Historia del equipo Libertad C. F.
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El inmediato arraigo del foot-ball en la industriosa ciudad de Huelva dio lugar al nacimiento del primer club de fútbol español, nuestro Recreativo de Huelva. Después nació el Huelva F. C. y seis años más tarde un equipo en el que no había grandes egos pero sí jugadores cuya pasión por este deporte y derroche de energía galvanizaba al equipo en tal medida que, pese a ser modesto, podía enfrentarse con dignidad a otros de superior entidad futbolística. Nos estamos refiriendo al Libertad C. F.
El Libertad C. F. no nació como consecuencia de ningún hecho político tan en boga en aquella época, que, a fuerza de se tan agitada, fue, empero, tan constructiva, sino en base a que era un club que, pese a su modestia, estaba liberalizado de toda atadura, que vivió muchos años sin campo de fútbol, ni “serio” ni “chapucero”, sorteando reveses económicos, salvando escollos y manteniendo muy alto la posición conquistada.
El Libertad nació a impulso de un grupo de entusiastas aficionados, poseedores de ideas liberales que le dieron tan democrático nombre como democrática fue su historia. Por todo ello, el Libertad F. C. es en la historia deportiva de Huelva el prototipo, el ejemplo de un grupo que nunca prende en él el desánimo y que es capaz de luchar contra la adversidad con ánimo siempre renovado. Pero, asistamos a través de la prensa local del 18 de diciembre de 1918, al nacimiento de este bravo equipo:
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El Libertad C. F. nació de la nada el año 1918. Era un grupo de amigos que no poseían ni campo de juego. Así, los muchachos se cambiaban su indumentaria urbana por el traje corto –el que lo poseía- de darle patadas al esférico en plena calle o en un cuarto que le cediera el propietario de algún establecimiento de bebidas. El inconveniente de aquel cambio de ropa era la distancia entre la taberna y el Velódromo y el espectáculo exhibitivo que se daba. Nuestro aserto queda avalado a través de la crónica, vertida en la Revista “Huelva Sport”, número 6, fechada el 24 de abril de 1919, del partido en el que el Libertad se enfrentó al Independencia y en el que se impuso éste último por tres goles a uno:
<<…Ante todo nuestra más enérgica protesta por la desastrosa presentación de los jugadores en el campo, sobre todo los del Independencia ¿Qué menos que usar el pantalón corto, señores? ¿Creen los del Libertad que con solo ponerse unas camisetas azules muy bonitas se sale en traje de sport?
La directiva del Real Club Recreativo tiene el remedio en sus manos. Con no dejar que pisen el campo equipos que se presenten con esa indumentaria se arregla esto en menos tiempo que se emplea en decirlo…
… Se alinearon los equipos en la forma siguiente:
Libertad F. C. Encarnación, Maldonado, Toscano, Borrallo, Millán, López, Bogado y Domínguez.
Independencia F. C. Quintero, Galán, Zaragoza (M. y J.), Llanes, Chamorro, Huerta, Vázquez, Lara y Carmona>>.
Esta diatriba contra el Libertad la considero injusta por parte de los dirigentes de la citada Revista, ya que si no tenían medios para tener el atuendo deportivo ¿Qué podían hacer? Ya, cuando les fue posible tener la indumentaria, el Libertad adoptó pantalón y camisa blancos. No obstante, el club era modesto pero muy ambicioso en el ámbito deportivo. Así, tenía un equipo de infantiles y otro de senior. No podemos detenernos en detallar las crónicas de los partidos que jugaron ambos equipos libertarios, pero las revistas “Huelva-Sport”, números 18 y 23, de las fechas 17 de julio y 22 de agosto de 1919, respectivamente, nos hace conocer los primeros resultados. Así, el sábado 14 de julio del citado año, en partido mixto celebrado entre el Libertad y los juveniles del Recreativo de Huelva se impusieron éstos últimos por 2 a 0, goles de Arroyo y Sarrión en propia meta, y el sábado 16 de agosto de ese mismo año, contendieron en el Velódromo los equipos infantiles del Club Recreativo y el Libertad. El partido finalizó con empate a uno. Y los muchos espectadores que acudieron a verlo, pudieron apreciar jugadas y combinaciones que hubieran suscrito con orgullo muchos de los jugadores consagrados.
En una época en la que el fútbol estaba en expansión, el Libertad era requerido para jugar en los pueblos, partidos que se saldaban unas veces con triunfos, otras con derrotas. Pero éstas, eran un acicate para que la junta directiva del Club intentase mejorar.
El 12 de mayo de 1919, en un buen encuentro el Libertad derrotó por cuatro goles a uno al Sporting F. C.
La progresión de la entidad que historiamos en los años siguientes fue pujante y esperanzadora. Las derrotas fueron disminuyendo, los triunfos aumentaron, lo que conllevó a que aumentara el número de socios y crecieran las simpatías por el Libertad y el férreo nudo económico que lo oprimía que poco a poco ensanchándose. Quizás este cambio deportivo se debió a la llegada de excelentes jugadores como Brasero, del que nos ocuparemos más tarde; Muñoz, Maldonado y Serafín.
Dejamos otras victorias de los años 1923 y 1924 para detenernos en la que cosechó el 3 de septiembre de 1923, en el campo del Velódromo al derrotar al Español F. C. , de Huelva, por un gol a cero, tanto obtenido por Brasero tras pasarse a varios contrincantes; y en las alcanzadas el domingo, 3 de agosto de 1924, ante un equipo integrado por los marinos de la dotación del cañonero “Cataluña” por tres goles a uno en el campo del Recreativo de Huelva y en el que jugaron los dos de manera admirable; frente al Titán, el sábado 6 de septiembre, por 2 a 1, en la que obtuvieron sus jugadores y entrenador doce medallas de plata, goles de Muñoz y Leonardo; el alcanzado en Isla Cristina, en su deseo de proyectarse en toda la provincia, frente al correoso equipo portugués Lusitana F. C., en octubre de 1924, y el que logró, por dos tantos a uno, el día 14 de diciembre, en el campo del Titán, frente al Racing Club.
