

Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios. (I)
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Ernesto Lazo nació en Huelva el día 12 de noviembre de 1921. Su padre, don Manuel Lazo Martín (fundador, en 1907, del periódico “Educación Popular”), haciendo gala de la tenacidad increíble que moldearía para siempre su carácter y con ello su destino, no se conformó con la suerte que en aquellas fechas le estaba destinada a los maestros y desempeñó el cargo de gerente de Tabacalera en nuestra capital. Su madre, Josefa Gómez Sánchez, era ama de casa. Ernesto era nieto del maestro Manuel Lazo Real.
La niñez de Ernesto estuvo rodeada de las maravillas de aquella Huelva tan cercana al mar, de cielo de esmalto azul, poseedora de una ría en cuyas aguas se reflejaban las quillas de los galeones que arribaban a la Bajamar para descargar las sardinas de alba. Así, el alma se le fue formando a dos ritmos distintos que luego habían de disputarse siempre su literatura: toda la fuerza exuberante, luminosa, impregnada de olor a salitre, deslumbrada de colores de la Huelva de su adolescencia, y todas las bondades de la Huelva que se fue transformando con el transcurrir de las décadas.
Cursó sus estudios de Primaria en el Colegio de los Padres Agustinos, haciendo la Primera Comunión en 1931, bajo la dirección del P. Fray Teodoro de Olazarán y Olozoaga.
Habiendo abandonado los Agustinos, por motivos políticos, el Colegio de Huelva (el grupo fue a parar, en su mayoría a Filadelfia, USA), cursó los estudios de ingreso en el Colegio de San Casiano que dirigía el conocido y acreditado maestro, don José Oliva. Estudios de ingreso dirigido por el buen maestro don José Mendiri
Realizado el examen de ingreso en 1932, comienza el primer curso de bachillerato 1932-33, en el Instituto General y Técnico de la calle Méndez Núñez. En este curso se inicia el bachillerato republicano creado por don Fernando de los Ríos, que amplia de seis a siete el número de cursos, establece dos reválidas (una, al terminar el tercer curso y otra al terminar el séptimo), y suprime totalmente los libros de textos. La supresión de textos, sustituyéndolos por apuntes, a veces en clase de más de cien alumnos, como ocurría en Huelva, fue un fracaso. El Ministerio rectifica rápidamente y en el segundo curso vuelven los libros.
El segundo curso, 1933-34, tras una huelga de estudiantes apoyada por los profesores, se inicia con algún retraso, en el Instituto nuevo del Conquero, llamado La Rábida. Allí se estudian normalmente el curso 2º, 3º y 4º. Una vez comenzada la guerra civil, estimándose peligroso para los jóvenes la coeducación, las mañanas se dedican al estudio de las chavalas y las tardes de los chavales. Fueron profesores distinguidos de este Instituto, su director, Ricardo Terrrades Pla, doctor, a la vez, en Derecho y en Ciencias; el bonareño, José Pulido Rubio, acreditado geógrafo e historiador, que ejercía las funciones de Secretario; Félix Andolz, autor de la letra del himno del Centro”Salve Monasterio de la Rábida”, que llevaba música del maestro Herrera, de familia muy querida en Huelva. A destacar, también, la figura del sacerdote José Pérez Reyna, profesor de Religión, tremendamente forofo del Recreativo, de Ángeles Figueras, profesora de Literatura que llegó a ser poetisa de fama nacional (que lo animó para que siguiera por la senda de las Letras, Lengua y Literatura). Antes que ella dio también clases de la misma asignatura, la onubense Inés García Escalera, que se casaría con el famoso escritor D. Felipe Ximénez de Sandoval, autor de la “Biografía apasionada de José Antonio”. El título de Bachiller, al que siempre Ernesto consideró de gran valor, lo obtuvo en marzo de 1939.
Un acontecimiento ocurrido en su adolescencia contribuyó especialmente a que cambiara drásticamente su vida: la muerte de su padre, que dejó una viuda y siete huérfanos. Y como era uno de los varones mayores se vio obligado a trabajar, ya que eran muchas las bocas que en su casa pedían pan.
En este punto debemos hacer hincapié en un importante detalle sobre Ernesto: Fue la dura vida que se impuso a sí mismo la que hizo que se promocionara. Esta epopeya se desarrolló íntegramente en unas circunstancias duras, en las que la lucha por la supervivencia era el feroz juego nacional. Así, trabajaba aquellas interminables jornadas y estudiaba por las noches. Pero, lo habíamos dejado con el Bachillerato terminado. A continuación realiza los estudios de Maestro en la Escuela Normal de Huelva, terminándolos en septiembre de 1940, y los de Profesor Mercantil en la Escuela de Comercio de Sevilla, finalizándolos en octubre de 1944.
En 1941 ingresa como Auxiliar en la Excma. Diputación Provincial de Huelva. Dos años más tarde gana, por oposición, la plaza de Jefe de Contabilidad de la citada entidad provincial.
