miércoles, 12 de agosto de 2009

Juan Gil Zamora





Juan Gil Zamora, fundador de la Hermandad de Emigrantes
-------------------------------------------------------------------------
No es una cosa frecuente en los historiadores dedicar a un amigo, merézcalo o no sus méritos, dedicarle una página que en numerosas ocasiones ha aplicado a los de fuera. Y cuanto más el amigo lo merece, más suele dejársele en desarrollo y crecimiento espontáneo, sin duda por la creencia en que todos coincidimos que le basta a cada uno con lo que tiene.
Hoy esa mala costumbre se rompe, por mi parte, para elevar en el punto de admiración que merece, a un hombre que ha sabido, por su obra admirable, conquistarse una figura preeminente en el mundo rociero huelvano. Quiero hablar de Juan Gil Zamora, hombre a quien el Destino dio, en su hora, todos los elementos morales y materiales para que se hiciese gozosa realidad la fundación de la gloriosa Hermandad rociera de Emigrantes.



Y en verdad que lo tengo difícil, ya que hace años escribí la primera etapa histórica de la citada Hermandad en un libro titulado “Raíces de la Hermandad de Emigrantes” y en ella, con toda justicia, vertía sus datos biográficos con cierta prolijidad. Por ello, sólo nos vamos a referir en esta oportunidad a algunos datos esenciales de su vida impregnada toda ella de un incontrolable amor al prójimo.
Juan Gil Zamora nació en nuestra ciudad el día 7 de marzo de 1933. Su paso por el colegio es un dédalo de centros, como el que regentaba don Juan Domínguez; el C. P. “Manuel Siurot” y el llamado popularmente Colegio de los Ferroviarios, para terminar, después de trabajar tres meses en un taller, en el Colegio Estudios Politécnicos “Madre de Dios”, en donde fue tan eficaz colaborador del Padre Laraña en su labor de apostolado social por los “Chorritos”, “Muro de Santa Lucía”, la “Fuente Vieja” que le pusieron el remoquete de “Juanito Laraña”. En aquella brega constante en pro de los muy humildes, eran tan numerosos los niños de los suburbios que ayudaban que, en ocasiones, tenía que bautizar de una vez, en calidad de padrino, a cinco y seis niños.
Cuando terminó sus estudios en este Centro ya era un excelente mecánico.
El 7 de septiembre de 1961, se arrancó Juan Gil de la tierra nativa y subió al tren. Su destino era las minas de carbón de Repelen (Alemania). Allí, engalanado por las flores del ingenio y simpatía andaluces, tejió una intensa vida social entre todos los españoles allí y en poblaciones cercanas residentes. Con el tiempo, se trasladó a Bocholt, ciudad en donde con persistente esfuerzo y tenacidad digna de encomio encauza sus energías e impulsos en la concreción de un ideal para honor de la Virgen del Rocío: la fundación de la Hermandad de Emigrantes, cuyos pormenores están detallados en el libro supraindicado. Hemos de añadir, que en una abdicación exenta de protagonismo, desde 1970 a 1987 fue Secretario de la Hermandad de sus amores, etapa feliz para ésta, ya que en ella se realizaron muchas obras sociales y se levantaron las viviendas que se citarán más tarde.
Con la finalidad de que se conozca hasta dónde llega la energía y el amor a Huelva de Juan Gil Zamora, vamos a traer a colación algunos de sus múltiples logros que así los revelan:
Al margen de la fundación de la Hermandad, en Alemania Juan Gil fue eslabón idóneo entre las autoridades germanas y los trabajadores españoles. Conozcamos sus cuitas: Cuando llegó él a Bocholt, se encontró que la mayoría de las fábricas tenían las máquinas paradas por falta de personal. Juan contactó con una venezolana que desempeñaba el cargo de gerente de una empresa y ésta vio que a través de Juan podría encontrar esa mano de obra. Reunió a todos los dueños de las diversas fábricas en un gran salón y éstos le dijeron: “Si nos ayudas, colaboraremos con los españoles y todos saldremos ganando”. Juan les pidió una gran casa para hacer un centro social, ya que así tendrían los españoles una gran unión y podrían hacer las cosas con mayor eficacia.
La labor entre la venezolana y el onubense fue común, fraternal, por prodigio maravilloso de dos ingenios que nacieron con el mismo espíritu de servicio para sus semejantes. Juan vino a Huelva a por personal y se extendió la publicidad de que en Bocholt había trabajo. Hasta tal punto llegó la cooperación entre ambas partes que el jefe de policía se comprometió con los dueños de las fábricas en que todo personal que Juan mandara a la policía, ésta le ponía un sello al pasaporte y podía trabajar sin más impedimentos. Este logro fue importante, ya que antes no se podía trabajar en Alemania sin un contrato de trabajo firmado en España. En definitiva, que gracias a la altruista labor de Juan Gil centenares de españoles consiguieron trabajo en las tierras teutonas y las primeras noches éstos la pasaban en el hotelito o “Casa de España” cedido por los alemanes. Después, el propio Juan les buscaba la vivienda para que se pudieran trasladar las familias de los trabajadores a Alemania.
En los inicios de los años setenta, las cosas pintaban muy mal para una Cooperativa “Parque de la Luz” de inversores que trataban de tener su propia vivienda:
Sus máximos representantes realizaron un desfalco de catorce millones de aquellas pesetas y las obras quedaron paralizadas. Se trató de aquel grave asunto con el Gobernador y éste le dijo a Juan Gil que buscar la forma de que él fuese elegido presidente para que, en franca cooperación con él, consiguiesen que la Cooperativa lograra sus propósitos. Pudo salir el proyecto adelante y se consiguió que se terminaran las 264 viviendas, más los locales comerciales. Además, en un espacio destinado para que se levantase un colegio (que el Ayuntamiento no llegó a realizarlo) se construyó un enorme garaje con capacidad para doscientos coches. En este sentido, nuestro biografiado fue Administrador de las 96 viviendas llamadas “Casas del Obispo”, hasta que se firmaron las escrituras de las mismas. También, en la calle Dulce Nombre de María, mandó que se construyeran cerca de un centenar de viviendas para emigrantes retornados, otras 56 en la Plaza de los Dolores…
En los años setenta, el Colegio “José Antonio” (más tarde, “Juvenal de Vega y Relea”) no tenía A. P. A. Y como fuesen alumnos del citado centro los hijos de Juan Gil, éste trató con el director, Aurelio de Vega Zamora, que se encauzasen los pasos para que llegara a tenerlo. Con mucha fe, ambos hombres lograron constituir el A. P. A. que dio un resultado maravilloso, ya que se consiguió una simbiosis entre los profesores y los padres de los alumnos y se realizaron cosas muy simpáticas (celebración de la fiesta de los Reyes Magos, veladas teatrales infantiles, etc.) en beneficio de todos.
Otro logro de Juan Gil fue la consecución de la Guardería Infantil del “Chorrito Alto”. Así, con su verbo cálido pudo conseguir que las mismas personas que vivían en el citado lugar se concienciasen que era de gran necesidad para la educación de sus niños tener una Guardería. Y el “Chorrito” se convirtió en un movedizo enjambre de vecinos: unos bajaban los materiales, Juan Gil los buscaba y los situaba arriba del cabezo y las mujeres y los niños los acarreaban (así como el agua que se traía del Parque “Moret”) para dejarlos a pie de construcción. Y aquellos vecinos que trabajaban de albañiles comenzaron a levantar la llamada “Choza Mayor” del “Chorrito”. Podemos añadir que Juan hizo las gestiones para que el ingeniero de la Junta de Obras del Puerto, su amigo, consiguiese que ésta le cediese las vigas para la choza.
Entre la maraña de bloques de altas viviendas que conformaban la que en tiempos pasados se llamó Barriada del Caudillo, se abre, asentada en la que fuera la fértil y extensa Huerta de Mena (1), súbitamente, un claro en el que yergue a los cielos la escuálida figura de una Cruz que llama poderosamente la atención y hace que detengamos nuestros pasos presurosos. A pesar de su humildad, la calle Alonso de Palos no nos engaña. Ella es uno de los espejos de la barriada de la Isla Chica. La llena una Cruz que, como por arte de magia, en los meses de mayo, inunda de alegría todo el contorno en las fiestas de las Cruces en las que participan sus abigarrados vecinos cantando interminables sevillanas. Fiestas, en fin, de arte, de emoción y de buen gusto.
Sabemos que Juan Gil Zamora la plantó allí, hincándola como lanza altanera a unos metros de la bien nombrada Avenida Alcalde Federico Molina Orta. Qué acierto, qué bella idea tuvo en elevar esta Cruz en sitio tan especial. Allí, azulejos, hierros forjados y flores funden en el espíritu embriagado por tanta belleza una divina sinfonía de luz. Los artífices de la sevillana Fábrica de cerámica “Santa Ana”, hicieron surgir del barro los reflejos bellos de los azulejos que representan los escudos de Huelva, el Monasterio de la Rábida, el Santuario de la Cinta, la Fontanilla y las imágenes de Nuestra Señora del Rocío y de la Patrona de Huelva. Sin duda, estos artífices estaban dotados de sensibilidad y espiritualidad especial.
Además, Juan Gil Zamora quiso rendir pleitesía a nuestra ciudad fijando blasonados escudos de pretéritos tiempos de la muy noble y leal Villa de Huelva. Así pues, todos los detalles artísticos del Monumento proclaman el amor del benefactor a la Bella Sirena del Atlántico. La primavera, con sus flores, viene siempre en mayo a colaborar con estos azulejos y herrajes. Hierros, flores, azulejos, luz, gracia... todo pierde su forma en el ambiente. Todo parece vibrar, proyectar sobre el alma del transeúnte rayos de amor. La Cruz de la Alegría, regalo de Juan Gil Zamora a la ciudad de Huelva, fue inaugurada el 30 de abril de 1991.
También, a sus expensas, se levantó el monumento en honor de San Francisco de Asís que se eleva en la Barriada Pérez Cubillas, y Juan Gil ha presidido, a lo largo de décadas, la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, ha levantado una Residencia para animales, ha construido un Cementerio para perros, ha instituido la bendición anual de los animales en la iglesia de San Francisco de Asís... En definitiva, en la Sociedad que él fundara ha realizado una labor dilatada y encomiable.


