cebo en tal cantidad que no les daban tiempo de cogerlas, decía que era maravilloso. El barco, como si se tratara de una pesca milagrosa, se llenaba de caballas y ellos las llevaban a las almadrabas de José Tejero donde fabricaba las conservas. No todas llevaban este destino, así se zahorraban -se limpiaban, en el argot antiguo- se colocaban por parejas y después los vendedores ambulantes mediante un simpático pregón las vendía por las calles a perra gorda el par.
Emilio Silvera nos dice que no necesita cerrar los ojos para ver aquella Huelva entera y viva, como si en lugar de una ciudad se tratase de una criatura: Ve a José Silvera que era pocero, como cuidaba de los barcos de pesca que venían. Se dedicaba a la gamba fresca de Huelva, en los antiguos saladeros de nuestra capital. Después han seguido con la tradición sus primos Paco y Ángel, que pusieron un saladero fresco de gambas que tienen en la actualidad, regentado por sus hijos. Es la gamba que se manda a Madrid. Y es tal la fama de la gamba que su primo Paco todas las navidades se las manda a Miami a Julio Iglesia. Pero, continuemos con la biografía que nos ocupa.
Fue en el Colegio “San Francisco” donde Emilio Vázquez inicio su educación a los cuatro años. Recuerda que en el citado colegio había un patio con una escalera que bajaba a la iglesia y que diariamente los alumnos asistían a la Santa Misa antes de ir a clase. Curiosamente su padre estuvo en el mismo centro cuando popularmente se le conocía como “de Manuel Siurot”.
Emilio Vázquez ha guardado siempre un recuerdo muy vivo y cariñoso de sus maestros: don Antonio Castilla, Juan Garrido, don Manuel… en este época se hizo muy amigo del Padre Laraña y se paraba mucho a hablar con él en la calle Palos. Un día le dijo: “Padre, he dejado el colegio porque no tengo más que aprender”. A lo que contestó el jesuita: “Mira, vamos a hacer una cosa. Mañana vas a mi colegio, el “Madre de Dios”, te hacemos una prueba y puedes estar otro año más en el colegio”.Tras el examen, lo mandaron a la sexta clase. Como maestros tendría a José Samaniego, Nicolás Sierra, Eduardo Bonachera Pombo…
En el Colegio de la Alameda Sundheim estuvo sólo un curso y a pesar de que Emilio Vázquez había demostrado desde niño una inteligencia poco común, la necesidad económica impulsó a que su madre lo colocara en la zapatería de “El Portugués”, situada junto al Hotel Victoria, en la calle José Nogales, para que aprendiera el oficio de zapatero. Su madre quería protegerlo a toda costa, ya que tenía parálisis en una de las piernas y veía que lo mejor para su futuro era que aprendiese un oficio. Pero, cuando poseía todos los conocimientos de un buen zapatero se dio cuenta de que no le gustaba. Y acaeció que Manuel Domínguez Martínez (en la actualidad decano de Economía) vivía fronterizo a su casa, a él acudió y le dijo que él no quería ser zapatero. El ilustre economista le dijo: “¿A ti te gustan los libros?”. “Mucho, don Manuel –contestó ingenuamente el muchacho- más que leerlos, me los como”. Entonces lo mandó a la Academia “La Milagrosa”, que era de su propiedad. Allí un maestro le hizo unas pruebas y le mandó a una de las clases.
Los primeros meses fueron difíciles para él: Había salido del colegio a los 9 años y en la clase sólo hablaban de activo, de pasivo y de otras materias de las que no tenía ni idea que existieran. Pidió libros prestados de 1º y de 2º de Comercio y comenzó a estudiar por su cuenta con un horario muy especial: A las ocho de la mañana entraba a trabajar en la zapatería donde permanecía hasta las seis de la tarde. Corría velozmente a su casa, se cambiaba de atuendo y se iba a las siete a la Academia donde estudiaba hasta las ocho y cuando salía de ella estudiaba en aquellos libros prestados. A partir de este momento empezó a destacar entre sus compañeros como un estudiante excepcional. Llamaba la atención por su rigurosa austeridad. Parecía que sólo le interesaba el estudio. su materia preferida era la que tenía relación con números y cifras, pues desde el principio le entusiasmaron las matemáticas, si bien se interesó también por las cuestiones económicas y financieras. En definitiva, que a los dos años el maestro de la Academia se fue y, tras unas pruebas del director de la Academia, él se quedó de maestro de un grupo que se preparaba para la Banca al que le impartió Matemáticas Comerciales. A renglón seguido, don Manuel Domínguez lo empleó en su oficina, Ofiteme, especializada en asesoramiento de empresas, gestiones con Hacienda, Seguros Sociales… y tenía tantos deseos de aprender, se mostraba tan severo para sí mismo, que era el primero en entrar y el último en salir de la oficina. Y ocurrió que cuando llegó a “Ofiteme” había catorce empleados y cuando salió de la misma sólo eran cuatro, tres que le ayudaban a desarrollar todos los asuntos y es que cuando uno se marchaba de la oficina él se hacía cargo de su tema.
Se independiza de la Empresa y como no ganaba lo suficiente, hizo las oposiciones para Gestor Administrativo, se tituló en Agente de la Propiedad, se hizo Administrador de Fincas, obtuvo la Diplomatura en Derecho Tributario en la Escuela Superior de Derecho Empresariales en Barcelona. No cesó en su empeño de aprender y en la actualidad posee otros títulos y abrió una Gestoría en la Gran Vía, Gestoría “Silvera”, que más tarde trasladó a la calle Palos, número 21, en la que actualmente dedica medio día al trabajo a una clientela escogida y el otro medio a su gran pasión: la Astronomía y la Física.
Un bosquejo biográfico no está completo si no se aborda la parcela sentimental. En este sentido, tras separarse de su primera señora a los veintitantos años contrajo segundas nupcias con Juana Mª Toscano Rodríguez, funcionaria de Transporte. De esta feliz unión, han nacido Isaac, que tiene 22 años y está terminando Derecho y Empresariales en la Universidad “Carlos III”; María, que estudia en el Conservatorio Superior Clave, porque ya es pianista profesional, y está terminando Pedagogía. Los otros dos, Alicia, de 14 años y Emilio, de 15 estudian en el “Funcadia”.
Siempre le había gustado leer, pero un día descubrió que el hombre, inerme ante las fuerzas cósmicas, encuentra en las ciencias un redentor heroico y un poderoso instrumento de control y previsión, y a partir de entonces se dedicó a la Física y Astronomía. Un día cayó en sus manos un libro de divulgación científica de Isaac Asimov y quedó subyugado. Comenzó a leer todo lo que encontró del citado autor y descubrió que un literato de ciencia ficción. Tras superar a Asimov dedicó su entusiasmo a otro científico y fue avanzando cada vez más en el tema hasta el punto de escribir un libro titulado “El Universo y la Mente”, tratado de Astronomía, Física y de la Mente Humana. Tras intentar en vano que se lo publicaran, regaló el libro a través de Internet, con tal éxito que superan los 30.000 ejemplares que han retirado y siguen llevándoselo. En estos instantes, está finalizando un segundo libro de Física y Astronomía que se titulará “Desde los Quarks hasta el Universo”. Va a ser un volumen copiosísimo, ya que si con cuatro libretas de 200 páginas cada una compone un libro de 600 páginas, en la actualidad tiene escritas más de ochenta.
Hace años, se asoció a la Real Sociedad Española de Física, a través de la ue muchos de sus trabajos han sido divulgados y con la que colabora. Al mismo tiempo, está adscrito al grupo especializado de Física Teórica y al de Astrofísica. Es tal su categoría que cuando se celebró la inauguración del Año Internacional de la Astronomía, fue el único huelvano que recibió invitación. Como consecuencia de ello, le hicieron varias entrevistas en los periódicos y revistas, estuvo en la cima de la Astronomía en España, colaboró en el Año Internacional de la Astronomía…
Uno de los mayores valores de Silvera Vázquez como escritor científico, es la capacidad que tiene de “comunicar” con el lector. En seguida, en cuestión de pocas páginas e incluso líneas, Silvera sabe captar el interés de quien lo lee, y así, como cogido de la mano, le conduce a lo largo de toda la obra hasta el final, al que se llega por lo general de añoranza, de “querer más” (por suerte que en su producción siempre hay más). En este sentido, ha escrito numerosísimos escritos y en su página de Internet ha recibido más de seiscientas mil visitas
Como conferenciante en Institutos, su verbo cálido y entusiasta hace que divulgue con claridad temas de ciencia (cómo se forman las estrellas, cómo nacen, cómo es su vida, qué es un agujero negro…) o de cultura, ya que considera que la exposición clara no está reñida con la rigurosidad científica ni con la exactitud histórica
Y así sigue escribiendo a diario para Internet, ora tema de Astronomía, ora de Física, ora de la Mente, en “Observatorio Imfo” (Imagen Astronómica del Día, de la NASA); divulgando la ciencia ante el público en general, terminando una trilogía de ciencia ficción científica, ya que Emilio Silvera Vázquez es, en definitiva, ante todo un estudioso y un erudito que ama profundamente el saber y detesta la ignorancia.