En 1960, obtiene, por concurso de méritos, la plaza de Jefe de Sección de Intervención de la Diputación.
Finalizando los años sesenta es nombrado Presidente del Colegio de Funcionarios de la Administración Local en Huelva.
En marzo de 1972 es nombrado por Decreto de la Presidencia Administrador de los Hospitales de la Diputación Provincial (el general, ubicado en la Plaza de la Merced y el Psiquiátrico a la sazón recién inaugurado en la Carretera de Sevilla).
En junio de 1972 ingresaría, tras oposición libre, en el Cuerpo de Interventores de Administración Local. Ejerció de Interventor en el Ayuntamiento de Palos de la Frontera (localidad que le condecoró con su escudo de oro) y de Vice-Interventor y, posteriormente de Interventor, en el Ayuntamiento de Huelva, cargo en el que se jubiló en diciembre de 1986. Fue Interventor de la Organización Sindical desde 1948 hasta la desaparición de tales Sindicatos. Lo que causa nuestra admiración es su incansable brega de luchador nato que supo vencerse a sí mismo antes de enfrentarse con los demás, su seguridad para no amedrentarse ante ningún desafío y, finalmente, una de las mejores cualidades de su carácter: su capacidad para asumir responsabilidades. ¡Ah! como prestación personal hacia la ciudad que tanto amó, Huelva, fue concejal de su Ayuntamiento desde 1958 a 1962.
Pero con haber brillado mucho su talento, su laboriosidad y su ingenio, se le apreciaba aún mucho más por su espíritu caballeroso, por la grandísima bondad de su carácter que le ha llevado a un fuerte compromiso con la sociedad que le rodeó y especialmente con los más desfavorecidos.
Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios (y II)
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Entre sus aficiones destacaron el deporte, la música y la literatura. En el primero, resaltamos que figuró en la alineación del primer equipo de balonmano o handball que tuvo Huelva. En este sentido el historiador que suscribe este breve bosquejo biográfico, en su Gran Enciclopedia de Huelva testimoniaba esta circunstancia:
<<…Los dirigentes del S. E. U. reclutaron sus hombres, les enseñaron las reglas del juego del balonmano y los sometieron al entrenamiento necesario. Y como coincidía que eran magníficos futbolistas y practicantes válidos de diversas pruebas atléticas y no repararon en sacrificio para probar en el viejo Velódromo su extraordinaria valía, el día anunciado estaban dispuestos los catorce jugadores a que se convirtiese el partido, que se celebraría el 23 de abril de 1939, en todo un espectáculo.
Días antes, los entusiastas estudiantes del SEU marcaron un campo con las medidas reglamentarias e instalaron dos porterías de poco menos de tres metros de anchura por casi dos de altura.
Las pruebas atléticas, ciclistas y el partido de balonmano fueron presenciadas por numerosos aficionados. Pero, dejemos que sea el cronista deportivo del diario “Odiel” quien nos haga conocer los lances y las alineaciones presentadas en aquel histórico partido:
<<…A continuación se dio un descanso, siguiendo un partido de Handball entre dos selecciones de estudiantes afiliados al S. E. U.
La selección A vestía camiseta azul y el equipo B camiseta blanca.
La primera quedó alineada de la siguiente forma: Miralles; Victoriano y Moreno; Romualdo, Martín Ch. y Martín D.; Faustino, Blanco, Terrades, Camacho y Morón.
El equipo B estaba alineado así: Buigues; Rovira y Tortosa; Vozmediano, Lazo y Vito; Arazola, Vega I, Klauss, Cerisola y Segovia.
El encuentro resultó en extremo interesante, despertando desde el primer momento gran interés en el público onubense que presenciaba por primera vez un partido formal de handball.
Al comienzo se hizo notar el gran empuje de los blancos que asediaron la puerta del equipo azul con gran insistencia. No obstante el buen juego al final del primer tiempo, los azules lograron su primer tanto que fue ovacionadísimo y saludado con un pasodoble por la banda.
El segundo tiempo se caracterizó por la regularidad del juego aunque no llegó a resultar monótono.
Los dos bandos lucharon con ahínco y buenas formas, haciendo que el interés no decayera un momento.
El partido terminó con 3-2 a favor de los azules o sea del equipo A, pero es justo hacer constar que los dos pusieron igual entusiasmo y capacidad en el juego.
Actuó de árbitro Willy Hexamer.
Entre el primero y segundo tiempo se realizaron pruebas ciclistas en tres categorías…>>.