El mes de diciembre de 1924 fue muy negativo para el Libertad F. C.: Diezmado el equipo (varios jugadores pasaron al Recreativo de Huelva), vacías las arcas de caudales, desertados algunos miembros de su junta directiva, se derrumbó el castillo de ilusiones forjado a lo largo de sus seis años de historia.
El 31 de diciembre de 1924, en partido del campeonato provincial, el Libertad goleó seis a cero, en el campo del Titán, al endeble Onuba, no obstante jugar con diez jugadores y terminar con ocho.
El Libertad renació cual Ave Fénix. Todavía quedaban algunos corazones generosos que se dejaban llevar por el níveo color del Libertad y aunaron esfuerzos, en tal manera, que con los nuevos jugadores ascendió la Sociedad, en 1926, hasta la Federación Regional Sur, donde fue acogida con las mayores simpatías, “dándole entrada y clasificación en la antigua categoría B, jugando aquel año, por vez primera el Campeonato Regional de su grupo, en el que hizo un papel airoso.
Jugó también Campeonato en la temporada 1927-28, y entonces, puede decirse que alcanzó en los campos de juego los triunfos más resonantes. Pueden hablar de ello el Triana y la Agrupación Deportiva del Museo, de Sevilla, y el Titán F. C…”.
En este período (1925 a 1928), el Libertad jugaba en el Velódromo y, en ocasiones, en el campo del Titán, ya que continuaba sin tener campo propio. Este inconveniente lo tenían varios equipos onubenses. Así, en junio de 1925, no tenían rectángulo de juego ni el Gimnástica ni el Libertad, ya que tienen que disputar un partido benéfico y se dice: “…ahora tienen la palabra los directivos de ambos equipos y el Real Club Recreativo que no dudamos cederá su hermoso campo para tal objeto.
Historia del equipo Libertad C. F.
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Detengámonos en algunos de los resultados que obtuvo en estos años:
El día 29 de marzo de 1925, en el Velódromo y en partido a beneficio del jugador del equipo Estrella F. C., Mariano Laguna, el cual se había lesionado un brazo en un partido jugado contra el Gimnástico, perdió 2 a 0.
El 12 de junio de 1925 en partido a beneficio del Batallón Infantil onubense jugó contra el Gimnástico.
El 14 de agosto de 1926, en un encuentro celebrado en el Velódromo y valedero para la Copa “Valero Hervás”, contendió con su eterno rival, el Gimnástico. Al final del encuentro el marcador reflejaba igualada a uno, goles de Brasero y Chzarry, en un partido más que bronco, violento.
En la reseña que anunciaba una semana antes el partido anterior, el redactor deportivo le hacía un ruego al Gobernador Civil:”Sería conveniente que nuestra primera autoridad enviase fuerzas de seguridad al campo del Velódromo a fin de evitar que el público invada el campo a la terminación de la primera mitad del partido, para pasarse a la entrada de preferencia…”.
Las alineaciones que presentaron los dos equipos fueron las siguientes:
Libertad F. C: Ramos, Lavilla, Quintero, Verdugo, Leonardo, Mateu, Vázquez, Moya, Blanquito, Brasero y Del Pozo.
Gimnástico F. C. (Tornero (V), Bazán (J.), Romero (M.), Álvarez (S,), Molina, Saavedra, Ponce (M.), Olito (M.), Muñoz (R.), Salvador (J.) y Pérez (L.).
Finalizando diciembre de 1927, se había desplazado el Libertad F. C. a jugar con el equipo sevillano “Minas de Reunión” F. C., de Villanueva de las Minas, que, en un partido vibrante, lo derrotó por dos goles a uno.
Y la incansable sociedad Libertad F. C. concertó con el Minas el partido amistoso de vuelta. Se fijó la fecha del día 8 de enero de 1928, en el que los “libertarios” irían por el desquite.
El equipo forastero, que llevaba una brillante puntuación en el Campeonato de su grupo, solicitó a la Federación el permiso para desplazarse a Huelva en la citada fecha, ya que le correspondía ese día actuar en partido de campeonato.
Y el día 8, con el Velódromo repleto de aficionados, en un partido de singular densidad, el equipo huelvano le dio una soberana lección de fútbol al Minas de Reunión al que venció por dos goles a cero.
En verdad, a base de tesón el equipo que historiamos había sabido situarse entre los mejores conjuntos existentes en nuestra capital en 1928. Pero, negros nubarrones se cernían sobre el Libertad F. C. Así, la Federación Regional Sur prevenía a los clubes, “que aquellos que no tuvieran campo de juego no tomarían parte en el Campeonato de la siguiente temporada”. La noticia les cayó a los libertarios como un jarro de agua fría. ¡Ellos no podrían disputar el campeonato, ya que no disponían de campo propio!
Llamaron a varias puertas pero ninguna de ellas les dio el dulce consuelo de cederle un trozo de terreno para convertirlo en su campo. Por fin, la Excma. Sra. Condesa de Mora Claros, cedió, frente a la plaza de toros de la Merced, a las primeras insinuaciones todo el terreno que necesitara. Meses más tarde, en un sencillo acto, los dirigentes del Libertad pronunciaron las palabras necesarias para enaltecer las altas dotes que adornaban a tan esclarecida e ilustre dama y agradecerle tan deportiva y espléndida donación.
Conseguido el objetivo, un enjambre de jugadores, directivos y simpatizantes del Club trabajaron como hormigas, poniendo de sus propios bolsillos las pesetas necesarias para que cristalizara su sueño. Así, tras laboriosas y prolongadas jornadas de trabajo los diversos diarios de nuestra capital anunciaban la inauguración del campo en partido en que serían anfitriones del Real Club Recreativo de Huelva que se celebraría el 24 de febrero de 1929.
Aquella jubilosa jornada para el fútbol huelvano contendió una Sociedad de luengas y níveas barbas como correspondía al club más antiguo de España, con un club que reiniciaba su trayectoria al comenzar la vida del nuevo campo de juego que, en honor de la Condesa, se llamaría “Mora Claros”. Lo de menos fue que aquel fuese un día desapacible o el resultado del partido. Lo más importante, era que los libertarios tenían ya su campo.