Leer más

jueves, 6 de agosto de 2009

Las Niñas de la Manola







Historia de “Las Niñas de la Manola”.
-----------------------------------------------
Cada año, cuando mayo culminaba en todo su esplendor y se convertía en égloga, cuando las noches eran tibias y suaves y estaban impregnadas de aroma de romero y jara y, sobre todo, de devoción y amor al Lirio de la Marisma, sobre el albero tapiz del camino que conducía al Rocío, destacaban las siluetas de hermosos alazanes enjaezados y dominados por avezados jinetes y de las simpáticas carretas saltarinas. En una de ellas, cinco mujeres de Huelva, Cinta, Isabel, Marí Carmen, Manoli y Ana, componentes de un grupo que se llamaba “Peña Rociera “La Manola”, auténtico bouquet de flores, animosas, rocieras, cantaban y bailaban sevillanas porque así también se rinde pleitesía a la Virgen del Rocío. Un día se acercó a la fémina reunión Juanini, del grupo de “Los Marismeños” y tras escucharlas les dijo: “Tenéis que grabar, vuestras voces suenan muy bien”. Ellas no echaron cuenta de las palabras del “marismeño” y los meses fueron pasando.




Un buen día de la Semana Santa de 1984, cuando las amigas estaban blanqueando su casa del Rocío, llegó impetuoso Juanini y dijo: “Niñas, ya está todo preparado para que en octubre vayáis a Madrid y grabéis”. Y así comenzó todo.
En este punto, tenemos que hacer hincapié que el grupo que historiamos nació al amparo del primer Coro que tuvo la Hermandad del Rocío de Huelva, cuya dirección la desempeñaba ese gran profesional llamado Onofre López. Las voces de este Coro eran 14 ó 15 y “Las Niñas de la Manola” se separaron del mismo para formar un conjunto propio. No obstante, siguieron cantándole a la Virgen en todos los actos que fuesen necesarios.
Llegó la fecha prevista y la grabación del disco de sevillanas, en la Casa “Hispavox”, las obligó a presentar el disco y a realizar diversas actuaciones de las que salieron triunfantes, ya que sus voces eran buenas y estaban muy conjuntadas. Más tarde, grabarían en las Casas “BBCA”, “Récord”… hasta un total de 5 discos, todos de sevillanas, el último editado en 1991, con arreglos de Parejo Obregón
Era curioso, pero ninguna tenía antecedentes musicales; a lo más, una de ellas, era sobrina de Tuly Fernández que fuera en una tournée con la inolvidable “Niña de Huelva”. En esta primera etapa del grupo, su repertorio estaba compuesto en su totalidad por sevillanas y llevaban dos guitarras, un tambor, la pandereta y palillos. A pesar de que las letras de sus sevillanas tenían sentido, gracia y alma, que emocionaban por estar dedicadas a la Virgen del Rocío, cuando llevó la representación del conjunto Manolo Rubio, tuvieron que añadir pasodobles (entre ellos uno confeccionado por Pepe Roca, titulado “Cinco voces cantaoras”, que era realmente precioso), y fueron acompañadas por una orquesta. Con el transcurrir del tiempo, añadieron a su repertorio rumbas y fandanguitos en sus actuaciones.
El nombre del grupo surgió popularmente. El público comenzó a llamarlo
“Las Niñas de la Manola”, porque iban al Rocío en una manola (coche de caballos).
Un día le preguntaron a Juanini: “¿Qué nombre artístico nos vamos a poner?”.
El marismeño exclamó con su habitual simpatía: “Pues “Las Niñas de la Manola”
que es como os conocen”.
En este punto conviene que dejemos paso a la anécdota. Así, en Madrid les
preguntaban que cuál de ellas era la madre de las niñas. Las suponían hermanas y
que su madre se llamaba Manola.
Las letras de sus canciones las componían para ellas auténticos poetas, que
aportaban óptimos temas, nuevos metros, nuevos aires musicales… Ellas, elegían las
que les gustaban eliminando las otras. Entre los trovadores citemos a Paco Millán,
Eduardo Fernández Jurado, Juan Díaz (integrante del grupo “Los Romeros de la
Puebla”), Feliciano Pérez…
La calidad de las sevillanas que interpretaban “Las Niñas de la Manola” era tan proverbial que títulos como “Cinta y Rocío”, “Rociero del mañana”, “Esa gente de los carros”, “Alegría en la senda” y “Huelva por los caminos”, siguen jaleándose todavía en el peregrinar anual hacia la aldea inmortal o en reuniones de amigos.
El éxito meteórico del grupo desbordó todas las previsiones de las mismas
integrantes del posiblemente único grupo en su género formado en su totalidad por mujeres.
Se puede decir que durante su trayectoria actuaron incontables veces recorriendo miles y miles de kilómetros, dentro y fuera de Andalucía, ellas, en los coches, y los músicos en la furgoneta con el equipo musical y el equipaje de ellas. Así, pisaron los escenarios de Málaga (, Sevilla, Madrid y sus pueblos, Ciudad Real, Cádiz y algunos pueblos de esta provincia (en La Línea de la Concepción fueron madrinas de “Sevillanísimas-86”), Zaragoza, Galicia, Sur de Portugal… En ocasiones, pasaban los apuros que conllevan tanto viaje: se averiaba algún coche o la furgoneta y se quedaban “tirados” en la carretera.
En Madrid actuaron muchas veces en la Sala de Fiesta “Al Andalus”. Tenían un público tan fiel que iban a verlas actuar todos los días. En esta capital, fueron partícipes de muchas fiestas flamencas privadas.
En su patria chica fueron numerosas sus actuaciones: en las Casetas de las Fiestas Colombinas (caseta de “Los Marismeños”, en una oportunidad tomaron su actuación las cámaras de Canal Sur para ofrecérsela a Andalucía) y Velada de la Cinta; en los “Gazpachos” y “Calderetas” rocieros; en salas de fiestas como “Piranchelo” (donde presentaron su L. P. “Sevillanas, 86”), en el Gran Teatro. En el barrio de las gallinas, entrada inmediata al Rocío, se tomó por costumbre que “Las Niñas de la Manola” le cantaran al Simpecado y los sucesivos Hermanos Mayores les volvían el Simpecado para que le cantaran… También actuaron en los estudios de Canal Sur Televisión, cuando se situaban en el Paseo Colón. Es relevante añadir que algunas de sus actuaciones fueron gratuitas, al considerar el conjunto que el colectivo organizador del acto o la finalidad del mismo merecían la pena. Como curiosidad, añadamos que el 12 de abril de 1985 se debía celebrar un festival flamenco en el Polideportivo “Andrés Estrada”, bajo el patrocinio del Gobierno Civil y el Ayuntamiento de Huelva, en un espectáculo netamente huelvano denominado “El arte en primavera”, donde estaban anunciadas las actuaciones de “Los Marismeños”, “Blanca Villa”, “Las Niñas de la Manola”, Teresa Real, “Requiebros” y Paco Toronjo. A ultimísima hora fue suspendido, celebrándose semanas más tarde. Su finalidad era encomiable: recaudar fondos para que se hiciese gozosa realidad la construcción de la nueva sede que en la actualidad se levanta en la Avenida de Andalucía.
Pese a esta intensa actividad artística, “Las Niñas de la Manola” mantuvieron sus empleos, buscando los huecos para ensayar, grabar y desplazarse a las diversas localidades en donde se exigían su presencia para actuar. Y es que para bien o para mal, las componentes de este grupo nunca se dedicaron profesionalmente a la música. Y este fue el motivo primordial por el que el grupo cesó en su actividad: Era muy difícil trabajar y actuar al mismo tiempo. Así, salían del trabajo a las siete de la tarde y se desplazaban a actuar a Málaga, actuaban y, sin el menor descanso, marchaban a nuestra ciudad para reintegrarse a sus puestos de trabajo a las ocho de la mañana. También ocurría que a mediados de la década de los noventa se produjo una decadencia en las sevillanas. Así, “Los Marismeños”, “Los Romeros de la Puebla” y otros grupos profesionales debían aceptar, para seguir adelante, los contratos que les surgieran. A ellas les surgían contratos desde todos los puntos de España y le decían a Manolo Rubio que no podían ir a cumplimentarlos, ya que no podían solicitar más permisos en sus empresas. Y, casi imperceptiblemente, fueron dejando el mundo de la farándula sin que representara para ellas un drama. Por cierto, la última actuación que celebró el grupo fue cuando salió designada Hermana Mayor de la Hermandad del Rocío de Huelva, en 1996, una de ellas, María del Carmen. Después, le surgieron varias actuaciones pero no quisieron actuar en ningún sitio.
Alegría, belleza, canciones de devoción y de alabanza a la Virgen del Rocío, letras que pellizcan el alma, fina manzanilla, farolillos, arena, romería, guitarra y baile, en definitiva, amables lectores, “Las Niñas de la Manola” y ¡Olé!

Leer más

viernes, 19 de junio de 2009

Historia del Monumento a los Cantes





Historia del Monumento a los Cantes
----------------------------------------------
Increíble parecía que el propósito de erigir un grandioso monumento a los Cantes fuera el asunto que preferentemente preocupara a Huelva. y así era: desde hacía semanas puede decirse que muchos de los aficionados huelvanos al flamenco no pensaban en otra cosa.
La idea surgió en un programa, dedicado al arte que cultivaba Manolo Caracol, que emitía Radio Andalucía y estaba dirigido por Pepe Sollo. En el espacio intervenían Antonio Toscano, Miguel Lérida y el paternino, Cristóbal Domínguez García, a la sazón diputado. En un momento de efervescencia flamenca, surgió la idea de hacer algo por el cante jondo. Cristóbal pensó en nominar varias calles con diversos cantes y le dijeron que existían calles con tales nombres. De inmediato se le ocurrió al mismo Cristóbal de hacerle un homenaje a los Cantes de Huelva, en abril de 1984 presentó una moción que fue aprobada por absoluta mayoría con el detalle curioso de que se aprobó por unanimidad en su ausencia, ya que él estaba en la Campaña de las elecciones catalanas con Antonio Hernández Mancha. Aunque sólo fuese en el pensamiento de los que lo apoyaban, el monumento comenzaba a convertirse en una tangible realidad.