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jueves, 17 de junio de 2010

Anecdotario deportivo huelvano




Miscelánea deportiva onubense
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Año 1933: El Chelsea F. C. en nuestra capital.
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Una de las notas culminantes de la Primera División en Gran Bretaña la constituye el Chelsea Foot-ball Club, por su brillante trayectoria, la calidad y deportividad de sus jugadores, la valía del entrenador de turno, su excelente terreno de juego, su deportiva afición, fiel a la asistencia de todos sus partidos y su fama universal que lo ha hecho disputar partidos en medio mundo. La última de las cualidades citadas (la de jugar partidos en otros países o continentes) no se prodigaba en los años veinte y treinta del siglo pasado como ocurre en la actualidad. Por eso, es una nota simpática que un club como el Chelsea viniera a jugar a nuestra ciudad con un equipo huelvano modesto, pero esforzado, el Independencia Fútbol Club. Recordemos, a través del diario “La Provincia” del día 14 de agosto de 1933, las circunstancias de aquel partido que ha pasado desapercibido para la mayoría de los historiadores:


< El encuentro resultó muy entretenido, viéndose bonitas jugadas, quedando triunfante el equipo local por cuatro tantos a uno>>.

El triunfo de los “independentistas” frente a los británicos hizo que los huelvanos rugieran de alegría y entusiasmo.
Esta información queda enriquecida por transmisión oral del recordado José Pérez que nos indicó en los años setenta que este equipo británico se hospedó durante su breve estancia en nuestra capital, en el Hotel “Granada”, que se situaba en La Placeta –actual calle Plus Ultra-.


El equipo “fantasma” de hockey del Recreativo de Huelva.
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Finalizando el mes de agosto de 1957, ya estaba construido el nuevo Estadio Municipal que sería escenario de cien batallas deportivas y tendrían como protagonistas al Club más antiguo de nuestro país, el Real Club Recreativo de Huelva. en aquellos instantes, los aficionados recreativistas no tenían por qué envidiar a cuantas poblaciones disfrutaban de un coqueto campo de deportes y que se les habían anticipado en esta manifestación del progreso urbano como era disponer de un Estadio digno en lugar de un descuidado escenario deportivo en sus últimos años, eso sí, con el timbre de honor de haber sido el primer campo de fútbol de España. Nos hemos referido al célebre Velódromo.
El día 4 de agosto, en plenas Fiestas Colombinas del citado año de gracia de 1957, se anunciaba que la inauguración del Estadio Municipal se realizaría solemnemente con la visita del viejo Athletic de Bilbao para, dos días más tarde, enfrentarse el Club Decano a un equipo de leyenda en aquellas fechas, el Real Madrid, denominado “el ballet blanco” por lo visto de su juego que le otorgaron numerosos títulos.
La inauguración, pues, sería espléndida, ya que en aquellas fechas estos dos poderosos equipos contaban en sus filas con un total de veintisiete jugadores internacionales.
No pretendemos detenernos en estos partidos inaugurales en los que perdió el Recreativo de Huelva por los resultados de 3.4 frente a los vascos y 2-6 frente a los madrileños.
También el desfile inaugural se efectuó con la solemnidad y brillantez que el caso requería. Así en él se vieron diversas representaciones deportivas de la provincia, las Corporaciones municipal y provincial y todos los equipos de las diversas secciones que defendían la camiseta blanquiazul. Y entre ellos los espectadores vieron desfilar al equipo de hockey del Club Recreativo de Huelva. Pero, ¿de dónde salen éstos?, se preguntaban algunos aficionados. Conozcamos la historia de este equipo singular a través de uno de los componentes de aquel conjunto, Enrique Carbajo Guerra:

<<…En realidad, no había equipo de jockey. Simplemente salimos de exhibición, esto es, para “rellenar” un poco las secciones del Recreativo. Así, vistieron con las camisetas del equipo blanquiazul a algunos muchachos… A Fernández, que era el de mayor estatura, le pusieron la indumentaria de portero y, ya vestidos todos de recreativistas, salieron a dar una vuelta en el nuevo Estadio.
Entre los jugadores que vemos en la foto podemos identificar al ciado Fernández (que actualmente reside en Sevilla), José Márquez Mejías, yo (Enrique Carbajo Guerra), Guisado, Santos (que era hermano del jefe de Centuria “Los Pinzones”;…
Pero, debemos añadir que llegamos a jugar un partido en Badajoz, torneo en el que se dieron cita diversos equipos provinciales además de los de Madrid. Y quizás por el gracejo y simpatía que se nos tienen a los andaluces nos emparejaron con un equipo que, pese a estar inscrito en el evento deportivo, no acudió. Y por incomparecencia se nos dio por vencedores. Pasamos, pues, a la segunda etapa del torneo y en ella fuimos derrotados por el equipo de Madrid…>>.

Que esto quede como anécdota de un equipo de trayectoria ejemplar como es nuestro Recreativo de Huelva, como una nota simpática de unos tiempos en los que se “pretendía ser más de lo que se era” a costa de que, incluso, se descubriese más tarde de que “se era aún menos de lo que la propia realidad dictaba”.

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jueves, 3 de junio de 2010

Ernesto Lazo





Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios. (I)
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Ernesto Lazo nació en Huelva el día 12 de noviembre de 1921. Su padre, don Manuel Lazo Martín (fundador, en 1907, del periódico “Educación Popular”), haciendo gala de la tenacidad increíble que moldearía para siempre su carácter y con ello su destino, no se conformó con la suerte que en aquellas fechas le estaba destinada a los maestros y desempeñó el cargo de gerente de Tabacalera en nuestra capital. Su madre, Josefa Gómez Sánchez, era ama de casa. Ernesto era nieto del maestro Manuel Lazo Real.