Aquel partido causó una expectación inusitada, que se tradujo en que un buen ingreso económico: las numerosas y ocupadas sillas que cercaban el rectángulo de juego permitieron que el Club ingresase las pesetas necesarias para pagar al pintura del campo, al carpintero, al forjador de hierro…
Traigamos a este proscenio histórico algunos partidos celebrado en el campo “Mora Claros”:
Diario de Huelva, del 11 de octubre de 1929:
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“La Provincia” del 2 de diciembre de 1929:
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El encuentro, en su totalidad, no llegó a agradar al respetable, a causa de la bondad del árbitro, que no hizo nada desde un principio, para evitar el juego violento, y debido a ello, Murto, que con los demás compañeros de la línea delantera del Club Decano reforzaba el team libertario, resultó lesionado en una pierna, a la mitad del segundo tiempo, teniendo que retirarse del campo.
Fue sustituido por Brasero. Lo mejor del partido fue el primer tiempo, en el que el juego se desarrolló más igualado y pudimos ver arrancadas de una y otra parte, pues en la segunda mitad el dominio de los locales fue bastante intenso y no vimos nada que nos interesara.
Cinco goals lograron los de casa, siendo autor de los tres primeros, Murto, que fue el que dio más rendimiento del equipo. El primero hecho en un remate de cabeza a un buen centro de Fernando y los otros dos de schoots imparables por los laterales.
La primera parte terminó con tres goals a cero a favor del Libertad, por uno del Betis, éste conseguido de penalti, por mano dentro del área.
Los dos tantos restantes de los blancos fue marcado el primero por Resti, de un schoot que dio en el lateral y entró en la meta, siendo logrado el último de penalti, también por mano dentro de la línea fatídica. Otro penalti con que se castigó al Betis, fue enviada la pelota a las manos del guardameta.
En cuanto a los forasteros se mostraron codiciosos y compenetración, sin embargo delante de la puerta no tenía artilleros. Lo mejor que traen es el defensa derecho y la línea media.
De los locales, Murto y Fernández en la delantera y de los demás quintero en la defensa. El guardameta tuvo que actuar poco.
De referee actuó el Sr. Saavedra que tuvo sus lunares en el arbitraje>>.
“La Provincia” del 7 de enero de 1930:
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A lo largo de su trayectoria el Libertad fue una cantera excepcional de la que salieron magníficos jugadores de la talla de Resti, Durán, Fernández… Caso especial fue el de Adolfo Brasero García, que se forjó en las filas del Libertad F. C., pasando de éste al Titán y Recreativo de Huelva hasta llegar triunfador a clubes del prestigio del Real Madrid y Atlético de Aviación –actual Atlético de Madrid-, Sevilla, Salamanca, etc., y, más tarde, como entrenador, llevó al Real Jaén a la División de Honor, al Algeciras a disputar la liguilla de ascenso a Segunda División…
Este club en el que floreaba la democracia en su nombre y en su historia, no alcanzó la etapa de la II República española. Aunque el Destino, que todo lo puede, decidió que el epílogo de su historia se diese en un partido de homenaje a Pepe Núñez “El zapatero”, celebrado en el Velódromo el día 7 de julio de 1945, a las ocho de la noche, en el que nuevamente vistieron el uniforme blanco de sus amores los jugadores de su última etapa: Pepillo, Lavilla, Quintero, “el Manco”, Eduardo, Rodríguez, el gran Brasero, Carlos, en definitiva, una constelación de estrellas del fútbol onubense.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Libertad CF
lunes, 26 de julio de 2010
La silla
Una cómoda Historia Menuda: la silla
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La silla ocupa en el total del mobiliario un lugar muy poco preponderante y parece que, con ser tan natural su existencia, no posee ni arte ni historia. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, y de su existencia ya se tienen noticias en tiempos de los egipcios. En la Edad Media, las sillas eran muy abundantes pero poco cómodas. En el Renacimiento tomaron numerosas formas y estilos. Esta Historia Menuda la vamos a dedicar a las vicisitudes de las sillas en nuestra capital.
Desde tiempo inmemorial, las sillas ocupaban parte de la mayoría de las calles de la ciudad en la época canicular:
<<...La vida de los primeros vecinos de esta arteria (se refiere a la calle Luis Braille) parece que la hacían en plena calle. Ese fenómeno, tal habitual en muchas localidades por el carácter altamente sociable de los onubenses, alcanzaba especial relevancia entre sus gentes. En verano, se sacaban sillas a las puertas y se charlaba hasta la una o las dos de la madrugada, momento en que la jornada laboral que comenzaba horas más tarde les demandaba levantar el sitio…>>.
En este sentido, en las casas de sólo una planta en fechas caniculares se hacía casi inevitable que los vecinos sacaran sus sillas y charlaran, durante unas horas, de lo divino y de lo humano. En este sentido, las Ordenanzas municipales nunca han visto con buenos ojos esta costumbre. Así, en el diario “La Provincia” del 22 de julio de 1899 se preguntaba:
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Esta costumbre se ha derrumbado como un castillo de naipes porque la mayoría de las viviendas actuales tienen varias plantas y parece una idea descabellada bajar del piso donde se viva con una silla para instalarla en el portal de entrada.
En los últimos años del siglo XIX, los templos carecían de las bancadas actuales y, por tanto, tenían que utilizar sillas en los ejercicios divinos. Así pues, algunos párrocos vieron que proporcionar sillas a los fieles sería un negocio muy lucrativo. Esta circunstancia llegó a oído del Sr. Arzobispo que mandó un escrito a todas las parroquias prohibiendo el alquiler de las sillas. Acerquémonos al diario “La Provincia” del 4 de marzo de 1899, en el que podemos leer:
<<”Queda prohibido todo comercio en los templos”, dice el Ilmo. Sr. Arzobispo de nuestra Diócesis, y, sin embargo, en algunas iglesias continúa el negocio.
El precio fijado para obtener una silla es el de cinco céntimos con sello móvil>>.
Hurgando en la herida, días más tarde, el mismo cauce informativo señalaba:
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Fue pasando el tiempo y las cosas continuaron igual, eso sí, conociendo la reputación de don Pedro no hay la menor duda de que aliviaría muchos pesares que hasta él llegaran. El 9 de mayo de ese mismo año visitó la parroquia de la Concepción un hijo de Caco y ocurrió lo que sigue:
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Gracias que alguna vez se ha conocido el paradero del producto de ese impuesto>>.