También recordamos que participó en pruebas de natación y atletismo. Asimismo, Ernesto Lazo fue socio, jugador del Recreativo y Tesorero en la Junta del primer ascenso a 2ª, en 1957, bajo la presidencia de Ramón López García. Fue también presidente de la Federación Onubense de Atletismo en los años 70. Su otro equipo del alma, desde su infancia, fue el Español de Barcelona
Hombre polifacético, ejerció diversos cargos deportivos en el SEU, de 1936 a 1945, y fue jugador titular del mencionado Sindicato. En el mismo período de tiempo y en la misma entidad, desarrolló diversos cargos culturales, con actuaciones en prensa y radio, casi siempre en colaboración con Diego Morón González. Recordado es el programa titulado “Habla el SEU”, con artículos de fondo e información general para estudiantes. Tenía periodicidad semanal y se realizaba a media tarde.
En el segundo apartado de sus aficiones, siempre se sintió subyugado por ese ritmo cadencioso y arrebatador que llamamos tango. Así, conocía hasta en sus detalles nimios la biografía y discografía del gran astro argentino, Carlos Gardel. En este sentido, las circunstancias de la vida no le permitió realizar uno de sus anhelos: visitar Buenos Aires, la ciudad porteña, en la que se hubiera impregnado, sin duda, de las exquisiteces del bandoleón.
Con respecto a la gran afición por la literatura, su abuelo Manuel Lazo Real todos los días hacía escribir unos renglones a sus nietos. Ese interés lo fue manteniendo a lo largo del tiempo. Eran los años de gimnasia del estilo, en los que ponía a punto su galana pluma para escribir en verso y prosa.
En un sentido más elevado, sus poemas figuraron en la obra “Antología de poetas onubenses”, editado en Huelva en 1976.
Fue en la prosa donde su fértil ingenio supo alcanzar su máxima cota, proporcionando muchos ratos de regocijo al pueblo de Huelva que leía con avidez sus trabajos, vertidos en los diarios “Odiel”, “La Voz de Huelva”, “Huelva Información” y “El Mundo. Huelva noticias”.
Sus primeros artículos, evocación de la Huelva de su infancia y juventud, los reunió en un libro titulado “Mi Huelva tenía una ría”, aparecido en 1985, de tanto interés para los lectores que ya va por la tercera edición.
El sol, el mar, las playas de Punta Umbría, el Recreativo de Huelva y sus jugadores, los edificios capitalinos, las calles y plazas huelvanas, nuestra Semana Santa y nuestras Hermandades del Rocío, los temas colombinos, unos ojos, una hermosa cabellera de una bonita mujer, son algunos de los temas que su numen literario hacía florecer en sus bonitos artículos y que recopiló en su segundo libro “Playas de terciopelo”, editado en diciembre de 2005, con el que ha repetido éxito.
También debemos añadir que Ernesto Lazo fue autor de la letra del “Himno a la Virgen de la Cinta”. La labor pentagramística la realizó el gran compositor Primitivo Lázaro.
Encariñado enormemente con su ciudad, a su jubilación Ernesto Lazo desarrolló tareas sociales y culturales en beneficio de ella: Miembro de la Real Sociedad Colombina Onubense, participó activamente en sus actividades llevando el nombre de Huelva por toda la geografía española y desarrolló la labor de Tesorero de la misma en la década de los noventa; miembro activo de la Junta directiva de la Hermandad de la Cinta es autor, como se ha indicado, del Himno a la Virgen; impartió conferencias sobre su particular visión de Huelva a requerimiento de varios colectivos sociales, participó eficazmente como intermediario, a petición del entonces alcalde Juan Ceada, en la negociación, bloqueada hacía años, entre los albaceas de Diego Díaz Hierro y el Ayuntamiento de Huelva consiguiendo para la ciudad un valiosísimo fondo documental; fue pregonero de varios actos, y desarrolló una intensa labor humanitaria impulsando la Comisión Pro Asilo de Ancianos Desamparados, colaborando con la Parroquia como catequista y cuando ya su cansado corazón le impide lidiar con la extrema vitalidad de los chavales, en otras tareas más tranquilas que el párroco le encomienda a sabiendas de su buen hacer, talante conciliador y amistades cosechadas a lo largo de más de ochenta años de trabajo, optimismo y Bonhomía.
Entre sus amigos hay que destacar en primer lugar a toda aquella promoción de Bachillerato con los que siguió manteniendo contacto y relación: Juan Gómez Hiraldo, intelectual y flamencólogo; Diego Morón González, José Díaz Martín, químico; Victoriano RuiGómez, José Gil, médico; Ramón Rovira… En otros ámbitos destaquemos su amistad con el pintor universal José Guevara, el poeta Jesús Arcensio, el músico Primitivo Lázaro y con el periodista y escritor Rafael Manzano, con el que mantuvo una enriquecedora correspondencia.
Luchador incansable, hombre íntegro y de carácter afable, buena persona en suma, se puede decir parafraseando a su buen amigo ya desaparecido el poeta Rafael Manzano, que ha pasado su vida con Huelva en los labios.