La niñez de Ernesto estuvo rodeada de las maravillas de aquella Huelva tan cercana al mar, de cielo de esmalto azul, poseedora de una ría en cuyas aguas se reflejaban las quillas de los galeones que arribaban a la Bajamar para descargar las sardinas de alba. Así, el alma se le fue formando a dos ritmos distintos que luego habían de disputarse siempre su literatura: toda la fuerza exuberante, luminosa, impregnada de olor a salitre, deslumbrada de colores de la Huelva de su adolescencia, y todas las bondades de la Huelva que se fue transformando con el transcurrir de las décadas.
Cursó sus estudios de Primaria en el Colegio de los Padres Agustinos, haciendo la Primera Comunión en 1931, bajo la dirección del P. Fray Teodoro de Olazarán y Olozoaga.
Habiendo abandonado los Agustinos, por motivos políticos, el Colegio de Huelva (el grupo fue a parar, en su mayoría a Filadelfia, USA), cursó los estudios de ingreso en el Colegio de San Casiano que dirigía el conocido y acreditado maestro, don José Oliva. Estudios de ingreso dirigido por el buen maestro don José Mendiri
Realizado el examen de ingreso en 1932, comienza el primer curso de bachillerato 1932-33, en el Instituto General y Técnico de la calle Méndez Núñez. En este curso se inicia el bachillerato republicano creado por don Fernando de los Ríos, que amplia de seis a siete el número de cursos, establece dos reválidas (una, al terminar el tercer curso y otra al terminar el séptimo), y suprime totalmente los libros de textos. La supresión de textos, sustituyéndolos por apuntes, a veces en clase de más de cien alumnos, como ocurría en Huelva, fue un fracaso. El Ministerio rectifica rápidamente y en el segundo curso vuelven los libros.
El segundo curso, 1933-34, tras una huelga de estudiantes apoyada por los profesores, se inicia con algún retraso, en el Instituto nuevo del Conquero, llamado La Rábida. Allí se estudian normalmente el curso 2º, 3º y 4º. Una vez comenzada la guerra civil, estimándose peligroso para los jóvenes la coeducación, las mañanas se dedican al estudio de las chavalas y las tardes de los chavales. Fueron profesores distinguidos de este Instituto, su director, Ricardo Terrrades Pla, doctor, a la vez, en Derecho y en Ciencias; el bonareño, José Pulido Rubio, acreditado geógrafo e historiador, que ejercía las funciones de Secretario; Félix Andolz, autor de la letra del himno del Centro”Salve Monasterio de la Rábida”, que llevaba música del maestro Herrera, de familia muy querida en Huelva. A destacar, también, la figura del sacerdote José Pérez Reyna, profesor de Religión, tremendamente forofo del Recreativo, de Ángeles Figueras, profesora de Literatura que llegó a ser poetisa de fama nacional (que lo animó para que siguiera por la senda de las Letras, Lengua y Literatura). Antes que ella dio también clases de la misma asignatura, la onubense Inés García Escalera, que se casaría con el famoso escritor D. Felipe Ximénez de Sandoval, autor de la “Biografía apasionada de José Antonio”. El título de Bachiller, al que siempre Ernesto consideró de gran valor, lo obtuvo en marzo de 1939.



Un acontecimiento ocurrido en su adolescencia contribuyó especialmente a que cambiara drásticamente su vida: la muerte de su padre, que dejó una viuda y siete huérfanos. Y como era uno de los varones mayores se vio obligado a trabajar, ya que eran muchas las bocas que en su casa pedían pan.
En este punto debemos hacer hincapié en un importante detalle sobre Ernesto: Fue la dura vida que se impuso a sí mismo la que hizo que se promocionara. Esta epopeya se desarrolló íntegramente en unas circunstancias duras, en las que la lucha por la supervivencia era el feroz juego nacional. Así, trabajaba aquellas interminables jornadas y estudiaba por las noches. Pero, lo habíamos dejado con el Bachillerato terminado. A continuación realiza los estudios de Maestro en la Escuela Normal de Huelva, terminándolos en septiembre de 1940, y los de Profesor Mercantil en la Escuela de Comercio de Sevilla, finalizándolos en octubre de 1944.
En 1941 ingresa como Auxiliar en la Excma. Diputación Provincial de Huelva. Dos años más tarde gana, por oposición, la plaza de Jefe de Contabilidad de la citada entidad provincial.
En 1960, obtiene, por concurso de méritos, la plaza de Jefe de Sección de Intervención de la Diputación.
Finalizando los años sesenta es nombrado Presidente del Colegio de Funcionarios de la Administración Local en Huelva.
En marzo de 1972 es nombrado por Decreto de la Presidencia Administrador de los Hospitales de la Diputación Provincial (el general, ubicado en la Plaza de la Merced y el Psiquiátrico a la sazón recién inaugurado en la Carretera de Sevilla).
En junio de 1972 ingresaría, tras oposición libre, en el Cuerpo de Interventores de Administración Local. Ejerció de Interventor en el Ayuntamiento de Palos de la Frontera (localidad que le condecoró con su escudo de oro) y de Vice-Interventor y, posteriormente de Interventor, en el Ayuntamiento de Huelva, cargo en el que se jubiló en diciembre de 1986. Fue Interventor de la Organización Sindical desde 1948 hasta la desaparición de tales Sindicatos. Lo que causa nuestra admiración es su incansable brega de luchador nato que supo vencerse a sí mismo antes de enfrentarse con los demás, su seguridad para no amedrentarse ante ningún desafío y, finalmente, una de las mejores cualidades de su carácter: su capacidad para asumir responsabilidades. ¡Ah! como prestación personal hacia la ciudad que tanto amó, Huelva, fue concejal de su Ayuntamiento desde 1958 a 1962.
Pero con haber brillado mucho su talento, su laboriosidad y su ingenio, se le apreciaba aún mucho más por su espíritu caballeroso, por la grandísima bondad de su carácter que le ha llevado a un fuerte compromiso con la sociedad que le rodeó y especialmente con los más desfavorecidos.












Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios (y II)
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Entre sus aficiones destacaron el deporte, la música y la literatura. En el primero, resaltamos que figuró en la alineación del primer equipo de balonmano o handball que tuvo Huelva. En este sentido el historiador que suscribe este breve bosquejo biográfico, en su Gran Enciclopedia de Huelva testimoniaba esta circunstancia:

<<…Los dirigentes del S. E. U. reclutaron sus hombres, les enseñaron las reglas del juego del balonmano y los sometieron al entrenamiento necesario. Y como coincidía que eran magníficos futbolistas y practicantes válidos de diversas pruebas atléticas y no repararon en sacrificio para probar en el viejo Velódromo su extraordinaria valía, el día anunciado estaban dispuestos los catorce jugadores a que se convirtiese el partido, que se celebraría el 23 de abril de 1939, en todo un espectáculo.
Días antes, los entusiastas estudiantes del SEU marcaron un campo con las medidas reglamentarias e instalaron dos porterías de poco menos de tres metros de anchura por casi dos de altura.
Las pruebas atléticas, ciclistas y el partido de balonmano fueron presenciadas por numerosos aficionados. Pero, dejemos que sea el cronista deportivo del diario “Odiel” quien nos haga conocer los lances y las alineaciones presentadas en aquel histórico partido:

<<…A continuación se dio un descanso, siguiendo un partido de Handball entre dos selecciones de estudiantes afiliados al S. E. U.
La selección A vestía camiseta azul y el equipo B camiseta blanca.
La primera quedó alineada de la siguiente forma: Miralles; Victoriano y Moreno; Romualdo, Martín Ch. y Martín D.; Faustino, Blanco, Terrades, Camacho y Morón.
El equipo B estaba alineado así: Buigues; Rovira y Tortosa; Vozmediano, Lazo y Vito; Arazola, Vega I, Klauss, Cerisola y Segovia.
El encuentro resultó en extremo interesante, despertando desde el primer momento gran interés en el público onubense que presenciaba por primera vez un partido formal de handball.
Al comienzo se hizo notar el gran empuje de los blancos que asediaron la puerta del equipo azul con gran insistencia. No obstante el buen juego al final del primer tiempo, los azules lograron su primer tanto que fue ovacionadísimo y saludado con un pasodoble por la banda.
El segundo tiempo se caracterizó por la regularidad del juego aunque no llegó a resultar monótono.
Los dos bandos lucharon con ahínco y buenas formas, haciendo que el interés no decayera un momento.
El partido terminó con 3-2 a favor de los azules o sea del equipo A, pero es justo hacer constar que los dos pusieron igual entusiasmo y capacidad en el juego.
Actuó de árbitro Willy Hexamer.
Entre el primero y segundo tiempo se realizaron pruebas ciclistas en tres categorías…>>.

También recordamos que participó en pruebas de natación y atletismo. Asimismo, Ernesto Lazo fue socio, jugador del Recreativo y Tesorero en la Junta del primer ascenso a 2ª, en 1957, bajo la presidencia de Ramón López García. Fue también presidente de la Federación Onubense de Atletismo en los años 70. Su otro equipo del alma, desde su infancia, fue el Español de Barcelona
Hombre polifacético, ejerció diversos cargos deportivos en el SEU, de 1936 a 1945, y fue jugador titular del mencionado Sindicato. En el mismo período de tiempo y en la misma entidad, desarrolló diversos cargos culturales, con actuaciones en prensa y radio, casi siempre en colaboración con Diego Morón González. Recordado es el programa titulado “Habla el SEU”, con artículos de fondo e información general para estudiantes. Tenía periodicidad semanal y se realizaba a media tarde.
En el segundo apartado de sus aficiones, siempre se sintió subyugado por ese ritmo cadencioso y arrebatador que llamamos tango. Así, conocía hasta en sus detalles nimios la biografía y discografía del gran astro argentino, Carlos Gardel. En este sentido, las circunstancias de la vida no le permitió realizar uno de sus anhelos: visitar Buenos Aires, la ciudad porteña, en la que se hubiera impregnado, sin duda, de las exquisiteces del bandoleón.
Con respecto a la gran afición por la literatura, su abuelo Manuel Lazo Real todos los días hacía escribir unos renglones a sus nietos. Ese interés lo fue manteniendo a lo largo del tiempo. Eran los años de gimnasia del estilo, en los que ponía a punto su galana pluma para escribir en verso y prosa.
En un sentido más elevado, sus poemas figuraron en la obra “Antología de poetas onubenses”, editado en Huelva en 1976.
Fue en la prosa donde su fértil ingenio supo alcanzar su máxima cota, proporcionando muchos ratos de regocijo al pueblo de Huelva que leía con avidez sus trabajos, vertidos en los diarios “Odiel”, “La Voz de Huelva”, “Huelva Información” y “El Mundo. Huelva noticias”.
Sus primeros artículos, evocación de la Huelva de su infancia y juventud, los reunió en un libro titulado “Mi Huelva tenía una ría”, aparecido en 1985, de tanto interés para los lectores que ya va por la tercera edición.
El sol, el mar, las playas de Punta Umbría, el Recreativo de Huelva y sus jugadores, los edificios capitalinos, las calles y plazas huelvanas, nuestra Semana Santa y nuestras Hermandades del Rocío, los temas colombinos, unos ojos, una hermosa cabellera de una bonita mujer, son algunos de los temas que su numen literario hacía florecer en sus bonitos artículos y que recopiló en su segundo libro “Playas de terciopelo”, editado en diciembre de 2005, con el que ha repetido éxito.
También debemos añadir que Ernesto Lazo fue autor de la letra del “Himno a la Virgen de la Cinta”. La labor pentagramística la realizó el gran compositor Primitivo Lázaro.
Encariñado enormemente con su ciudad, a su jubilación Ernesto Lazo desarrolló tareas sociales y culturales en beneficio de ella: Miembro de la Real Sociedad Colombina Onubense, participó activamente en sus actividades llevando el nombre de Huelva por toda la geografía española y desarrolló la labor de Tesorero de la misma en la década de los noventa; miembro activo de la Junta directiva de la Hermandad de la Cinta es autor, como se ha indicado, del Himno a la Virgen; impartió conferencias sobre su particular visión de Huelva a requerimiento de varios colectivos sociales, participó eficazmente como intermediario, a petición del entonces alcalde Juan Ceada, en la negociación, bloqueada hacía años, entre los albaceas de Diego Díaz Hierro y el Ayuntamiento de Huelva consiguiendo para la ciudad un valiosísimo fondo documental; fue pregonero de varios actos, y desarrolló una intensa labor humanitaria impulsando la Comisión Pro Asilo de Ancianos Desamparados, colaborando con la Parroquia como catequista y cuando ya su cansado corazón le impide lidiar con la extrema vitalidad de los chavales, en otras tareas más tranquilas que el párroco le encomienda a sabiendas de su buen hacer, talante conciliador y amistades cosechadas a lo largo de más de ochenta años de trabajo, optimismo y Bonhomía.
Entre sus amigos hay que destacar en primer lugar a toda aquella promoción de Bachillerato con los que siguió manteniendo contacto y relación: Juan Gómez Hiraldo, intelectual y flamencólogo; Diego Morón González, José Díaz Martín, químico; Victoriano RuiGómez, José Gil, médico; Ramón Rovira… En otros ámbitos destaquemos su amistad con el pintor universal José Guevara, el poeta Jesús Arcensio, el músico Primitivo Lázaro y con el periodista y escritor Rafael Manzano, con el que mantuvo una enriquecedora correspondencia.
Luchador incansable, hombre íntegro y de carácter afable, buena persona en suma, se puede decir parafraseando a su buen amigo ya desaparecido el poeta Rafael Manzano, que ha pasado su vida con Huelva en los labios.
En la parcela sentimental, Ernesto contrajo matrimonio con Joaquina López Olmo, nacida en Huelva en 1923 e hija de un hombre muy vinculado con la historia de Huelva, Ramón López. De esta unión han nacido nuestra buena amiga, María Dolores, Archivera del Excmo. Ayuntamiento, María Piedad y María José, licenciadas, respectivamente, en Geografía e Historia, Psicología y Filología Francesa.
Ernesto Lazo Gómez falleció en Huelva el día 23 de julio de 2009.