Días después, nuestra opinión se convertía en axioma según podemos leer en el diario “La Provincia” del día 12 de junio de 1899:
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En reiteradas ocasiones, ver determinados espectáculos sentados ha ofrecido posibilidades económicas a determinados grupos. Así, en la sesión municipal del 5 de agosto de 1911, hubo una “Moción verbal de un señor concejal sobre instalación de sillas por cuenta de la Asociación de la Caridad…”.
En marzo de 1912, instaló sus reales en la plaza San Francisco el circo de José Aragón. Vino por una semana y como fue exitosa su estancia en Huelva, solicitó, y le fueron concedidos unos días más de actuaciones. En el nuevo período de estancia, ocurrió un desagradable asunto:
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En estos primeros años del siglo pasado, surgen, procedentes de Gran Bretaña, una innovación de las sillas, las plegables. En nuestra ciudad, comenzó a venderlas Casa Novelty, que mandaba insertar el siguiente anuncio en la prensa local en las vísperas de los veranos de 1912, 1913, 1914…, y en el que advertimos el afecto que los británicos siempre le han prodigado a su soberana:
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Cuando en el sauzal sesteaba Enero, por aquello del frío y de que no se podía salir a la calle, los juegos se desarrollaban en los interiores de las casas. Así, se ponían varias sillas unas detrás de otras y se jugaba a que aquello era un tren. También se les hacía la competencia a los profesionales del circo dando vueltas de campana, saltando acrobáticamente, etc.
La presencia de las sillas se hacía inevitable cuando llegaba por estos lares algún circo. Así, acerquémonos a ver el “Berlín Zirkus” que ha llegado a nuestra ciudad. Corre el día 24 de abril de 1970:
<<… El circo alemán trajo, como siempre, un espectáculo en el que no faltaban leones, tigres, panteras, elefantes, en definitiva, treinta atracciones mundialmente famosas.
Su debut constituyó todo un triunfo en lo artístico y en lo económico, ante el numeroso público onubense que casi llenaba por completo sus magníficas instalaciones de palcos, sillas de pista y gradería, dentro de una gigantesca carpa, instalada en el espacio que ya se contaba para estos grandes espectáculos, en la Barriada de Tartessos…>>.
Por cierto, que hasta la llegada a nuestra ciudad de los payasos Fofó, Milito, Fofito y Milikito, todos los payasos utilizaban las estrepitosas sillas en sus actuaciones. Extraigamos de la Gran Enciclopedia de Huelva de Antonio José Martínez Navarro los siguientes renglones:
<<…El éxito de estos payasos, estimamos, es que dejaron en el rincón del olvido la pintura en el rostro, esto es, adaptaron los personajes que encarnaban a cara limpia. Llevaban razón, el payaso de cara pintada no ha sido nunca apropiado para el niño; puede gustarle, pero sólo de lejos. No se animan a darles un beso porque no les agrada un rostro entre “nebulosas”, irreal. Ellos, despojaron a sus personajes de todo tipo de violencia y en lo posible evitaron los golpes de garrotazos, puntapiés, caídas de sillas, etc. Crearon un trabajo de conjunto, supieron confeccionar simpáticas canciones que las adaptaron a situaciones cómicas. Además, de cada una de estas situaciones se desprendía una moraleja, una enseñanza. Pero, en fin, vayamos sin más dilación a ver las relaciones de nuestra ciudad con “Los payasos de la Tele”…>>.
Sillas se podían ver en toda clase de bares, tabernas y zampuzos, tales como los aristocráticos bares “La Cita”, “España”, “América” y las tabernas clásicas huelvanas como Casa “Tacones”, Casa “Macareno”, Bar “Zeppelín”, Bar “Andévalo”, “La Angarilla”… o en todas las heladerías como “La Española”.
En los centros de recreo se formaban las tertulias utilizando cómodas sillas y no eran pocos los cines que en lugar de butacas utilizaban sillas. Así, en el diario “La Provincia” podemos leer:
<<…En la mañana del día 1 de febrero de 1935 el Cinema Park sufrió un incendio que parecía había acabado con el recinto. Al final, se quemó el toldo, numerosas sillas, el armazón completo del escenario y el mobiliario del mismo, los decorados, la instalación eléctrica y la valla…>>.
Las sillas eran elementos esenciales en campos de fútbol que no tenían instaladas gradas como los del “Titán”, el “Mora Claros”, rectángulo de juego que pertenecía al equipo del “Libertad” F. C…
En 1945 se crea la Unión de Cofradías. Sus primeros tiempos de existencia eran muy precarios en la parcela económica. Así, se instala una Tómbola en las Fiestas Colombinas. Pues bien, las ganancias obtenidas en la citada Tómbola alcanzó la cantidad de 22.000 pesetas -unos 144 euros actuales, pero una cantidad respetable en aquella fecha-. Con este capital se adquirieron las sillas que más tarde, Semana Mayor de 1946, se pusieron en la Carrera Oficial.
Las sillas se hacían inevitables en el Estadio Municipal, cuando se celebraban en éste los célebres Festivales de España. A tal efecto, se instalaba un soberbio escenario que daba cara al fondo Sur de manera que las localidades de sillas aparecían situadas en la zona de albero, pista de atletismo, siendo destinada la grada Sur para la entrada popular. Con estas ubicaciones quedaba descartada la posibilidad de perjudicar el terreno de juego. Traigamos como ejemplo la actuación, el día 8 de julio de 1975, en el citado recinto deportivo de María Dolores Pradera. Entre otras cosas, se decía:
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A partir de los años treinta el hechizo del Cine fue ganando adeptos. Los cinéfilos se sentaban cómodamente en sus sillas tras haber dejado en la taquilla el importe de la entrada
“¡Caramelos!”, gritaba sin cesar el vendedor en el interior del Cine, a fin de que los escasos niños a los que les sobraba algún céntimo pudiesen adquirirlos. Y las mandíbulas de estos pequeños no cesaban en su actividad, mientras se sorprendían con la aventura que admiraban.
Las sillas toman su importancia en las regias comidas de egregios personajes o en las sencillas comidas familiares celebrando alguna onomástica, cumpleaños o cualquier acontecimiento navideños o de otra índole.