En la parcela sentimental, Ernesto contrajo matrimonio con Joaquina López Olmo, nacida en Huelva en 1923 e hija de un hombre muy vinculado con la historia de Huelva, Ramón López. De esta unión han nacido nuestra buena amiga, María Dolores, Archivera del Excmo. Ayuntamiento, María Piedad y María José, licenciadas, respectivamente, en Geografía e Historia, Psicología y Filología Francesa.
Ernesto Lazo Gómez falleció en Huelva el día 23 de julio de 2009.
jueves, 3 de junio de 2010
Ernesto Lazo
jueves, 20 de mayo de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Monumento al Espíritu Olímpico
El Monumento al Espíritu Olímpico
Uno de los aspectos de la vida de la antigua Grecia que el hombre moderno admira más y lo justiprecia en alto grado es la importancia que los griegos daban a los ejercicios físicos, hasta el punto que para ellos, el hombre perfecto, la persona de bien, el varón modelo a seguir, no era el culto y bueno, sino el que unía a las virtudes morales la belleza corpórea y la salud física, es decir, el que era, como decían , “hermoso y bueno” (kalós kagathós).
Aquellos Juegos, cuyas pruebas congregaban en Olimpia a miles de personas procedentes de todo el territorio heleno y que eran capaces de suspender las hostilidades entre las díscolas ciudades griegas, se celebraron por última vez en el año 393 de nuestra Era. Al año siguiente quedaron abolidos al publicar el emperador Teodosio el Grande un edicto prohibiendo las ceremonias y fiestas paganas. La generación siguiente, con Teodosio II en el poder, hizo arrasar los templos de Olimpia. El recinto de los Juegos, seriamente dañado por las destrucciones de los pueblos bárbaros invasores del Gran Vacío y de los terremotos, y sepultado por los aluviones de los ríos Cladeo y Alfeo, durmió quince siglos bajo los escombros y la ligera capa de polvo del olvido que proporcionan tantas centurias.
En el siglo XVIII la Arqueología llamó insistentemente la atención sobre aquellas ruinas. Más tarde, las expediciones arqueológicas francesa y alemana exhumaron lo que aún quedaba de Olimpia y se fue acentuando la idea, que tuvo como principal adalid al barón Pierre de Coubertín, de reconstituir los antiguos esplendores de los Juegos que se hizo realidad cuando el día 5 de abril de 1896 se inauguraba en Atenas la primera Olimpiada moderna, cuando el rey Jorge I de Grecia pronunciaba las palabras rituales: “Declaro abierto la I Olimpiada moderna…”.
Así se perpetúa la tradición de los Juegos. A partir de la última fecha citada, cada cuatro años, en la apertura y mientras duran las pruebas olímpicas, brilla sobre la arena la llama encendida al sol de Olimpia, previamente trasladada desde la ciudad que albergó los Juegos por última vez.
Y ocurrió que en 1968 organizó Méjico los Juegos Olímpicos. Y como la antorcha debía atravesar el Océano Atlántico, quisieron darle, por haber protagonizado en 1492 los marineros onubenses la gran epopeya del Descubrimiento de América, a nuestra provincia el honor de que se embarcase la llama olímpica desde uno de sus puertos.
La antorcha olímpica llegó a Barcelona el día 31 de agosto de 1968, desde donde comenzó su peregrinar por distintas provincias españolas hasta llegar a nuestra ciudad en donde sería embarcada para América.
Para ser testigos de honor de embarco de la Llama y de su cuido hasta su país, el Comité Olímpico mejicano envió a nuestra capital a cuatro miembros que llegaron el día 11 de agosto del citado año acompañados de varios representantes de la Federación Española de Atletismo.
Para que todo se desarrollase a la perfección, se nombró un Comité provincial compuesto por Santiago Fernández Olivares, delegado provincial de Juventudes y Secretario de la Junta Provincial de Educación Física, Manuel Sánchez Rodríguez, como jefe de protocolo y ceremonial, José Ruciero Martel, encargado del transporte y alojamiento de los atletas,; Faustino Rebollo Viejo, a cuyo cargo estuvo la coordinación; Vicente Quiroga Juanes, en representación de las emisoras de Radio; Pedro Mayo Gómez, que actuó como técnico en el recorrido…
La antorcha llegó a la provincia de Huelva el día 10 de septiembre, fecha en la que fue recibida por el Comité provincial en el límite con la de Sevilla y punto geográfico en donde los atletas huelvanos relevaron a los de Sevilla, siendo transportada en constantes relevos.
A Huelva llegó el día 10 de septiembre e hizo su entrada en la provincia, desde cuyos límites los atletas huelvanos tomaron de los de Sevilla la Antorcha, siendo traspasadas kilómetro a kilómetro. Su llegada a nuestra capital se produjo alrededor de las ocho y media de la tarde de dicho día.
Participaron en el traslado de la Antorcha unos cien atletas onubenses que habían sido debida y perfectamente equipados por el Comité Olímpico español.