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jueves, 20 de mayo de 2010

Azulejo del Nazareno

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jueves, 6 de mayo de 2010

Monumento al Espíritu Olímpico





El Monumento al Espíritu Olímpico

Uno de los aspectos de la vida de la antigua Grecia que el hombre moderno admira más y lo justiprecia en alto grado es la importancia que los griegos daban a los ejercicios físicos, hasta el punto que para ellos, el hombre perfecto, la persona de bien, el varón modelo a seguir, no era el culto y bueno, sino el que unía a las virtudes morales la belleza corpórea y la salud física, es decir, el que era, como decían , “hermoso y bueno” (kalós kagathós).


Aquellos Juegos, cuyas pruebas congregaban en Olimpia a miles de personas procedentes de todo el territorio heleno y que eran capaces de suspender las hostilidades entre las díscolas ciudades griegas, se celebraron por última vez en el año 393 de nuestra Era. Al año siguiente quedaron abolidos al publicar el emperador Teodosio el Grande un edicto prohibiendo las ceremonias y fiestas paganas. La generación siguiente, con Teodosio II en el poder, hizo arrasar los templos de Olimpia. El recinto de los Juegos, seriamente dañado por las destrucciones de los pueblos bárbaros invasores del Gran Vacío y de los terremotos, y sepultado por los aluviones de los ríos Cladeo y Alfeo, durmió quince siglos bajo los escombros y la ligera capa de polvo del olvido que proporcionan tantas centurias.
En el siglo XVIII la Arqueología llamó insistentemente la atención sobre aquellas ruinas. Más tarde, las expediciones arqueológicas francesa y alemana exhumaron lo que aún quedaba de Olimpia y se fue acentuando la idea, que tuvo como principal adalid al barón Pierre de Coubertín, de reconstituir los antiguos esplendores de los Juegos que se hizo realidad cuando el día 5 de abril de 1896 se inauguraba en Atenas la primera Olimpiada moderna, cuando el rey Jorge I de Grecia pronunciaba las palabras rituales: “Declaro abierto la I Olimpiada moderna…”.
Así se perpetúa la tradición de los Juegos. A partir de la última fecha citada, cada cuatro años, en la apertura y mientras duran las pruebas olímpicas, brilla sobre la arena la llama encendida al sol de Olimpia, previamente trasladada desde la ciudad que albergó los Juegos por última vez.
Y ocurrió que en 1968 organizó Méjico los Juegos Olímpicos. Y como la antorcha debía atravesar el Océano Atlántico, quisieron darle, por haber protagonizado en 1492 los marineros onubenses la gran epopeya del Descubrimiento de América, a nuestra provincia el honor de que se embarcase la llama olímpica desde uno de sus puertos.
La antorcha olímpica llegó a Barcelona el día 31 de agosto de 1968, desde donde comenzó su peregrinar por distintas provincias españolas hasta llegar a nuestra ciudad en donde sería embarcada para América.
Para ser testigos de honor de embarco de la Llama y de su cuido hasta su país, el Comité Olímpico mejicano envió a nuestra capital a cuatro miembros que llegaron el día 11 de agosto del citado año acompañados de varios representantes de la Federación Española de Atletismo.
Para que todo se desarrollase a la perfección, se nombró un Comité provincial compuesto por Santiago Fernández Olivares, delegado provincial de Juventudes y Secretario de la Junta Provincial de Educación Física, Manuel Sánchez Rodríguez, como jefe de protocolo y ceremonial, José Ruciero Martel, encargado del transporte y alojamiento de los atletas,; Faustino Rebollo Viejo, a cuyo cargo estuvo la coordinación; Vicente Quiroga Juanes, en representación de las emisoras de Radio; Pedro Mayo Gómez, que actuó como técnico en el recorrido…
La antorcha llegó a la provincia de Huelva el día 10 de septiembre, fecha en la que fue recibida por el Comité provincial en el límite con la de Sevilla y punto geográfico en donde los atletas huelvanos relevaron a los de Sevilla, siendo transportada en constantes relevos.
A Huelva llegó el día 10 de septiembre e hizo su entrada en la provincia, desde cuyos límites los atletas huelvanos tomaron de los de Sevilla la Antorcha, siendo traspasadas kilómetro a kilómetro. Su llegada a nuestra capital se produjo alrededor de las ocho y media de la tarde de dicho día.
Participaron en el traslado de la Antorcha unos cien atletas onubenses que habían sido debida y perfectamente equipados por el Comité Olímpico español.
Previamente, se había invitado a los alcaldes de las poblaciones de Manzanilla, Villalba del Alcor, La Palma del Condado, Villarrasa, Niebla, San Juan del Puerto y Palos de la Frontera para que el recorrido estuviese engalanado. La llegada a la capital se verificó a las ocho y media de la tarde. En la plaza del Ayuntamiento se realizó el acto protocolario (interpretación del himno olímpico, pequeño discurso del alcalde, Federico Molina Orta, suelta de palomas, cohetes y tracas, culminando el emotivo acto con la entonación del himno nacional) en honor al espíritu olímpico.
En este punto, para conocer el comienzo del periplo marítimo que conduciría la Llama Olímpica a país hermano de Méjico, cedámosle la palabra al hábil reportero del diario “Odiel”:

<<…Después de los actos citados, los atletas trasladaron la Antorcha hacia la Punta del Cebo donde embarcó continuando el itinerario que sigue: atravesó la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Una vez desembarcada, continuó el recorrido pasando el Monasterio de La Rábida para seguir hasta Palos de la Frontera, hasta la plaza de la iglesia de San Jorge, Plaza del Ayuntamiento y continuó el regreso hacia La Rábida, en cuyos terrenos entraría por la plaza de la Universidad Hispanoamericana, ocupada por estudiantes europeos y americanos, para llegar al túmulo de velas que fue montado junto al Monasterio.
Al día siguiente, desde el Muelle de La Rábida, regresó al Monasterio y, ante la Virgen de los Milagros, la marinería de la Comandancia de Marina cantó la Salve Marinera y sin más dilación el barco tomó rumbo a Méjico…>>.

La culminación de aquel histórico paso de la Antorcha Olímpica por Huelva fue la erección de un Monumento al Espíritu Olímpico. Nos honra decir en este momento que no podemos olvidar que quince años antes de que se recuperaran los Juegos Olímpicos modernos en el citado año 1896, ya se celebraban en la ciudad del Tinto y del Odiel unos juegos deportivos con igual denominación organizados y tutelados económicamente por los ingleses de la Compañía de Riotinto que durante su permanencia tanto promocionaron los deportes en la provincia de Huelva.
El Monumento que nos ocupa tenía las características siguientes: La base o pedestal del Monumento la constituía un círculo de cuyo epicentro emergía un soporte cilíndrico que conectaba con otro círculo de menor tamaño que, superado por el citado soporte cilíndrico enlazaba con dos círculos más pequeños que se situaban en un plano inmediatamente superior. Todavía, el tubo cilíndrico continuaba siendo el centro de cinco círculos concéntricos y que a la vez que tomaban altura reducían sus tamaños. Sobre el más pequeño, que coronaba el singular basamento, se observaban los aros olímpicos. Sobre éstos, en lo más alto del Monumento, un esquemático globo terráqueo proclamaba la universalidad del deporte como poderosa base de la fraternidad de los hombres.
Este monumento se ubicaba en la Avenida Francisco Montenegro, entre matorrales y pitas, apenas a un centenar de metros de la ubicación del diario “Huelva Información”, enclave en el que permanecía casi inadvertido para los conductores embebidos en la velocidad de sus vehículos y para los escasos peatones que por allí deambulaban.
El jueves, 18 de agosto de 2005, el diario “Huelva Información” le dedicaba unos renglones:

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El autor de este trabajo de investigación lo contemplaba y se detenía unos instantes delante de él, cuando se acercaba a la sede del hospitalario diario “Huelva Información” para dejar algunas Historias Menudas. Un día, sobre noviembre o diciembre de 2005, advirtió que el monumento había desaparecido y con él uno de los nexos de nuestra capital con los Juegos Olímpicos.