En mayo de 1984, se decía en el diario “Huelva Información”:

<<…Sólo Paterna de Ribera tiene erigido un monumento al que considera su propio cante: la petenera y, aún así, y a pesar de la amplia documentación existente, hay quienes ponen en tela de juicio tal aseveración. Sin embargo, mientras que no se demuestre lo contrario, ahí está la Petenera y su monumento en Paterna de la Ribera, gracias a la valiente iniciativa de los flamencos del bonito pueblo gaditano.
Le corresponde ahora a Huelva levantar un monumento a sus cantes, a su fandango. Pues, naturalmente sí. Primero porque el fandango propiamente dicho, es la materia prima o primera materia para las labores de la industria o fabricación de los cantes de Levante, Málaga y Granada. Segundo, porque no existe en la geografía flamenca lugar más fértil para el fandango, que el mar, el llano y la sierra de esta Huelva. Por tanto si el aire es materia del viento, Huelva y sus fandangos son materia de una muy importante rama en el tronco del árbol genealógico de los cantes, y eso está ahí, y no lo puede negar nadie. Esa realidad la vamos a perpetuar en piedra y en bronce todos; absolutamente todos los flamencos de la provincia, uniéndonos en entusiasmo y unánime acuerdo de nuestros jóvenes políticos receptores de la idea. Gran categoría la de ellos, que han sabido captar la parte positiva y hermosa de la singular parcela cultural que para Huelva representa sus cantes…>>.

Y llevaba más razón que un santo el columnista del citado diario, ya que Huelva llevaba varios siglos sosteniendo la tradición de sus cantes y se hundiría antes que desmentirse. Nuestra ciudad era la misma que vemos ahora, en algunos aspectos, que aquélla de la los tiempos decimonónicos: eran los mismos ríos los que corren ahora delante de nuestros ojos y aunque el derribo y el alza de edificios han dado paso a la modernidad, seguía siendo la ciudad edificada entre cabezos y flamenca por naturaleza.
La reunión constitutiva de la Comisión gestora que habría de convocar públicamente las bases del concurso sobre bocetos, proyectos y presupuestos de posibles lugares de emplazamiento del monumento, quedó fijada el martes 15 del citado mes y año, en la Diputación Provincial. Aunque ya, en el citado programa de Radio “Andalucía” la tertulia flamenca había llegado al acuerdo de que “el lugar idóneo -continuaba informando el columnista- para la ubicación del mismo puede ser la antesala de la antigua Plaza del Punto, sobre ese triángulo de césped que separa la Gran Vía de la avenida de Italia. Es, sin duda, el lugar de Huelva más visible para propios y extraños y uno de los más flamencos, ya que ahí justo estuvo instalado el quiosco de Paco Isidro, de tan grato recuerdo para los viejos aficionados”.
Y en aquel magno tejemaneje del homenaje intervinieron no solamente las gentes del flamenco, sino los profesionales de los medios de comunicación (el director y comentarista flamenco de Radio “Andalucía”, Roberto Bacigalupe y Pepe Sollo, respectivamente), los representantes de las peñas flamencas de Huelva y provincia, la concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Huelva (Oliva Tornero) patroneados por Petronila Guerrero, la vicepresidenta de la Corporación Provincial.
Esta reunión no fue multitudinaria, ya que un error en la convocatoria que no pudo ser subsanado a última hora impidió que asistieran los representantes de todas las Peñas flamencas onubenses.
No obstante, quedó bien patente el deseo de que el monumento se debiera construir, ya que los cantes de la tierra tenían bien merecido ese homenaje, aunque algunos discreparan de cómo se iba a financiar, señalando a modo de resumen Petronila Guerrero que había que poner en marcha la imaginación y sacar el dinero hasta de las piedras.
Y cumplió con su palabra doña Petronila: un año de sacrificios, de lucha, de esfuerzo. Un avance de cada día sobre en la anterior en la elevación del monumento. Ni un instante de desmayo en su aspiración de contar con un importante símbolo de Huelva. Primero la augusta prez del trabajo diario, después la satisfacción de aumentar la estatuaria de su ciudad. Siempre el hidalgo esfuerzo de la política inspirando actos y palabras. Mientras, en Aracena, el escultor afinaba su gubia y su espíritu para seguir acrecentando su prestigio con aquel reto artístico.
La jornada del día 21 de septiembre de 1985 fue gloriosa para el flamenco huelvano: Se clausuraba el Congreso de actividades flamencas que con tanta brillantez se había celebrado en Huelva; en la avenida de Andalucía fue colocada la primera piedra de la nueva sede de la Peña Flamenca de Huelva, tras ser bendecida por el sacerdote Antonio Bueno y se inauguraba el Monumento a los Cantes de Huelva.
Apoyémonos en el reportero del diario “Huelva Información” y conozcamos cómo se desarrolló la ceremonia inaugural:

<<…Al mediodía había sido inaugurado en la Plaza del Punto, de Huelva, el monumento a los cantes de Huelva que ha sido financiado por la Diputación y el Ayuntamiento. En el acto hablaron el presidente del organismo provincial, Manuel Pérez Romero y el autor de la obra, el aracenés José Noja, asistiendo el Consejero de Política Territorial, Jaime Montaner, y diversas personalidades civiles y militares de la provincia…>>.

Frente a la prócer Casa Colón, en una plaza no amplia pero sí limpia, a la vera de unos árboles que lo ensombrecen, contenidos en un pequeño jardín, se alza el Monumento a los Cantes de Huelva.
El pedestal donde descansa la figura del aracenés es un ancho bloque de granito, severo y austero, digno de que sobre él se asiente la mole que nos ocupa.
Observamos que Pepe Noja soporta, pese a su concepto artístico vanguardista, el peso específico que siempre ha pesado sobre la escultura española el sentido monumental, italianizante, que sirvió de modelo en toda Europa durante el siglo XIX. Así, se advierte en el cantaor la actitud heroica, declamatoria, de un exagerado énfasis. Se diría que está sentado sobre un trono que indica, a las claras, la supremacía del fandango sobre cualquier otro estilo de cante. El resto del monumento se sitúa en la senda de lo puramente simbólico. De esta forma, se adivina la silla donde sientan sus reales el cantaor, el guitarrista y el dulce instrumento de éste último

Leer más

miércoles, 22 de abril de 2009

la Huelva Visigoda.



La Huelva visigoda
------------------------
De la mano de Plinio, los godos entran en la historia sobre los años setenta de nuestra Era, y un poco más tarde Tácito los vuelve a nombrar al referirse a los “gotones”, pueblo ignoto, que se detuvo, según los historiadores Jordanes y Casiodoro, junto a los muros de la Dacia del emperador romano Gordiano. Pasan los siglos, y desde fines del siglo III hasta las excursiones de los vándalos de Genserico en el siglo V el centro de gravedad económico y urbano se polariza en torno a los núcleos de Ilipla (Niebla), erigida en sede episcopal, de cuyos obispos sobresale, por dilatado gobierno, Vincomalos (1) “nombrado obispo en 466, a los 42 años de edad y fallecido en el 509, a los 85 años, después de un largo obispado de 43 años…”, y Tucci (Tejada la Vieja, que estaban en el eje de comunicación con la Lusitania (eje Mérida-Itálica). Esta opinión es generalizada. Así, el arquitecto Alejandro Herreros, nos dice:


<>.