Previamente, se había invitado a los alcaldes de las poblaciones de Manzanilla, Villalba del Alcor, La Palma del Condado, Villarrasa, Niebla, San Juan del Puerto y Palos de la Frontera para que el recorrido estuviese engalanado. La llegada a la capital se verificó a las ocho y media de la tarde. En la plaza del Ayuntamiento se realizó el acto protocolario (interpretación del himno olímpico, pequeño discurso del alcalde, Federico Molina Orta, suelta de palomas, cohetes y tracas, culminando el emotivo acto con la entonación del himno nacional) en honor al espíritu olímpico.
En este punto, para conocer el comienzo del periplo marítimo que conduciría la Llama Olímpica a país hermano de Méjico, cedámosle la palabra al hábil reportero del diario “Odiel”:
<<…Después de los actos citados, los atletas trasladaron la Antorcha hacia la Punta del Cebo donde embarcó continuando el itinerario que sigue: atravesó la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Una vez desembarcada, continuó el recorrido pasando el Monasterio de La Rábida para seguir hasta Palos de la Frontera, hasta la plaza de la iglesia de San Jorge, Plaza del Ayuntamiento y continuó el regreso hacia La Rábida, en cuyos terrenos entraría por la plaza de la Universidad Hispanoamericana, ocupada por estudiantes europeos y americanos, para llegar al túmulo de velas que fue montado junto al Monasterio.
Al día siguiente, desde el Muelle de La Rábida, regresó al Monasterio y, ante la Virgen de los Milagros, la marinería de la Comandancia de Marina cantó la Salve Marinera y sin más dilación el barco tomó rumbo a Méjico…>>.
La culminación de aquel histórico paso de la Antorcha Olímpica por Huelva fue la erección de un Monumento al Espíritu Olímpico. Nos honra decir en este momento que no podemos olvidar que quince años antes de que se recuperaran los Juegos Olímpicos modernos en el citado año 1896, ya se celebraban en la ciudad del Tinto y del Odiel unos juegos deportivos con igual denominación organizados y tutelados económicamente por los ingleses de la Compañía de Riotinto que durante su permanencia tanto promocionaron los deportes en la provincia de Huelva.
El Monumento que nos ocupa tenía las características siguientes: La base o pedestal del Monumento la constituía un círculo de cuyo epicentro emergía un soporte cilíndrico que conectaba con otro círculo de menor tamaño que, superado por el citado soporte cilíndrico enlazaba con dos círculos más pequeños que se situaban en un plano inmediatamente superior. Todavía, el tubo cilíndrico continuaba siendo el centro de cinco círculos concéntricos y que a la vez que tomaban altura reducían sus tamaños. Sobre el más pequeño, que coronaba el singular basamento, se observaban los aros olímpicos. Sobre éstos, en lo más alto del Monumento, un esquemático globo terráqueo proclamaba la universalidad del deporte como poderosa base de la fraternidad de los hombres.
Este monumento se ubicaba en la Avenida Francisco Montenegro, entre matorrales y pitas, apenas a un centenar de metros de la ubicación del diario “Huelva Información”, enclave en el que permanecía casi inadvertido para los conductores embebidos en la velocidad de sus vehículos y para los escasos peatones que por allí deambulaban.
El jueves, 18 de agosto de 2005, el diario “Huelva Información” le dedicaba unos renglones:
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El autor de este trabajo de investigación lo contemplaba y se detenía unos instantes delante de él, cuando se acercaba a la sede del hospitalario diario “Huelva Información” para dejar algunas Historias Menudas. Un día, sobre noviembre o diciembre de 2005, advirtió que el monumento había desaparecido y con él uno de los nexos de nuestra capital con los Juegos Olímpicos.
jueves, 22 de abril de 2010
Rogelio Buendía Abreu, insigne novelista
El insigne novelista Rogelio Buendía Abreu
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A distancia de casi setenta años de su muerte, Rogelio Buendía Abreu, aparece como una de las figuras más importantes de la novelística española de su tiempo. No logró en vida el triunfo material. Ni siquiera su sueño de ver publicadas todas sus obras, uno de cuyos manuscritos, titulado “Los niños y los pájaros”, se ha perdido en el viento de las décadas. Pero, la publicación reciente de varias de sus obras, por parte de la Diputación Provincial, ha iluminado nuevamente su personalidad literaria.
En el año en que nació Rogelio, España sentía sobre sus valles tropel de caballos y agudo sonar de cornetas militares. Está próxima la batalla de Alcolea que exiliará a Isabel II y traerá una nueva dinastía a nuestro país y, dos años más tarde, la I República.
En estos días románticos y revolucionarios, exactamente el 27 de noviembre de 1867, nace en Ayamonte Rogelio Buendía Abreu, hijo de Juan Buendía Hernández, marinero, y Juana Abreu Márquez, que habían contraído matrimonio en la iglesia de la Concepción el 3 de junio de 1859 (1), siendo los padres del contrayente Juan Buendía y Manuela Hernández, y los de la contrayente, Joaquín Abreu (natural de Villanueva) y Rita Márquez, natural de Alcalá.