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jueves, 22 de abril de 2010

Rogelio Buendía Abreu, insigne novelista











El insigne novelista Rogelio Buendía Abreu
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A distancia de casi setenta años de su muerte, Rogelio Buendía Abreu, aparece como una de las figuras más importantes de la novelística española de su tiempo. No logró en vida el triunfo material. Ni siquiera su sueño de ver publicadas todas sus obras, uno de cuyos manuscritos, titulado “Los niños y los pájaros”, se ha perdido en el viento de las décadas. Pero, la publicación reciente de varias de sus obras, por parte de la Diputación Provincial, ha iluminado nuevamente su personalidad literaria.


En el año en que nació Rogelio, España sentía sobre sus valles tropel de caballos y agudo sonar de cornetas militares. Está próxima la batalla de Alcolea que exiliará a Isabel II y traerá una nueva dinastía a nuestro país y, dos años más tarde, la I República.
En estos días románticos y revolucionarios, exactamente el 27 de noviembre de 1867, nace en Ayamonte Rogelio Buendía Abreu, hijo de Juan Buendía Hernández, marinero, y Juana Abreu Márquez, que habían contraído matrimonio en la iglesia de la Concepción el 3 de junio de 1859 (1), siendo los padres del contrayente Juan Buendía y Manuela Hernández, y los de la contrayente, Joaquín Abreu (natural de Villanueva) y Rita Márquez, natural de Alcalá.
Rogelio fue el quinto vástago de la familia. El primogénito era Francisco de Paula, nacido en Huelva el 7 de abril de 1860 (2), al que seguían, José, nacido en Huelva el 15 de marzo de 1861 (3), Aurelio, nacido en Huelva el 13 de noviembre de 1863 (4) y Rafael, nacido en Huelva el 3 de mayo de 1866 (5).
Advertimos que los vaivenes de la diosa Fortuna llevaron al matrimonio a fijar su residencia en Ayamonte que es donde vio la luz primera, Rogelio.
Hubo en la niñez de Rogelio continuos toques de felicidad. Con muy corta edad, advierte que Ayamonte es el ensueño de un poeta árabe y se siente atraído por el río que casi toca con las manos. El ambiente de su casa es idílico: Sus padres mantienen una hermosa armonía, plena de cariño y comprensión. El recuerdo de estos años quedarán plasmados en su obra “Entre mar y cielo”, novela de costumbres marítimas
A los ocho años sus padres regresan a Huelva (6), en la que continúa los estudios primarios y secundarios. Aquella liliputiense ciudad marinera se convertirá para él en fuente de perenne inspiración a la que dedicará lo mejor de sus pulsaciones literarias. En su casa hay libros, muchos libros, que el niño y adolescente Rogelio lee infatigablemente. Posiblemente constituiría su única formación entre los ocho o nueve y trece o catorce años
Paseos muy cercanos a la belleza del río Tinto, charlas con sus amigos, fantasías y convencimiento de que Dios le procurará de comer. Cerca de él estaba, sin embargo, el sentido de la realidad. Quieren los padres que el muchacho comience a trabajar para ir fogueándose en la vida comercial y le surge un empleo en la Bodega “La Victoria”, denominada así por ocupar parte del edificio y solar donde se elevaba el antiguo Convento de la Victoria, que había sufrido un serio revés tras la Desamortización de Mendizábal. Después, entra como aprendiz en el Bazar del Sr. García Ramos, a la sazón alcalde de nuestra ciudad. Las jornadas son largas, trece o catorce horas. No obstante, su espíritu adolescente siente una apasionada curiosidad por todas las cosas, sobre todo hacia la Literatura y la Historia. La exquisitez de alma hace que Rogelio sueñe en voz alta: Reuniré las pesetas necesarias para abrir una librería.
No sabemos las cuitas económicas de Rogelio Buendía en estos años. No obstante, la documentación existente nos va a permitir tener sobre ellas unos leves conocimientos. Así, a través del documento “Préstamo e Hipoteca”, otorgado el día 19 de mayo de 1893, ante Antonio Díaz Fragoso (7), merced al cual Vicente Álvarez Cruz le entrega mil quinientas pesetas “en billetes del Banco de España”, suponemos que pudo instalar un pequeño negocio de venta de libros en la calle Botica –actual vía Alcalde Mora Claros, añadimos nosotros-. Posiblemente, porque no reuniese el local los requisitos adecuados que exigía su especialidad comercial, al poco tiempo se trasladó a otro que se situaba en la calle Concepción, frente a la parroquia. Y, en noviembre de 1895, consiguió pasarse a la misma calle, número 21, en el que estuvo hasta 1935, fecha en la que deja la actividad comercial, siendo ocupado su local por la papelería “Diario de Huelva”, que se mantuvo en él hasta bien entrado los años ochenta del siglo pasado.
Es posible que la venta de una vivienda a José Barrero Vilariño, mediante documentación otorgada el 7 de abril de 1894, ante el notario Juan Cádiz Serrano (Folio, número 488, número 221), situada en la carretera de Gibraleón (actual Avenida de Alemania), número 5, le ayudase económicamente a adquirir el local, número 21, de la calle Concepción. En definitiva, sabemos que a mediados del año 1898 ya estaba el establecimiento bien asentado comercialmente en la bien nombrada calle Concepción, número 21, ya que mandó insertar un anuncio en la Revista “La Cruz Blanca”, número 43, fechada el día 3 de agosto del citado año que decía:

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En 1890, contrae matrimonio María Dolores Manzano Buendía, hija de Huelva, ciudad en la que había nacido en 1864. De esta unión, nacerán sus hijos: Rogelio Buendía Manzano (nacido el 14 de febrero de 1891), vate de altos vuelos literarios, que alcanzó la cima del Parnaso poético con su inmortal libro “El poema de mis sueños” y cuyo nombre, con el de su esposa María Luisa Muñoz de Buendía, están fijados con letras áureas en la República de las Letras choqueras; María de los Ángeles (1893), María Luisa (1895), Manuel (1896), que fuera prestigioso abogado y Luis (1908), excelente poeta fallecido prematuramente en Cádiz, donde cursaba tercer año de Medicina.
Tras el fallecimiento de su esposa, Rogelio Buendía Abreu contrajo segundas nupcias, en 1933, con Carmen Gallego, hija del que fuera arquitecto provincial, Trinidad Gallego, que dejara altas muestras de su capacidad artística en diversos edificios onubenses.
El matrimonio Buendía-Manzano residió, y allí nacieron todos sus hijos, en la calle Rábida, número 8, en una espaciosa vivienda. A través de la sesión municipal del día 27 de diciembre de 1907, conocemos que también era propietario de otra casa que, dada su ubicación, posiblemente tendría alquilada:

<<…Autorizar a don Rogelio Buendía Abreu para construir zócalos y jamba a limpio y reparar el pretil de su casa de la calle Gran Capitán previo pago de arbitrios…>>.