De este mismo parecer es Amador de los Ríos, quien en la página 81 de su obra “Huelva”, fechada en 1891, vierte lo siguiente:

<<…cobrando entonces inusitado prestigio en cambio la fortificada Illipula, de que hicieron Ilipla los españoles, erigiéndola en sede episcopal, y una de las once que figuraron en la Bética hasta la invasión muslímica, y aún hubo de perpetuarse en los tiempos posteriores hasta el siglo XII.
No existen en nuestros días testimonios que acrediten la presencia de los imperiales en la ciudad de Huelva, ni es dable ya por las reliquias conservadas en la moderna Niebla, venir en perfecto conocimiento de lo que hubo de ser la Elepla visigoda…>>.

Y la Onuba Aestuaria de los romanos, a pesar de su excelente puerto natural, queda un tanto desplazada, y no tiene la importancia de Gades, Hispalis, Córdoba y Mérida y la próxima Itálica.
Onuba fue destruida en las guerras surgidas entre los autóctonos y el citado pueblo bárbaro que invadió Andalucía. De este mismo parecer es Juan Agustín de Mora Negro y Garrocho, de quien son los siguientes párrafos:

<<…de las naciones bárbaras que sucedieron a los romanos, silingos, vándalos, suevos, alanos y godos, aún tenemos menos noticias de si conservaron a Onoba o la destruyeron. A esto segundo me inclino más por no encontrarse en Huelva rastro ninguno de estas gentes ni memoria de su Historia…>>.

También es posible que nuestra ciudad continuara habitada por una pequeña población que no dejara rastro por su escasa importancia y los humildes edificios que en ella se levantaba y porque, en ocasiones, en los trabajos arqueológicos se encuentran materiales de construcción y creemos (2) que son romanos cuando, en realidad, podrían ser o son visigodos, ya que la técnica que seguían éstos en la fabricación de ladrillos, en los métodos de construcción de edificios y en el trabajo de los calados, cabujones, crismones de hierro o bronce y otras piezas eran propiamente romana.
Después, la provincia sufrió las correrías del suevo Rakhila (441-448) que atacó a los romanos y visigodos (godos del Oeste o godos sabios) de Lusitania (Portugal), llegando, al parecer, a la extensa zona Bética (Valle del Guadiana), causándoles graves derrotas.
A pesar de que algunos historiadores estiman de que Huelva, o parte de la provincia, perteneció en esta época al imperio griego bizantino gobernado por Justiniano, ya que -aseguran-los bizantinos tuvieron durante un espacio aproximado de setenta años un área conquistada que ocupaba todo el Sur de Portugal (Algarve), hasta la fecha no existen testimonios que acrediten la presencia de los imperiales en la ciudad y provincia de Huelva. Del primer parecer es el historiador Antonio González Gómez, quien en la obra “Huelva y su provincia” (Tomo III) nos dice:

<<…Las tropas bizantinas entraron en el Algarve y en Andalucía –asentándose en la franja que va desde Medina Sidonia a Denia –como aliadas del partido del nuevo monarca Atanagildo (551-567). Los bizantinos derrotaron a Agila y durante setenta y tres años controlaron el citado territorio andaluz y algarbio, gracias a la alianza entre el Imperio Romano y la aristocracia bética, y al apoyo que encontraron entre los mercaderes de las ciudades, que de esta manera se insertaban en el circuito del comercio oriental. De esta forma, la actual provincia de Huelva se convertía, durante cierto tiempo, en un espacio fronterizo entre bizantinos y visigodos…>>.

Décadas de oscurantismo político para la urbe onubense, que paulatinamente va incrementando su población que alcanzaría, a lo máximo, varios cientos de personas cuando alboreaba el siglo VIII., fecha en que los mahometanos asentarían sus reales en esta ciudad.
En el año 711, los árabes audaces, consecuentes con sus creencias y fieles a la promesa de ayuda que le hicieran al Conde don Julián frente al rey visigodo don Rodrigo, pasaron el Estrecho al mando de Tarif Ziyad y descubrieron la debilidad del país que dominaban los visigodos. Poco después, en sucesivas oleadas, fueron conquistando todo el territorio que había constituido la Hispania romana.
Estos guerreros árabes de abigarrados turbantes, de blancos jaiques y de curvas cimitarras, en veloces corceles llegaron a Niebla, Ossonoba y Huelva, a la que llamaron Madina Welba, en el año 714. Estas tropas sarracenas conquistadoras iban al mando de Abd-al-Aziz, hijo de Musa, que abre el capítulo de la historia sarracena de España y por extensión de nuestra capital.


(1) Aportación del profesor Juan Aurelio Pérez Macías.
(2) Coincidencia en este punto del autor de esta Historia Menuda con el arqueólogo don Jesús Fernández Jurado.

Leer más

viernes, 7 de noviembre de 2008

Huelva en la Guerra de Filipinas 2



La pérdida de las islas Filipinas y Huelva (y II)
----------------------------------------------------------
En esta primera fase de la guerra, destacaron diversos militares onubenses. Recordémoslos a través de la prensa local:

“La Provincia”, del 22 de febrero de 1898:
< Este oficial ha ganado en Filipinas dos Cruces Rojas y una Medalla.
Deseémosle igual o mejor fortuna e iguales o mejores recompensas en Cuba a donde va, a pesar de no haber cumplido su licencia ni haberse recuperado de su padecimiento>>.



“La Provincia”, del 6 de febrero de 1899:
< Le damos la enhorabuena, así como a su familia, por su feliz regreso>>.

“La Provincia”, del 10 de diciembre de 1898:
<>.

A través de la Carta de Pago y Obligación, otorgada el 7 de noviembre de 1886 ante el notario Emilio Cano (Folio 2818, número 118), sabemos que Patricio de la Corte Báez, nacido en Huelva en 1849, tras ejercer en su patria chica, continuó la profesión, en calidad de médico militar, en Cuba y Filipinas.
Pero ninguno alcanzó tanta celebridad como Manuel Domínguez Garrido, héroe de la guerra de las Filipinas, nacido en 1870 en Manzanilla. Pasó su niñez y mocedad en la ciudad del Tinto y del Odiel, en la que estuvo trabajando en 1883, 1884 y 1885 de panadero en el horno de Francisco García Morano, ubicado en la calle Valencia, para ingresar en el Ejército a renglón seguido. Hace unos años le dedicábamos una Historia Menuda, ya que consiguió que en su pecho prendiera la Cruz Laureada de San Fernando, alcanzó la dignidad de Oficial de nuestro ejército por méritos de guerra y fue conocido en todo el país con el sobrenombre de ”El héroe de Ramblazo”.
De cualquier forma, en la campaña de las islas Filipinas, intervinieron menos huelvanos que en la desarrollada en la isla de Cuba y si la prensa local daba frecuentes noticias de bajas huelvanas en las Antillas, no hemos encontrado ninguna que se produjera en el frente asiático. Sí sabemos que el Teatro “Colón”, que se ubicaba en el Paseo de Santa Fe, fue utilizado como hospital, en 1898 y durante cierto tiempo, para albergar a los repatriados de la guerra de Cuba y Filipinas.
En esta primera fase de la guerra, destaquemos el patriotismo del Sr. Bornes y Romero, iniciador de la creación, durante el verano de 1896, de leales voluntarios de Manila y jefe del citado escuadrón (3).
Sobre la acción de este patriota y de otro como López Navarro se contaba:

<<…Los telegramas de estos días nos dieron cuenta de la marcha del general Blanco subiendo el Pasig, atravesando la laguna de Bay, para arribar a Calamba (en el istmo entre las lagunas de Bay y de Taal, como punto de partida para la actual campaña, confirmando lo que “La Correspondencia de España” había supuesto de ser esa la línea militar determinada por el desarrollo de la rebelión, y que constituiría, dados los accidentes topográficos de aquella parte de Luzón, la principal base de operaciones de nuestro ejército…>>.