Rogelio fue el quinto vástago de la familia. El primogénito era Francisco de Paula, nacido en Huelva el 7 de abril de 1860 (2), al que seguían, José, nacido en Huelva el 15 de marzo de 1861 (3), Aurelio, nacido en Huelva el 13 de noviembre de 1863 (4) y Rafael, nacido en Huelva el 3 de mayo de 1866 (5).
Advertimos que los vaivenes de la diosa Fortuna llevaron al matrimonio a fijar su residencia en Ayamonte que es donde vio la luz primera, Rogelio.
Hubo en la niñez de Rogelio continuos toques de felicidad. Con muy corta edad, advierte que Ayamonte es el ensueño de un poeta árabe y se siente atraído por el río que casi toca con las manos. El ambiente de su casa es idílico: Sus padres mantienen una hermosa armonía, plena de cariño y comprensión. El recuerdo de estos años quedarán plasmados en su obra “Entre mar y cielo”, novela de costumbres marítimas
A los ocho años sus padres regresan a Huelva (6), en la que continúa los estudios primarios y secundarios. Aquella liliputiense ciudad marinera se convertirá para él en fuente de perenne inspiración a la que dedicará lo mejor de sus pulsaciones literarias. En su casa hay libros, muchos libros, que el niño y adolescente Rogelio lee infatigablemente. Posiblemente constituiría su única formación entre los ocho o nueve y trece o catorce años
Paseos muy cercanos a la belleza del río Tinto, charlas con sus amigos, fantasías y convencimiento de que Dios le procurará de comer. Cerca de él estaba, sin embargo, el sentido de la realidad. Quieren los padres que el muchacho comience a trabajar para ir fogueándose en la vida comercial y le surge un empleo en la Bodega “La Victoria”, denominada así por ocupar parte del edificio y solar donde se elevaba el antiguo Convento de la Victoria, que había sufrido un serio revés tras la Desamortización de Mendizábal. Después, entra como aprendiz en el Bazar del Sr. García Ramos, a la sazón alcalde de nuestra ciudad. Las jornadas son largas, trece o catorce horas. No obstante, su espíritu adolescente siente una apasionada curiosidad por todas las cosas, sobre todo hacia la Literatura y la Historia. La exquisitez de alma hace que Rogelio sueñe en voz alta: Reuniré las pesetas necesarias para abrir una librería.
No sabemos las cuitas económicas de Rogelio Buendía en estos años. No obstante, la documentación existente nos va a permitir tener sobre ellas unos leves conocimientos. Así, a través del documento “Préstamo e Hipoteca”, otorgado el día 19 de mayo de 1893, ante Antonio Díaz Fragoso (7), merced al cual Vicente Álvarez Cruz le entrega mil quinientas pesetas “en billetes del Banco de España”, suponemos que pudo instalar un pequeño negocio de venta de libros en la calle Botica –actual vía Alcalde Mora Claros, añadimos nosotros-. Posiblemente, porque no reuniese el local los requisitos adecuados que exigía su especialidad comercial, al poco tiempo se trasladó a otro que se situaba en la calle Concepción, frente a la parroquia. Y, en noviembre de 1895, consiguió pasarse a la misma calle, número 21, en el que estuvo hasta 1935, fecha en la que deja la actividad comercial, siendo ocupado su local por la papelería “Diario de Huelva”, que se mantuvo en él hasta bien entrado los años ochenta del siglo pasado.
Es posible que la venta de una vivienda a José Barrero Vilariño, mediante documentación otorgada el 7 de abril de 1894, ante el notario Juan Cádiz Serrano (Folio, número 488, número 221), situada en la carretera de Gibraleón (actual Avenida de Alemania), número 5, le ayudase económicamente a adquirir el local, número 21, de la calle Concepción. En definitiva, sabemos que a mediados del año 1898 ya estaba el establecimiento bien asentado comercialmente en la bien nombrada calle Concepción, número 21, ya que mandó insertar un anuncio en la Revista “La Cruz Blanca”, número 43, fechada el día 3 de agosto del citado año que decía:
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En 1890, contrae matrimonio María Dolores Manzano Buendía, hija de Huelva, ciudad en la que había nacido en 1864. De esta unión, nacerán sus hijos: Rogelio Buendía Manzano (nacido el 14 de febrero de 1891), vate de altos vuelos literarios, que alcanzó la cima del Parnaso poético con su inmortal libro “El poema de mis sueños” y cuyo nombre, con el de su esposa María Luisa Muñoz de Buendía, están fijados con letras áureas en la República de las Letras choqueras; María de los Ángeles (1893), María Luisa (1895), Manuel (1896), que fuera prestigioso abogado y Luis (1908), excelente poeta fallecido prematuramente en Cádiz, donde cursaba tercer año de Medicina.