La utilidad de las sillas nos haría escribir muchas páginas de esta Historia Menuda. Así, añadamos que actualmente hay muy pocas novedades en cuanto a la variedad de formas. Los materiales si que han cambiado: la madera ha desaparecido casi por completo y las que aún perduran siempre recuerdan formas clásicas ya pasadas.
¡Ah! y es una gozada visitar cualquiera de nuestras Peñas flamencas en las que encontraremos sillas pintadas, al estilo andaluz, con bonitos colores.
Sillas de anea. Estas sillas, importantes en el mobiliario de la época en que el título de villa se enseñoreaba de Huelva (y aún en gran parte del siglo veinte) eran confeccionadas por los propios usuarios y sus asientos estaban fabricados de tomiza o cuerda de esparto y de palma silvestre. El resultado era el mismo.
Pero, veamos cómo se fabricaba una silla de anea: Primeramente se localizaban los palos (perfectamente cortados con las mismas medidas): después se labraba o torneaba artesanalmente y se iban entrelazando las cuerdas hasta quedar rematada la silla.
A través del Boletín Oficial de la Provincia de Huelva, número 205, fechado el viernes 5 de abril de 1844, podemos observar que en la calle Palacio, regentada por José Jiménez, hubo una fábrica de sillas de todas las clases:
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Las sillas de anea se podían fabricar de dos clases: altas y bajas. Las primeras, tenían la ventaja de que sus bordes se hallaran ligeramente inclinados hacia abajo para que no se lastimaran las pantorrillas y porque las patas tenían o tienen unos travesaños donde se descansaban los pies, de vez en cuando, quedando las rodillas en un plano superior y, por lo tanto, aliviaba la circulación de la sangre. Las segundas, tenían un uso más difundido. Se utilizaban incluso para sentarse a comer, ya que las mesas eran bajas. Las suaves concavidades de las mismas, permitían que las asentaderas permaneciesen cómodas que son como hay que sentarse y no con las pantorrillas, que quedaban libres al tenerse las rodillas altas y los pies descansando en el suelo. La circulación de la sangre quedaba también libre.
En la historia de nuestra ciudad, hay que señalar dos profesionales dedicados a la construcción, de forma artesana, o reparación de las sillas de anea. Así, el excelente cantaor Manuel García Vázquez llevaba el remoquete de “El sillero”, remoquete que sería por su relación con la reparación o composición de sillas.
Francisco Ruiz Pérez, nacido en 1945 en Lucena del Puerto y vecino de Huelva desde muy joven, durante años se dedicó (y posiblemente aún se dedique) a la reparación de sillas de anea. Su improvisado taller lo instalaba en plena calle Sanlúcar de Guadiana. Ni que decir tiene que su casa era un almacén de los materiales que él precisaba para ejecutar las reparaciones.
jueves, 15 de abril de 2010
Cinema Rocío
El Cinema “Rocío”
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Como en todo momento de transición, Huelva, en la actualidad, en estas últimas convulsiones que están dando paso de lo viejo a lo nuevo, vuelve frecuentemente sus ojos hacia atrás. Apenas pasa día sin que alguien exprese una nostalgia. Ahora le está tocando el turno al Mercado del Carmen que dará paso a una plaza porticada. En su lugar, se eleva un armatoste en la vieja Avenida de Italia. El cambio ha sido brusco, drástico. Es una ciudad totalmente nueva la que se va elaborando. Por eso, el recuerdo de las vivencias antiguas es bálsamo que aminora el dolor de los que consideramos que en toda ciudad es interesante la supervivencia de lo antiguo. En este sentido, es placentero recordar un cine que, aunque fue flor de un verano, dejó su nombre para la historia del celuloide en nuestra ciudad. Nos referimos al cinema “Rocío”.
A lo largo de décadas, el cine fue ganando adeptos en tal magnitud que donde había un solar se le daba los mínimos toques higiénicos, de seguridad y ornato y se le convertía en un cine de verano.
En los meses iniciales de 1941, don Ramiro Monfort Mir solicita (Legajo, número 561 del A. M. H.) las aperturas de dos cines, uno establecido en la Plaza de Toros de la Merced y el otro en la risueña calle José Nogales. De cualquier forma, el cine “Rocío” se anunció siempre que perteneció a la “Empresa Soler”.
Y con unas modestas obras consistentes en dejar en condiciones el piso donde se asentarían las sillas, elevar unos muros que cercaran el recinto cinematógrafo e instalar una arcaica cabina para proyectar los filmes. El día 3 de junio de 1941 el “Odiel” insertaba en sus páginas la siguiente y escueta avanzadilla informativa:”Cinema Rocío. Próxima inauguración”.
Por fin, el sábado 21 del citado mes y año el mismo diario anunciaba con júbilo los primeros latidos del nuevo cine de verano:
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Para los amantes de las estadísticas, añadiremos que el precio de la entrada ascendió a una peseta y treinta y cinco céntimos.
El día 25, la prensa local daba cuenta de aquel acontecimiento histórico para el cine huelvano:
<< Ha sido inaugurado el Cinema Rocío, instalado en la calle José Nogales; el local se encontraba repleto de numeroso público, que aspiró las bellezas y calidades de las cintas proyectadas.
Felicitamos a la empresa por el acierto de esta inauguración y le deseamos en la temporada muchos éxitos>>.
A lo largo del resto del verano la sesión de este cine se componía de un Noticiero (normalmente de la Casa alemana UFA) y dos películas. Los viernes, se daban sesiones más económicas llamadas “Fémina”. Conozcamos algunas de los filmes proyectados en este casi desconocido cine para las nuevas generaciones:
25-6-1941: “El túnel submarino” y “La pícara música”
26-6-1941: “El rayo lento” y “La pícara música”.
27-6-1941: “El rayo lento” y “El sargento Berry”.
28-6-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-6-1941: “Aféitame tú a mí”, por Popeye el marino, y “Adorable enemiga”.
1-7-1941: “Donde menos se espera” y “El legado de la estepa”.
2-7-1941: “El bailarín y el trabajador”, por Roberto Rey y Estrellita Colomer, y
“Una aventura de Mozart”.