El apoyo norteamericano a la liberación de Cuba tras el episodio del “Maine” repercutió en Filipinas. El archipiélago vivía la tregua de Biaknabato, que los Gobiernos de Madrid no supieron aprovechar. Sin embargo, la cohorte independentista en su exilio de Hong Kong, sí supo ponerse en contacto con el almirante Dewey, que había recibido órdenes de neutralizar a la escuadra española en Manila.
La suerte de Filipinas en aquel conflicto hispano-yanqui se decidió en el mar. Cavite, la base naval próxima a Manila fue el escenario, el 30 de abril de 1898, del famoso episodio bélico que pasó a la Historia como “desastre de Cavite”, batalla naval en la que el almirante americano derrotó completamente al español Montojo causándole grandes pérdidas en barcos y vidas. Poco después, 19 de mayo del citado año, desembarcaban las cohortes de Aguinaldo en Cavite. Y llegó la oportunidad de que los españoles, luchando contra los filipinos o los americanos, escribiesen páginas heroicas defendiéndose, en viejos fortines o bastiones, contra contingentes enemigos que lo superaban en número, víveres y armamentos, aún después de que se firmara el Tratado de París. El título de una película famosa: “Los últimos de Filipinas” representa una loa al valor hispano, en defensa de un trozo de su Patria, que no se perdía por las armas, sino por la negligencia de los políticos españoles, tanto en Manila como en Madrid.
En Oficios y Minutas. 1898, número 133, se anunciaba la celebración de un Tedeum por la terminación de la guerra:

< Deseándole a V. S. que viva muchos años. Manuel García Viejo>>.

En uno de los Boletines Oficiales del Estado fechado en mayo de 1949, el Gobierno franquista publicaba una disposición que concedía un donativo a los excombatientes de Cuba y Filipinas. Este anuncio se insertó en el “Odiel” y el día 3 de junio del citado año le hacía una entrevista al único superviviente de aquellas guerras. Se trataba de Fermín Donoso Álvarez, nacido en nuestra ciudad en 1872, vivía en 1949 en la barriada de El Pinar. Perteneció a la Quinta militar del año 1894. Había luchado en Ilo-Ilo, a quinientos kilómetros de Manila y en San Juan del Monte, y, en las dos o tres escaramuzas en las que participaron los españoles, vencieron a los nativos.
Fermín Donoso contaba un curioso lance del que él fue testigo: Cuando terminó la guerra, un día paseaba por el Malecón, el más hermoso paseo de Manila, un grupo de españoles y un cabecilla tagalo. Cruzó ante ellos, montado en un coche un capitán español que iba acompañado de sus hijas mocitas. El filipino empezó a pronunciar obscenidades e insultos contra los españoles en una mezcla de español y lengua nativa, y uno de los soldados españoles, aunque ya había entregado las armas a los norteamericanos, llevaba un cuchillo y le dio una puñalada al cabecilla tan certeramente que lo dejó muerto en el acto. Al día siguiente, los españoles, pendientes a que llegaran los barcos para repatriarse a su país, cantaban la siguiente letrilla:

“El otro día, señores
veréis lo que pasó;
a un cabecilla insurrecto
mataron en el Malecón.
Con “toa” la guasa del mundo
nos quiso tomar el pelo
y le dieron una “puñalá”
que le partió hasta el sombrero”.

(1) Actas Capitulares, del 10 de enero de 1868.
(2) Diario “La Provincia”, del 2 de enero de 1881.
(3) Diario “La Provincia”, del 26 de octubre de 1896.

Leer más

jueves, 6 de noviembre de 2008

Huelva en la Guerra de Filipinas




La pérdida de las islas Filipinas y Huelva (I)
------------------------------------------------------
Suele decirse de Cuba que “fue la última perla de la Corona de España”. Pero no es justo olvidar que en la misma fecha de su pérdida, 1898, también en las islas Filipinas dejó de ondear la bandera española.

Ya desde el inicio de la conquista por parte española de las islas Filipinas en el siglo XVI, los indígenas del archipiélago lucharon por su independencia. En 1878, los filipinos provocan duros levantamientos. En marzo de 1879, el gobierno español envía varios barcos al apostadero de Filipinas. En uno de ellos, iba un joven marino que intervendría en varias operaciones realizadas en aquel país asiático y que, con el transcurrir de las décadas, llegaría a Vicealmirante de la Armada española. Nos referimos a Honorio Cornejo y Carvajal, nacido en Zalamea la Real (Huelva) el 25 de noviembre de 1861. Su carrera militar siguió su curso. En octubre de 1889, se incorpora de nuevo al apostadero de Filipinas, donde, en febrero de 1890, ascendió a Teniente de Navío. Después de servir en diversos buques, le fue conferido el mando del cañonero “Samar”, regresando a la Península en marzo de 1893, por cumplido en campaña y enfermo. Pero no fue hasta cinco años más tarde, fecha en la que los filipinos hispanizados, al igual que otras colonias de Ultramar, consiguieron su objetivo tras la guerra con España y la protección de los Estados Unidos.
Antes de la guerra de finales del siglo XIX, Huelva había tenido diversas relaciones con las islas Filipinas. Así, en el Boletín Oficial del Estado del viernes 27 de diciembre de 1867, se daban las instrucciones referentes a la instalación de Junta de Partidos y Parroquiales para recolectar donativos a favor de las islas Filipinas y Puerto Rico. En efecto, en la sesión municipal del día 10 de enero del año siguiente (1) se creaban las Juntas de Partidos y Parroquiales, estas últimas serían presididas por un teniente de Alcalde, un sacerdote y varios señalados vecinos de la villa. Conozcamos la constitución de la Junta Parroquial de San Pedro: teniente de Alcalde, Luis Pérez, presidente; Diego Gómez Mora, cura de dicha parroquia y José María de la Corte y Enrique Pérez, vecinos de la misma. Por su parte, la Junta Parroquial de la Concepción estaba formada por el teniente de alcalde, José María Redondo –reputado líder carlista, añadimos nosotros-; presidente, Luis Ortega, cura de dicha parroquia, José María Pérez Barreda y Bernardino Mardoqui, vecinos de la misma. La Junta del Partido de Huelva la componían el alcalde de Huelva, José María López Ortiz, el Arcipreste Bene Pereira y Masa y los vecinos Francisco Carrión Rey, funcionario municipal y Francisco de Paula Monís, presbítero contribuyente.
En definitiva, el pueblo huelvano supo responder y cooperó con el resto de la Nación a aliviar los apuros de Filipinas y Puerto Rico.
Para mandar algún artículo o viajar en calidad de pasajero a las islas Filipinas, existían dos vías: la extranjera y la española. Cada inicio de año, la prensa local comunicaba todos los detalles de ambas rutas (2):

< La salida por la vía española es desde Barcelona los días 10 de cada mes y por tanto, de Huelva, tres fechas antes>>.