Una vez establecido, hace vida de café en el que se reúne con la crema intelectual de Huelva y tiene el hábito de sentarse en un rincón de su librería a plasmar sobre el papel sus anhelos y sus inquietudes. Así, a lo largo de años trabaja intensamente publicando en diarios (“Diario de Huelva”, sobre temas colombinos y poesías; “La Provincia”, sobre diversos temas; “El Defensor”…) y revistas cuentos, poesías y leyendas. Inolvidable es el cuento, titulado “El último lance (Cuento choquero)”, que vierte en “Diario de Huelva” en 1923.
Y no se limitaba sus colaboraciones a publicaciones locales, en las que firmaba sus escritos bajo el seudónimo de “Filipo”, ya que su calidad literaria es bien conocida en el resto del país y depositan su confianza en él. Así, en el diario “La Provincia” del lunes, 19 de junio de 1922, podemos leer:

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Pero la pluma casi nunca es bien pagada y por esta razón, su máximo cuidado es que su librería marche lo mejor posible.
Y aquel establecimiento favorecido por los poetas y grato a las musas, fue la meta a la que arribaban todos los intelectuales de la provincia. Allí acude Cecilio Romero, Adriano del Valle, Casto Pino, Diego Durán “Didacum”, todos los integrantes en profesiones liberales y los escolares. En este sentido, el historiador Diego Díaz Hierro contaba en el brevísimo bosquejo biográfico que publicó en “Odiel” el 22 de abril de 1961, en la celebración del Día del Libro:

<<…Muchas son las bellas remembranzas que tenemos de Rogelio Buendía Abreu como librero. Allí íbamos los escolares pendientes del tradicional obsequio de la estampita. Allí iban los valores artísticos de la ciudad para cambiar impresiones con el maestro y estar al tanto del movimiento literario. Todo irradiaba simpatía en aquel establecimiento donde la ancha sonrisa de Rogelio hasta la estantería repleta de novedades…>>.

De cualquier forma, más que un comerciante, Rogelio Buendía fue durante su vida un devorador de libros, un amante de la promoción cultural. En este aspecto, los onubenses cultos y los escritores de la Huelva de entonces debieron estar muy agradecidos a Rogelio Buendía por su apoyo incondicional. Conozcamos dos detalles que avalan este aserto. Así, en el diario “La Provincia” del lunes, 19 de abril de 1915 comentaba que el librero había creado y organizado una Exposición de libros:

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De la segunda muestra de altruismo por parte de Rogelio Buendía nos da cuenta la prensa local en los primeros días de junio de 1922:

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El día 9 de junio de 1922, aparecían en los periódicos locales los escolares premiados.
No todo lo que escribió Rogelio Buendía tuvo el desenlace final de la publicación. En este sentido, el propio autor decía:

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Entre las obras publicadas, dejando en un sitio de honor de cualquier estantería el poemario “Cancionero de amor” (1920), por Rogelio Buendía Abreu vamos a detenernos en tres de ellas: “Luz”, “La Casa Grande” y “La señorita”
La primera novela que vio la luz en la producción de Rogelio Buendía fue la titulada “Luz”, aparecida en los primeros meses de 1922. Es la novela de un poeta, de un hombre que ama profundamente a Huelva a la que exalta consciente de que ha estudiado sus bellezas y sus bondades y las describe primorosamente con su pluma galana.
Antonio de Salas opinaba así en las páginas de “El Defensor”:

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El éxito de “Luz” fue tan fulminante que se sacaron varias ediciones alcanzando todos los rincones literarios de España. Así, en el diario “El anunciador”, sin duda el de mayor circulación en el campo de Gibraltar se hacía hincapié a este triunfo del onubense:

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“La casa grande” (1924) es una novela en la que se realzan las costumbres del Andévalo. El director del diario “La Higuerita” de Isla Cristina criticaba la obra de la siguiente guisa:

<<…Por eso “La Casa Grande es una novela que habrá de venderse mucho, máxime habiendo su autor puesto en ella todos sus entusiasmos produciendo su lectura un singular sabor de las sanas almas del Andévalo…>>.

La portada de este libro, en la que se observa la vivienda típica de la Sierra, se debe al pintor J. Martín Estévez, natural de Villanueva de los Castillejos, que precisamente comenzó su andadura artística publicando en el simpático diario isleño.
Fue tal la calidad de esta obra que Jacinto Benavente le dirigía la siguiente carta al onubense:

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En 1928, publicó Rogelio Buendía su novela titulada “La señorita”, editada por la madrileña Editorial Páez.
En esta copiosa obra (tenía 375 páginas), anunciada como novela de costumbres serranas, el personaje central es un médico que apenas terminada la carrera se ve obligado a refugiarse en un pueblo muy pequeño, en el que todos son inconvenientes y en el que solamente hay una señorita (de ahí que la llamen “La Señorita”) de la que se enamora y lleva al altar.
El crítico del diario “El Defensor” tenía la siguiente opinión acerca de esta obra:

<<…La novela de Buendía Abreu es un canto a Aroche, “este pueblo privilegiado, único en la provincia por su dilatadísimo término”, y a la belleza imponderable de sus montañas, “cuyas cimas y flancos están salpicados de encinas centenarias y olivos milenarios besan amorosas las nubes, envolviéndolas en el velo impalpable de sus brumas, que se deshacen en plateadas hebras, apenas el sol paciente las acaricia con sus primeras lumbradas alegrando el inmenso paisaje y llenándolo todo con la música eterna e inimitable de su luz…>>.

Rogelio Buendía falleció en Huelva en la mañana del día 16 de agosto de 1941. El diario “Odiel”, al día siguiente, apenas da cuenta de su muerte, da la noticia en diez líneas, ni una más ni una menos:

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(1) Libro de matrimonio número 148. Anotación, número 34.
(2) Libro de nacimiento, número 163, folio 209.
(3) Libro de nacimiento, número 164, folio 73 vuelta. Anotación, número 104.
(4) Libro de nacimiento, número 165, folio 101, número 310.
(5) Libro de nacimiento, número 166, folio 81, número 249.
(6) Padrón Municipal de Huelva. Año 1930.
(7) Escritura e hipoteca a Rogelio Buendía Abreu de Vicente Álvarez Cruz,
otorgada en 19 de mayo de 1893, ante don Antonio Díaz Fragoso (F. 1074,
número 0,13 Don Vicente le entrega mil quinientas pesetas “en billetes del
Banco de España”.




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jueves, 15 de abril de 2010

Cinema Rocío











El Cinema “Rocío”
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Como en todo momento de transición, Huelva, en la actualidad, en estas últimas convulsiones que están dando paso de lo viejo a lo nuevo, vuelve frecuentemente sus ojos hacia atrás. Apenas pasa día sin que alguien exprese una nostalgia. Ahora le está tocando el turno al Mercado del Carmen que dará paso a una plaza porticada. En su lugar, se eleva un armatoste en la vieja Avenida de Italia. El cambio ha sido brusco, drástico. Es una ciudad totalmente nueva la que se va elaborando. Por eso, el recuerdo de las vivencias antiguas es bálsamo que aminora el dolor de los que consideramos que en toda ciudad es interesante la supervivencia de lo antiguo. En este sentido, es placentero recordar un cine que, aunque fue flor de un verano, dejó su nombre para la historia del celuloide en nuestra ciudad. Nos referimos al cinema “Rocío”.