3-7-1941: “La llamada de la selva” y “Dos soldaditos”.
4-7-1941: “La pimpinela escarlata” y “El paso del ocaso”.
5-7-1941: “Melodías de un rascacielos” (dibujos) y “Nobleza obliga”.
6-7-1941: “El rey del bataclán” y “La última avanzada”.
9-7-1941: “Un vagabundo millonario” y “Viaje de placer”.
10-7-1941: “El desaparecido” y “El vagabundo millonario”.
11-7-1941: “El desaparecido” y “Una avería en la línea”, por Spencer Tracy.
12-7-1941: Popeye el marino en “Duelo morrocotudo” y “Una hora en blanco”.
13-7-1941: Mismo programa que el día anterior.
15-7-1941: “La llamada secreta” y “El tigre”.
16.7.1941: “Popeye el Marino”, trailer de “La fuga de Tarzán” y “El héroe
público número 1”.
17-7-1941: “Popeye el Marino”, “Tobie” y “Emisora secreta L B 17”.
18-7-1941: “La fuga de Tarzán”, “Tobie” y “Emisora secreta L B. 17”.
22-7-1941: “Seguoia”.
25-7-1941: “Dejada en prenda” y “Madre Alegría”.
27-7-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-7-1941: “En los tiempos del vals”, por Ramón Novarro.
30-7-1941: “En el amor”.
31-7-1941: “El refugio”.
El viernes, 1 de agosto, se proyectaron las películas “Así es el amor” y “En los tiempos del vals”. En otro lugar del diario se anunciaba: “Estén atentos el día 5 a la nueva reorganización”.
Los días festeros de Colombinas los aprovechó la Empresa para realizar las modificaciones necesarias para levantar un pequeño escenario donde pudiesen actuar determinadas atracciones o espectáculos.
5 y 6 de agosto, 1941: “Vals Real” y “El Cardenal Richelieu”. El día 5, se anuncia las nuevas modificaciones del cinema que historiamos.
7-8-1941: “El Cardenal Richelieu” y “El Refugio”.
El viernes 22 de agosto, a las nueve y media de la noche, el Cinema Rocío, “Palacio del espectáculo”, anuncia el espectáculo “Cartel de Feria”, con Molero y su Orquesta y otras atracciones y avanza que al día siguiente actuaría “Pilarín de Aragón”.
El sábado 23 y el domingo 24, a las 10 de la noche, la Empresa Soler ofrece una velada de varietés selectas: Celia-Simoney, colosos de la danza moderna; “Pilarín de Aragón”, gentil estrella de la canción regional; el cantaor “Gitanillo de la Cava” y, en los intermedios de estas actuaciones, bailes en la pista. Los precios eran asequibles: Caballeros, 3 pesetas. Señoras, 2.
Los últimos latidos del Cinema “Rocío” fueron deportivos. Así, el sábado 14 de septiembre de 1941, a las diez y media de la noche, se anunciaban cuatro grandes combates de boxeo. Durante el transcurso de la velada se enfrentarían en los pesos plumas: “Manuel Díaz, de Huelva, y Juan Gil, del “Merced F. C.”. Pesos ligeros: Rafael Sánchez “Faito”, duro pegador de Huelva F. C. contra Nicasio Martín, valiente boxeador sevillano. Pesos ligeros. Gran revancha José León Capelo, ídolo onubense, Huelva C. F. contra Rafael Vallor, gran esgrimista sevillano. Pesos libres. Sensacional y emocionante revancha. Antonio Martín, invencible boxeador sevillano y esperanza de Andalucía, contra Segundo Bernal, campeón de Galicia y formidable encajador. Esta velada está controlada por la Federación Española de Boxeo. Sillas de ring, 3,50. Sillas de preferencia, 2.50. General de pie, 2. Cada caballero puede llevar una señorita. Los socios del Huelva C. F. sólo pagarán media entrada.”.
Finalicemos este trabajo de investigación describiendo la fachada del Cinema “Rocío”: Era ésta uniforme. Esta monotonía quedaba rota por la puerta de acceso a la terraza donde se situaban las sillas y las dos taquillas, donde se expendían las entradas.
Coronaba la citada puerta, un enrejado cartel en el que destacaba el reclamo CINEMA ROCIO, flanqueado por tres barras de fino herraje, la primera y la tercera de ellas terminadas en punta de fecha y la segunda o del centro en artística farola. En definitiva, una composición que se juzgaba muy artística para un cine de verano que sólo perduraría dos o tres meses a lo sumo.
viernes, 19 de junio de 2009
Historia del Monumento a los Cantes

Historia del Monumento a los Cantes
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Increíble parecía que el propósito de erigir un grandioso monumento a los Cantes fuera el asunto que preferentemente preocupara a Huelva. y así era: desde hacía semanas puede decirse que muchos de los aficionados huelvanos al flamenco no pensaban en otra cosa.
La idea surgió en un programa, dedicado al arte que cultivaba Manolo Caracol, que emitía Radio Andalucía y estaba dirigido por Pepe Sollo. En el espacio intervenían Antonio Toscano, Miguel Lérida y el paternino, Cristóbal Domínguez García, a la sazón diputado. En un momento de efervescencia flamenca, surgió la idea de hacer algo por el cante jondo. Cristóbal pensó en nominar varias calles con diversos cantes y le dijeron que existían calles con tales nombres. De inmediato se le ocurrió al mismo Cristóbal de hacerle un homenaje a los Cantes de Huelva, en abril de 1984 presentó una moción que fue aprobada por absoluta mayoría con el detalle curioso de que se aprobó por unanimidad en su ausencia, ya que él estaba en la Campaña de las elecciones catalanas con Antonio Hernández Mancha. Aunque sólo fuese en el pensamiento de los que lo apoyaban, el monumento comenzaba a convertirse en una tangible realidad.
En mayo de 1984, se decía en el diario “Huelva Información”:
<<…Sólo Paterna de Ribera tiene erigido un monumento al que considera su propio cante: la petenera y, aún así, y a pesar de la amplia documentación existente, hay quienes ponen en tela de juicio tal aseveración. Sin embargo, mientras que no se demuestre lo contrario, ahí está la Petenera y su monumento en Paterna de la Ribera, gracias a la valiente iniciativa de los flamencos del bonito pueblo gaditano.