Tras el fallecimiento de su esposa, Rogelio Buendía Abreu contrajo segundas nupcias, en 1933, con Carmen Gallego, hija del que fuera arquitecto provincial, Trinidad Gallego, que dejara altas muestras de su capacidad artística en diversos edificios onubenses.
El matrimonio Buendía-Manzano residió, y allí nacieron todos sus hijos, en la calle Rábida, número 8, en una espaciosa vivienda. A través de la sesión municipal del día 27 de diciembre de 1907, conocemos que también era propietario de otra casa que, dada su ubicación, posiblemente tendría alquilada:
<<…Autorizar a don Rogelio Buendía Abreu para construir zócalos y jamba a limpio y reparar el pretil de su casa de la calle Gran Capitán previo pago de arbitrios…>>.
Una vez establecido, hace vida de café en el que se reúne con la crema intelectual de Huelva y tiene el hábito de sentarse en un rincón de su librería a plasmar sobre el papel sus anhelos y sus inquietudes. Así, a lo largo de años trabaja intensamente publicando en diarios (“Diario de Huelva”, sobre temas colombinos y poesías; “La Provincia”, sobre diversos temas; “El Defensor”…) y revistas cuentos, poesías y leyendas. Inolvidable es el cuento, titulado “El último lance (Cuento choquero)”, que vierte en “Diario de Huelva” en 1923.
Y no se limitaba sus colaboraciones a publicaciones locales, en las que firmaba sus escritos bajo el seudónimo de “Filipo”, ya que su calidad literaria es bien conocida en el resto del país y depositan su confianza en él. Así, en el diario “La Provincia” del lunes, 19 de junio de 1922, podemos leer:
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Pero la pluma casi nunca es bien pagada y por esta razón, su máximo cuidado es que su librería marche lo mejor posible.
Y aquel establecimiento favorecido por los poetas y grato a las musas, fue la meta a la que arribaban todos los intelectuales de la provincia. Allí acude Cecilio Romero, Adriano del Valle, Casto Pino, Diego Durán “Didacum”, todos los integrantes en profesiones liberales y los escolares. En este sentido, el historiador Diego Díaz Hierro contaba en el brevísimo bosquejo biográfico que publicó en “Odiel” el 22 de abril de 1961, en la celebración del Día del Libro:
<<…Muchas son las bellas remembranzas que tenemos de Rogelio Buendía Abreu como librero. Allí íbamos los escolares pendientes del tradicional obsequio de la estampita. Allí iban los valores artísticos de la ciudad para cambiar impresiones con el maestro y estar al tanto del movimiento literario. Todo irradiaba simpatía en aquel establecimiento donde la ancha sonrisa de Rogelio hasta la estantería repleta de novedades…>>.
De cualquier forma, más que un comerciante, Rogelio Buendía fue durante su vida un devorador de libros, un amante de la promoción cultural. En este aspecto, los onubenses cultos y los escritores de la Huelva de entonces debieron estar muy agradecidos a Rogelio Buendía por su apoyo incondicional. Conozcamos dos detalles que avalan este aserto. Así, en el diario “La Provincia” del lunes, 19 de abril de 1915 comentaba que el librero había creado y organizado una Exposición de libros:
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De la segunda muestra de altruismo por parte de Rogelio Buendía nos da cuenta la prensa local en los primeros días de junio de 1922:
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El día 9 de junio de 1922, aparecían en los periódicos locales los escolares premiados.
No todo lo que escribió Rogelio Buendía tuvo el desenlace final de la publicación. En este sentido, el propio autor decía:
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Entre las obras publicadas, dejando en un sitio de honor de cualquier estantería el poemario “Cancionero de amor” (1920), por Rogelio Buendía Abreu vamos a detenernos en tres de ellas: “Luz”, “La Casa Grande” y “La señorita”
La primera novela que vio la luz en la producción de Rogelio Buendía fue la titulada “Luz”, aparecida en los primeros meses de 1922. Es la novela de un poeta, de un hombre que ama profundamente a Huelva a la que exalta consciente de que ha estudiado sus bellezas y sus bondades y las describe primorosamente con su pluma galana.
Antonio de Salas opinaba así en las páginas de “El Defensor”:
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El éxito de “Luz” fue tan fulminante que se sacaron varias ediciones alcanzando todos los rincones literarios de España. Así, en el diario “El anunciador”, sin duda el de mayor circulación en el campo de Gibraltar se hacía hincapié a este triunfo del onubense:
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“La casa grande” (1924) es una novela en la que se realzan las costumbres del Andévalo. El director del diario “La Higuerita” de Isla Cristina criticaba la obra de la siguiente guisa:
<<…Por eso “La Casa Grande es una novela que habrá de venderse mucho, máxime habiendo su autor puesto en ella todos sus entusiasmos produciendo su lectura un singular sabor de las sanas almas del Andévalo…>>.