A lo largo de décadas, el cine fue ganando adeptos en tal magnitud que donde había un solar se le daba los mínimos toques higiénicos, de seguridad y ornato y se le convertía en un cine de verano.
En los meses iniciales de 1941, don Ramiro Monfort Mir solicita (Legajo, número 561 del A. M. H.) las aperturas de dos cines, uno establecido en la Plaza de Toros de la Merced y el otro en la risueña calle José Nogales. De cualquier forma, el cine “Rocío” se anunció siempre que perteneció a la “Empresa Soler”.
Y con unas modestas obras consistentes en dejar en condiciones el piso donde se asentarían las sillas, elevar unos muros que cercaran el recinto cinematógrafo e instalar una arcaica cabina para proyectar los filmes. El día 3 de junio de 1941 el “Odiel” insertaba en sus páginas la siguiente y escueta avanzadilla informativa:”Cinema Rocío. Próxima inauguración”.
Por fin, el sábado 21 del citado mes y año el mismo diario anunciaba con júbilo los primeros latidos del nuevo cine de verano:

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Para los amantes de las estadísticas, añadiremos que el precio de la entrada ascendió a una peseta y treinta y cinco céntimos.

El día 25, la prensa local daba cuenta de aquel acontecimiento histórico para el cine huelvano:

<< Ha sido inaugurado el Cinema Rocío, instalado en la calle José Nogales; el local se encontraba repleto de numeroso público, que aspiró las bellezas y calidades de las cintas proyectadas.
Felicitamos a la empresa por el acierto de esta inauguración y le deseamos en la temporada muchos éxitos>>.

A lo largo del resto del verano la sesión de este cine se componía de un Noticiero (normalmente de la Casa alemana UFA) y dos películas. Los viernes, se daban sesiones más económicas llamadas “Fémina”. Conozcamos algunas de los filmes proyectados en este casi desconocido cine para las nuevas generaciones:
25-6-1941: “El túnel submarino” y “La pícara música”
26-6-1941: “El rayo lento” y “La pícara música”.
27-6-1941: “El rayo lento” y “El sargento Berry”.
28-6-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-6-1941: “Aféitame tú a mí”, por Popeye el marino, y “Adorable enemiga”.
1-7-1941: “Donde menos se espera” y “El legado de la estepa”.
2-7-1941: “El bailarín y el trabajador”, por Roberto Rey y Estrellita Colomer, y
“Una aventura de Mozart”.
3-7-1941: “La llamada de la selva” y “Dos soldaditos”.
4-7-1941: “La pimpinela escarlata” y “El paso del ocaso”.
5-7-1941: “Melodías de un rascacielos” (dibujos) y “Nobleza obliga”.
6-7-1941: “El rey del bataclán” y “La última avanzada”.
9-7-1941: “Un vagabundo millonario” y “Viaje de placer”.
10-7-1941: “El desaparecido” y “El vagabundo millonario”.
11-7-1941: “El desaparecido” y “Una avería en la línea”, por Spencer Tracy.
12-7-1941: Popeye el marino en “Duelo morrocotudo” y “Una hora en blanco”.
13-7-1941: Mismo programa que el día anterior.
15-7-1941: “La llamada secreta” y “El tigre”.
16.7.1941: “Popeye el Marino”, trailer de “La fuga de Tarzán” y “El héroe
público número 1”.
17-7-1941: “Popeye el Marino”, “Tobie” y “Emisora secreta L B 17”.
18-7-1941: “La fuga de Tarzán”, “Tobie” y “Emisora secreta L B. 17”.
22-7-1941: “Seguoia”.
25-7-1941: “Dejada en prenda” y “Madre Alegría”.
27-7-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-7-1941: “En los tiempos del vals”, por Ramón Novarro.
30-7-1941: “En el amor”.
31-7-1941: “El refugio”.
El viernes, 1 de agosto, se proyectaron las películas “Así es el amor” y “En los tiempos del vals”. En otro lugar del diario se anunciaba: “Estén atentos el día 5 a la nueva reorganización”.
Los días festeros de Colombinas los aprovechó la Empresa para realizar las modificaciones necesarias para levantar un pequeño escenario donde pudiesen actuar determinadas atracciones o espectáculos.
5 y 6 de agosto, 1941: “Vals Real” y “El Cardenal Richelieu”. El día 5, se anuncia las nuevas modificaciones del cinema que historiamos.
7-8-1941: “El Cardenal Richelieu” y “El Refugio”.
El viernes 22 de agosto, a las nueve y media de la noche, el Cinema Rocío, “Palacio del espectáculo”, anuncia el espectáculo “Cartel de Feria”, con Molero y su Orquesta y otras atracciones y avanza que al día siguiente actuaría “Pilarín de Aragón”.
El sábado 23 y el domingo 24, a las 10 de la noche, la Empresa Soler ofrece una velada de varietés selectas: Celia-Simoney, colosos de la danza moderna; “Pilarín de Aragón”, gentil estrella de la canción regional; el cantaor “Gitanillo de la Cava” y, en los intermedios de estas actuaciones, bailes en la pista. Los precios eran asequibles: Caballeros, 3 pesetas. Señoras, 2.
Los últimos latidos del Cinema “Rocío” fueron deportivos. Así, el sábado 14 de septiembre de 1941, a las diez y media de la noche, se anunciaban cuatro grandes combates de boxeo. Durante el transcurso de la velada se enfrentarían en los pesos plumas: “Manuel Díaz, de Huelva, y Juan Gil, del “Merced F. C.”. Pesos ligeros: Rafael Sánchez “Faito”, duro pegador de Huelva F. C. contra Nicasio Martín, valiente boxeador sevillano. Pesos ligeros. Gran revancha José León Capelo, ídolo onubense, Huelva C. F. contra Rafael Vallor, gran esgrimista sevillano. Pesos libres. Sensacional y emocionante revancha. Antonio Martín, invencible boxeador sevillano y esperanza de Andalucía, contra Segundo Bernal, campeón de Galicia y formidable encajador. Esta velada está controlada por la Federación Española de Boxeo. Sillas de ring, 3,50. Sillas de preferencia, 2.50. General de pie, 2. Cada caballero puede llevar una señorita. Los socios del Huelva C. F. sólo pagarán media entrada.”.
Finalicemos este trabajo de investigación describiendo la fachada del Cinema “Rocío”: Era ésta uniforme. Esta monotonía quedaba rota por la puerta de acceso a la terraza donde se situaban las sillas y las dos taquillas, donde se expendían las entradas.
Coronaba la citada puerta, un enrejado cartel en el que destacaba el reclamo CINEMA ROCIO, flanqueado por tres barras de fino herraje, la primera y la tercera de ellas terminadas en punta de fecha y la segunda o del centro en artística farola. En definitiva, una composición que se juzgaba muy artística para un cine de verano que sólo perduraría dos o tres meses a lo sumo.

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