Le corresponde ahora a Huelva levantar un monumento a sus cantes, a su fandango. Pues, naturalmente sí. Primero porque el fandango propiamente dicho, es la materia prima o primera materia para las labores de la industria o fabricación de los cantes de Levante, Málaga y Granada. Segundo, porque no existe en la geografía flamenca lugar más fértil para el fandango, que el mar, el llano y la sierra de esta Huelva. Por tanto si el aire es materia del viento, Huelva y sus fandangos son materia de una muy importante rama en el tronco del árbol genealógico de los cantes, y eso está ahí, y no lo puede negar nadie. Esa realidad la vamos a perpetuar en piedra y en bronce todos; absolutamente todos los flamencos de la provincia, uniéndonos en entusiasmo y unánime acuerdo de nuestros jóvenes políticos receptores de la idea. Gran categoría la de ellos, que han sabido captar la parte positiva y hermosa de la singular parcela cultural que para Huelva representa sus cantes…>>.
Y llevaba más razón que un santo el columnista del citado diario, ya que Huelva llevaba varios siglos sosteniendo la tradición de sus cantes y se hundiría antes que desmentirse. Nuestra ciudad era la misma que vemos ahora, en algunos aspectos, que aquélla de la los tiempos decimonónicos: eran los mismos ríos los que corren ahora delante de nuestros ojos y aunque el derribo y el alza de edificios han dado paso a la modernidad, seguía siendo la ciudad edificada entre cabezos y flamenca por naturaleza.
La reunión constitutiva de la Comisión gestora que habría de convocar públicamente las bases del concurso sobre bocetos, proyectos y presupuestos de posibles lugares de emplazamiento del monumento, quedó fijada el martes 15 del citado mes y año, en la Diputación Provincial. Aunque ya, en el citado programa de Radio “Andalucía” la tertulia flamenca había llegado al acuerdo de que “el lugar idóneo -continuaba informando el columnista- para la ubicación del mismo puede ser la antesala de la antigua Plaza del Punto, sobre ese triángulo de césped que separa la Gran Vía de la avenida de Italia. Es, sin duda, el lugar de Huelva más visible para propios y extraños y uno de los más flamencos, ya que ahí justo estuvo instalado el quiosco de Paco Isidro, de tan grato recuerdo para los viejos aficionados”.
Y en aquel magno tejemaneje del homenaje intervinieron no solamente las gentes del flamenco, sino los profesionales de los medios de comunicación (el director y comentarista flamenco de Radio “Andalucía”, Roberto Bacigalupe y Pepe Sollo, respectivamente), los representantes de las peñas flamencas de Huelva y provincia, la concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Huelva (Oliva Tornero) patroneados por Petronila Guerrero, la vicepresidenta de la Corporación Provincial.
Esta reunión no fue multitudinaria, ya que un error en la convocatoria que no pudo ser subsanado a última hora impidió que asistieran los representantes de todas las Peñas flamencas onubenses.
No obstante, quedó bien patente el deseo de que el monumento se debiera construir, ya que los cantes de la tierra tenían bien merecido ese homenaje, aunque algunos discreparan de cómo se iba a financiar, señalando a modo de resumen Petronila Guerrero que había que poner en marcha la imaginación y sacar el dinero hasta de las piedras.
Y cumplió con su palabra doña Petronila: un año de sacrificios, de lucha, de esfuerzo. Un avance de cada día sobre en la anterior en la elevación del monumento. Ni un instante de desmayo en su aspiración de contar con un importante símbolo de Huelva. Primero la augusta prez del trabajo diario, después la satisfacción de aumentar la estatuaria de su ciudad. Siempre el hidalgo esfuerzo de la política inspirando actos y palabras. Mientras, en Aracena, el escultor afinaba su gubia y su espíritu para seguir acrecentando su prestigio con aquel reto artístico.
La jornada del día 21 de septiembre de 1985 fue gloriosa para el flamenco huelvano: Se clausuraba el Congreso de actividades flamencas que con tanta brillantez se había celebrado en Huelva; en la avenida de Andalucía fue colocada la primera piedra de la nueva sede de la Peña Flamenca de Huelva, tras ser bendecida por el sacerdote Antonio Bueno y se inauguraba el Monumento a los Cantes de Huelva.
Apoyémonos en el reportero del diario “Huelva Información” y conozcamos cómo se desarrolló la ceremonia inaugural:
<<…Al mediodía había sido inaugurado en la Plaza del Punto, de Huelva, el monumento a los cantes de Huelva que ha sido financiado por la Diputación y el Ayuntamiento. En el acto hablaron el presidente del organismo provincial, Manuel Pérez Romero y el autor de la obra, el aracenés José Noja, asistiendo el Consejero de Política Territorial, Jaime Montaner, y diversas personalidades civiles y militares de la provincia…>>.
Frente a la prócer Casa Colón, en una plaza no amplia pero sí limpia, a la vera de unos árboles que lo ensombrecen, contenidos en un pequeño jardín, se alza el Monumento a los Cantes de Huelva.
El pedestal donde descansa la figura del aracenés es un ancho bloque de granito, severo y austero, digno de que sobre él se asiente la mole que nos ocupa.
Observamos que Pepe Noja soporta, pese a su concepto artístico vanguardista, el peso específico que siempre ha pesado sobre la escultura española el sentido monumental, italianizante, que sirvió de modelo en toda Europa durante el siglo XIX. Así, se advierte en el cantaor la actitud heroica, declamatoria, de un exagerado énfasis. Se diría que está sentado sobre un trono que indica, a las claras, la supremacía del fandango sobre cualquier otro estilo de cante. El resto del monumento se sitúa en la senda de lo puramente simbólico. De esta forma, se adivina la silla donde sientan sus reales el cantaor, el guitarrista y el dulce instrumento de éste último
domingo, 13 de julio de 2008
la popular

Panadería “La Popular”
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Una de las más populares establecimientos de los que se hallaban enclavados en la Huelva de la primera mitad del siglo pasado, que mayor desarrollo y adelanto logró adquirir, es la que representaba la notable y bien instalada panadería que en la calle Méndez Núñez, número 18 ó 26, depende la época, poseía el inteligente industrial Rafael Moreno Ramírez.