Otros nexos de nuestra ciudad con Filipinas eran las óptimas relaciones que en los años ochenta y noventa del siglo XIX tenían las Juntas de Obras del Puerto de Manila y Huelva. En este sentido, recordamos a José López Navarro, que vivió durante muchos años con su familia en Huelva, ejerciendo el cargo de Jefe de Obras Públicas de la Provincia. Solicitados sus servicios en Manila, en calidad de Ingeniero director de las Obras del Puerto de Manila, creó y fue jefe de una flotilla de vapores que recorrían el Pasig, canalizado para que tuvieran acceso a la laguna de Bay y transportara desde sus riberas materiales para aquella magnífica obra del puerto de Manila, al que supo engrandecer (3).
También eran frecuentes las visitas al puerto de Manila de una corbeta muy vinculada con nuestra ciudad, la “Aurora”, que participó, años más tarde, en los fastos que conmemoraban el IV Centenario del Descubrimiento de América. Asimismo, el gran autor teatral, Sebastián Alonso Gómez, nacido en la pinturera y choquera calle de las Monjas (más tarde, Burgos y Mazo y, en la actualidad, Tres de Agosto), nacido el 18 de agosto de 1862, nieto del célebre Gobernador Alonso, siendo muy joven marchó a las islas Filipinas donde ejerció, durante varios años, de empleado en unas oficinas.
El tabaco filipino era muy apreciado por su bondad económica y calidad en nuestra ciudad. Así, tras una etapa de escasez de este tabaco, “La Provincia” daba, el 24 de marzo de 1888, la buena noticia de que nuevamente se podía adquirir en los estancos:

< Los hay de todos precios; la elaboración es buena.
A algunos aficionados le hemos oído celebrar los nuevos paquetes de cigarrillos.
En breves y cigarrillos puros, el surtido es muy varío -por sesenta céntimos hay quien se fuma una “tranca” y echa más humo que una locomotora.
Los purillos de ocho céntimos es lo que nos parece muy exiguos>>.

El día 21 de agosto de 1896 estalló la insurrección y, nueve días más tarde, ocho provincias filipinas estaban sometidas a la ley marcial.
Esta guerra tuvo dos fases: en la primera se imponen las armas españolas. Así, el 17 de febrero de 1897, la batalla de Zapote fue un éxito para las fuerzas hispanas y un serio revés para las filipinas. Los meses siguientes vieron otros éxitos del ejército español. Las noticias llegaban a Huelva y se celebraban. Así, en “La Provincia” del sábado 18 de noviembre de 1897, se decía:

< La Banda de Música tocó durante un rato en la puerta del Ayuntamiento y en la del Gobierno Civil.
Durante toda la noche fue grande la animación y el bullicio en las calles>>.

Hasta tal punto se imponía el Ejército español que, en diciembre de 1897, y a cambio de unas anunciadas reformas y negociaciones serias sobre autonomía, se entregaron 800.000 pesos a los dirigentes nacionalistas (la mitad para el cabecilla Aguinaldo) y se le facilitó también un pasaporte para Hong Kong. Acompañaría a Aguinaldo y a 35 líderes el sobrino del general Primo de Rivera, el entonces teniente coronel Miguel Primo de Rivera, que se auparía en la cima de la Historia de España en 1923. Con esta jugada, nuestro país tenía opción de llegar a una solución política… pero perdió una oportunidad de oro. No obstante, todo parecía indicar que la paz estaba lograda. Así, en la revista huelvana “La Cruz Blanca”, número 23, fechada el 9 de febrero de 1898, se leía:

< Al acto asistieron representaciones de la Diputación, Ayuntamiento, Audiencia, Instituto, Escuela Normal, etc. Ofició el arcipreste García Viejo>>.

Leer más

jueves, 16 de octubre de 2008

Martín Pérez, en el umbral de "El Rinconcito"




Martín Pérez, en el umbral de “El Rinconcito”
---------------------------------------------------------
Martín Pérez Campillo, conocido en el mundo flamenco con el remoquete de “Martín el del Rinconcito”, vio la luz primera en la huelvana Plaza de la Merced el 24 de octubre de 1947. No obstante, sus primeros años los pasó en el cien veces altamente venerado trozo de Huelva que contiene el barrio de Las Colonias.


Sus primeros recuerdos lo llevan a la Plaza de Toros de la Merced convertida en cine de verano, a la Plaza de la Merced, en donde la impresión de Huelva era la de una pequeña ciudad romántica, llena de duendes y de trovas y leyendas marinas, en la que, en su templete, tocaba la Banda Municipal de Música, una plaza seductora: con mucho sol, flores en las macetas y caritas morenas tras las rejas; al Conquero, esa maravillosa zona de Huelva donde sus cabezos parecen de Suiza y su arbolada florida hace soñar con vergeles de Valencia, el Molino de la Vega, al que, en ocasiones, llegaba el agua a su zona media y en el que luego estuvo trabajando cerca de treinta años y en el que conoció al hoy prestigioso Bar “Patrón”, como simple taberna; la Cinta, con su sencillez conmovedora, la iglesia de la Merced con su suntuosidad grandiosa, el huerto de “El Pelao”, donde se iban los chavales de la época los domingos…
Estudió en la Escuela Francesa, pero pronto se dio cuenta de que lo suyo era el cante y estuvo en el colegio lo estrictamente necesario. Pronto, en 1968 ó 1969, se adhirió a un grupo que nació en nuestra ciudad y que respondía al nombre de “Los Flamencos de Huelva”. Con este conjunto grabó un disco, en 1973, que gozó de un buen éxito. Dos años más tarde, surgió la figura de Manolo Rubio y con él, en calidad de manager, el grupo aspiró a cotas artísticas más elevadas. Así, grabó el segundo disco
En sus primeros latidos, el grupo “Los Flamencos” estaba compuesto por José Antonio, Juan Miguel Santos, “Pepito Bulerías”, Joaquín (más tarde en “Los Rocieros”, y Martín Pérez. Después, entró Manolo Millán (que había dejado “Los Marismeños”).
Durante la grabación de su segundo disco, tras formalizarse el grupo, la Casa discográfica entendió que no era comercial el nombre artístico de “Los Flamencos” y cambiaron el nombre pasando a llamarse “Los Gachós”. En esta nueva etapa, formaban el conjunto flamenco Manolo Pozo Cascales, Martín Pérez Campillo, “Pepito Bulerías” y Fernando Gallego. Poco después, “Pepito Bulerías” se enroló con el mítico grupo “Jarcha”, y en su lugar entró José Antonio Ramírez “El Tato”, que había dejado el grupo “Los Duendes”. Después, salió de esta cohorte flamenca Fernando Gallego y, en su lugar, entró Alfonso Illescas que coincidió con el gran éxito de “Los Gachós”. Con este nombre, grabaron siete discos, entre ellos el celebérrimo fandango de la cacería, cuya gallardísima letra decía y dice:

“Qué bonito es el fandango
Al amanecer el día
en el silencio del campo
cuando voy de cacería…”

También sonó bastante unas sevillanas, de Eliseo Monsalvete, que se titulaban “Sale la Virgen”; un tema de Felipe Campuzano que se llamaba “No te atormentes, morena”… Con su magnífico repertorio en 1975 y 1976 actuaron en toda España con general éxito. El inconveniente de este grupo huelvano consistía en que sus componentes eran artistas-obreros, esto es, alternaban su trabajo con las actuaciones, algunos estaban casados y por estos y otros inconvenientes, “Los Gachós” se disolvieron.
En la temporada del primer ascenso a Primera División del club de nuestros amores, Isidro González, Antonio “El Jaraqueño”, Eduardo Hernández Garrocho y Martín Pérez Campillo, compusieron en honor del Club Decano, varios fandangos que, más tarde, grabaron
Martín, con la finalidad de ganar el sustento y continuar cerca del flamenco, decidió instalar un bar en un lugar céntrico de la ciudad. Y en la estrecha y costanera calle Marina -una de las más típicas de esta Huelva encantadora- había existido un bar que, en pocos años, había tenido un dédalo de propietarios, los cuales siempre lo habían denominado “El Rinconcito”. Así, lo regentó el excelente bailaor “El Choro”, después lo tuvo Manolo Cabeza que le dio un aire muy bueno y, finalmente, Jesús Duarte. Martín cobijó en el local más efluvios flamencos, instalando un pequeño escenario por el que, a lo largo de cuatro años, desfilaron casi todos los intérpretes huelvanos en aquellas fiestas flamencas que se daban los viernes y sábados por la noche, como “El Terrible”, “El Pecas”, Pedro Pavilo, Manolo Azuaga, José Luis Rodríguez, Juan Carlos Romero... Se puede afirmar que todos los artistas de teatro (Conchita Cuetos, Florinda Chico, José Sacristán…) y los foráneos de flamenco que venían a Huelva a actuar y los locales se acercaban a “El Rinconcito” (Enrique Morente, Joaquín Amador, Estrella Morente, Paco de Lucía, Juan Carlos Romero, “El Pecas”, Paco Toronjo, los Azuaga, Antonio Sousa, “El Terrible”, “Los Marismeños”, “El Lumi”, Camilo Gómez y un interminable etcétera, que era un lugar de encuentro. Allí, hablaban en amable camaradería un político con un torero, un inspector de policía con un aficionado al flamenco, porque todos coincidían en su afición a S. M. el Fandango. Su clientela fue numerosísima, ya que Martín, servicial hasta el hartazgo, supo ganársela. Allí paraban escritores, pintores, músicos y casi todos los toreros de Huelva: Miguel Báez, Chamaco, Barroso, Silvera, Joselito Romero, Pedro Quintero “El Gallero”, Pepe Gallardo, Fariña, Miguel Conde, y todos los subalternos taurinos; todos los aficionados al flamenco, como Antonio Romero, Paco Chaves, “El Caramelo”, Antonio Fortes, Manolo Cabeza e integrantes de las diversas peñas flamencas; comisarios e inspectores de policía, personajes entrañables como Casimiro Pachón, Paco Rodríguez, políticos de derecha, entre ellos nuestro primer edil, Pedro Rodríguez, de izquierda o del centro, ¡qué más daba, si lo importante era disfrutar de aquel ambiente festero! Pero, no seamos tímidos y traspasemos el umbral de tan célebre establecimiento: Conforme se entraba había un rinconcito, observatorio ideal muy disputado por los clientes, ya que desde allí se miraba hacia dentro y se observaba el paso elegante de las bonitas choqueras. Todo estaba limpio en “El Rinconcito”: lo mismo el mostrador (de unos cinco metros) que las jarras de barro, botellas que lucían en los anaqueles y cocina que se situaba detrás de la barra. Después, se pasaba a un saloncito con finalidad industrial. Al fondo, un amplio salón, pulcro y decentemente amueblado, cuyas paredes se hallaban exornadas con carteles de toros antiquísimos y fotografías que testimoniaban brillantes actuaciones de artistas del cante y del baile.
Otro atractivo de “El Rinconcito” fueron sus suculentas tapas. Se ponen de moda las migas al estilo de la Sierra huelvana, el rabo de toro adquiere gran celebridad. La clientela se hace lenguas de los exquisitos tostones de jamón y de anchoas caseros y de una pizarra en la que se detallan veintitantas tapas y una carta de comedor que tenía nueve o diez platos, todos caseros, todo gracias al esmero, pulcritud y a la ciencia culinaria de su cocinera, Ana Pérez Díaz, señora de Martín.
El trabajo en “El Rinconcito” era agotador: a las ocho de la mañana comenzaban a servirse los desayunos. A renglón seguido, los aperitivos, las comidas… y así hasta las seis de la tarde. Tras un breve descanso, el local volvía a tener actividad hasta las una o dos de la mañana.
El Martín cantaor comenzó a fraguarse en “El Rinconcito”. Había cantado desde niño y en el grupo “Los Gachós” cantaban fandangos, alegrías, tangos en festivales flamencos, abundantes en aquellas calendas en nuestra provincia. Ya, en su afamado local, en el que se daban numerosísimas fiestas, se impregnó de flamenco y comenzó a cantar a petición de guitarristas y clientes. Después, los vaivenes de la vida lo han conducido a que tuviera que sufrir varias operaciones en sus piernas y que aquellas noches somnolientas las dedicara a escuchar flamenco, a aprender flamenco.
En noviembre del año 2006 fue invitado a actuar en la Peña Flamenca de Palos en la que tuvo una noche inolvidable. Fue tal el éxito, que Vicentico el animoso presidente de la citada Peña lo volvió a llamar y participó en el homenaje que se le dio a Pilar Pulgar, ex alcaldesa de la bella localidad palerma. Más tarde, actuó en la Peña de las Colonias que le dio un emotivo homenaje, en la Peña de La Orden, en la que cantó por diez palos; el día 24 de octubre de 2008 habrá cantado en la Peña Flamenca de Huelva, en noviembre del mismo año tiene el proyecto de cantar en El Higueral. También actuará en Cataluña y continúa la senda abierta…
Estamos convencidos de que Martín, poseedor de una tesitura de voz fuerte y limpia, seguirá triunfando en el difícil arte que practica profesionalmente. En este sentido, Onofre López, entendido flamencólogo, le dijo no hace mucho: “Martín siempre has tenido la voz fuerte, pero ahora la tienes recogida. Estás cantando con más solera, con más conocimiento…”. No en balde Martín lleva en sus venas sangre huelvana, de choquero neto, es, en definitiva, un onubense, de rompe y rasga.


Leer más