Pero, ¿Cuándo se fundó “La Popular”? La respuesta la tenemos en el diario “Las Noticias” del 15 de junio de 1927, que proclama: “Desde el año 1922, en que se fundó en Huelva la gran Panificadora “La Popular”, esta industria ha ido en progresión ascendente…”.
Las instalaciones de “La Popular” se asentaban en un edificio solariego de excelente capacidad como advertimos en la Escritura de compra y venta de María López Cuervo a Isabel Márquez López, otorgada el 27 de junio de 1896 ante Juan Cádiz Serrano (Folio 1802, número 232) que textualmente dice:
<<…Una casa en esta ciudad calle Méndez Núñez, número 26 de gobierno que linda por la derecha entrando con otra de don Vicente de la Corte Silvera, por la izquierda con otra de doña María del Carmen Gabina y Casa llamada Hospital de don Pedro García Jalón -padre del ilustre compositor Pedro García Morales, añadimos nosotros-…
Consta de diez metros de frente por más de sesenta de fondo, en que contiene tres portales, habitaciones en ambos lados, cuadra del horno, patio, un salón al lado derecho del mismo patio, corral, tahona, cuadras y trascorral, teniendo los altos de granero corridos y las cuadras tahonas y testeros del corral un doblado para paja, granero y enseres de labor.
Doña María López Cuervo adquirió cinco de las sextas partes por habérsele adjudicado en las particiones de bienes de su marido don José Mayor Gordillo en 5 de mayo de 1877 ante don José María de la Corte en precio de 10.000 pesetas>>.
Esta Panificadora logró gran aceptación desde los primeros instantes por sus productos (su crujiente y sabroso pan candeal francés y bilbaíno, sus tortas de aceite, polvorones de manteca, sus célebres ensaimadas…), su esmerado servicio (repartía a domicilio, cosa inusual en la época) y su ubicación céntrica que, en apenas catorce años, había ensanchado notablemente la esfera de sus negocios. Así, según el Legajo número 562 del Archivo Municipal de Huelva, finalizando 1936 surge una disposición municipal por la que todos los comercios tienen que darse de alta y leemos: “Rafael Moreno Ramírez, con domicilio en calle Benot, número 10, solicitando apertura de su panadería “La Popular”, en calle Méndez Núñez, número 18”. Dos días más tarde solicita apertura en otros despachos de pan y tortas que “este mismo propietario tiene en la calle General Primo de Rivera (Señas), número 2”, en la Carretera de Odiel, junto al edificio de la Aduana -la antigua Aduana estaba frente al Colegio de Ferroviarios, añadimos nosotros- y en la calle del Carmen, número 2.
El citado Rafael Moreno Ramírez debió de adquirirle el negocio a José Gómez de la Cruz, ya que éste se acreditaba dueño de “La Popular” en su solicitud, fechada el 1 de mayo de 1930, al Ayuntamiento para instalar un rótulo en una nueva sucursal establecida en la actual Avenida Cristóbal Colón:
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La popularidad es patrimonio del pueblo. Es éste quien la otorga ab eternum, ya que, una vez dada, ni el mismo pueblo la puede quitar, en todo caso puede alterarla para bien o para mal. En este sentido, conviene que aclaremos que en el alba de los años veinte surge como figura del toreo, Manolito Báez “Litri”, disputándole la primacía torera local a un novillero puntero en las citadas calendas, “Bogota”. Pronto, los simpatizantes de ambos novilleros se convierten en encarnizados rivales. En aquel punto, los “litristas” advierten que hay una música de pasodoble –del maestro valenciano Abelardo Alfonso- sin letra y le ponen una que comenzaba:
“¡Que viva el “Litri”!
muera “Begota” (sic)…”
Lo único que le molestaría al valiente y buen “Bogota” sería el cambio de vocal en su nombre de guerra taurino, tan sonoro… Pues bien, una vez que “Bogota” pasó al escalafón de rehiletero, no venía a cuento la letrilla. Y el pueblo, asemejando la popularidad de su torero con el nombre del establecimiento, sacó esta otra letra en la que el nombre de la panadería-confitería que historiamos lo asociaba a la popularidad que disfrutaba en el planeta de los toros su diestro:
“¡Que viva el “Litri”!
“La “Populá”,
los bollos de leche
y las “ensaimás”
En la creación de estos cuatro versos, confeccionados en 1924 ó 1925 y cantados en las carnestolendas de finales de los años 20, quizás tuviera algo que ver Manuel Parada “El Caracol”, panadero durante muchos años de “La Popular” y célebre maestro de murgas de aquellos incomparables Carnavales de Huelva. Pero, continuemos con la historia de “La Popular”. Durante la guerra y la postguerra nuestra esta Panificadora pasó, como todas, por las vicisitudes de no tener la materia prima para la cocción del pan y la confección de sus dulces. En 1949, a este comercio se le detecta una pequeña irregularidad y se le sanciona con el cese de su actividad de distribución de pan durante seis meses. A través de las páginas del diario “Odiel”, fechadas el 8 de diciembre de 1950, se le comunica a las demás panaderías que nuevamente “La Popular” vuelve a distribuir el pan:
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La última referencia que tenemos data del diario “Odiel” del domingo 10 de enero de 1958, en cuyas páginas se inserta un anuncio de “La Popular”. Panadería y Confitería. Méndez Núñez, 18”, pero también nos hace saber que el titular de la misma era también propietario del “Bar La Popular. Exquisito Café Express. Avenida de Portugal, número 13”. Poco tiempo después, cerraba este comercio que, por su popular letrilla, ha logrado la aureola de permanecer en la historia de Huelva superando esa capa de olvido que el tiempo pone sobre casi todas las cosas.
(1) En la época de las cartillas de racionamiento (1939-1952) a cada panificadora se le asignaba un determinado número de personas para que adquirieran en ella el pan. Así, al cerrar temporalmente “La Popular” su clientela se tuvo que repartir, con exasperante rigor, entre otras panaderías. Tras la sanción, la prensa local advertía que los antiguos clientes del comercio que historiamos podían comenzar nuevamente a retirar el pan controlado de la calle Méndez Núñez, número 26.