La portada de este libro, en la que se observa la vivienda típica de la Sierra, se debe al pintor J. Martín Estévez, natural de Villanueva de los Castillejos, que precisamente comenzó su andadura artística publicando en el simpático diario isleño.
Fue tal la calidad de esta obra que Jacinto Benavente le dirigía la siguiente carta al onubense:
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En 1928, publicó Rogelio Buendía su novela titulada “La señorita”, editada por la madrileña Editorial Páez.
En esta copiosa obra (tenía 375 páginas), anunciada como novela de costumbres serranas, el personaje central es un médico que apenas terminada la carrera se ve obligado a refugiarse en un pueblo muy pequeño, en el que todos son inconvenientes y en el que solamente hay una señorita (de ahí que la llamen “La Señorita”) de la que se enamora y lleva al altar.
El crítico del diario “El Defensor” tenía la siguiente opinión acerca de esta obra:
<<…La novela de Buendía Abreu es un canto a Aroche, “este pueblo privilegiado, único en la provincia por su dilatadísimo término”, y a la belleza imponderable de sus montañas, “cuyas cimas y flancos están salpicados de encinas centenarias y olivos milenarios besan amorosas las nubes, envolviéndolas en el velo impalpable de sus brumas, que se deshacen en plateadas hebras, apenas el sol paciente las acaricia con sus primeras lumbradas alegrando el inmenso paisaje y llenándolo todo con la música eterna e inimitable de su luz…>>.
Rogelio Buendía falleció en Huelva en la mañana del día 16 de agosto de 1941. El diario “Odiel”, al día siguiente, apenas da cuenta de su muerte, da la noticia en diez líneas, ni una más ni una menos:
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(1) Libro de matrimonio número 148. Anotación, número 34.
(2) Libro de nacimiento, número 163, folio 209.
(3) Libro de nacimiento, número 164, folio 73 vuelta. Anotación, número 104.
(4) Libro de nacimiento, número 165, folio 101, número 310.
(5) Libro de nacimiento, número 166, folio 81, número 249.
(6) Padrón Municipal de Huelva. Año 1930.
(7) Escritura e hipoteca a Rogelio Buendía Abreu de Vicente Álvarez Cruz,
otorgada en 19 de mayo de 1893, ante don Antonio Díaz Fragoso (F. 1074,
número 0,13 Don Vicente le entrega mil quinientas pesetas “en billetes del
Banco de España”.
jueves, 15 de abril de 2010
Cinema Rocío
El Cinema “Rocío”
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Como en todo momento de transición, Huelva, en la actualidad, en estas últimas convulsiones que están dando paso de lo viejo a lo nuevo, vuelve frecuentemente sus ojos hacia atrás. Apenas pasa día sin que alguien exprese una nostalgia. Ahora le está tocando el turno al Mercado del Carmen que dará paso a una plaza porticada. En su lugar, se eleva un armatoste en la vieja Avenida de Italia. El cambio ha sido brusco, drástico. Es una ciudad totalmente nueva la que se va elaborando. Por eso, el recuerdo de las vivencias antiguas es bálsamo que aminora el dolor de los que consideramos que en toda ciudad es interesante la supervivencia de lo antiguo. En este sentido, es placentero recordar un cine que, aunque fue flor de un verano, dejó su nombre para la historia del celuloide en nuestra ciudad. Nos referimos al cinema “Rocío”.
A lo largo de décadas, el cine fue ganando adeptos en tal magnitud que donde había un solar se le daba los mínimos toques higiénicos, de seguridad y ornato y se le convertía en un cine de verano.
En los meses iniciales de 1941, don Ramiro Monfort Mir solicita (Legajo, número 561 del A. M. H.) las aperturas de dos cines, uno establecido en la Plaza de Toros de la Merced y el otro en la risueña calle José Nogales. De cualquier forma, el cine “Rocío” se anunció siempre que perteneció a la “Empresa Soler”.
Y con unas modestas obras consistentes en dejar en condiciones el piso donde se asentarían las sillas, elevar unos muros que cercaran el recinto cinematógrafo e instalar una arcaica cabina para proyectar los filmes. El día 3 de junio de 1941 el “Odiel” insertaba en sus páginas la siguiente y escueta avanzadilla informativa:”Cinema Rocío. Próxima inauguración”.
Por fin, el sábado 21 del citado mes y año el mismo diario anunciaba con júbilo los primeros latidos del nuevo cine de verano:
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Para los amantes de las estadísticas, añadiremos que el precio de la entrada ascendió a una peseta y treinta y cinco céntimos.
El día 25, la prensa local daba cuenta de aquel acontecimiento histórico para el cine huelvano:
<< Ha sido inaugurado el Cinema Rocío, instalado en la calle José Nogales; el local se encontraba repleto de numeroso público, que aspiró las bellezas y calidades de las cintas proyectadas.
Felicitamos a la empresa por el acierto de esta inauguración y le deseamos en la temporada muchos éxitos>>.
A lo largo del resto del verano la sesión de este cine se componía de un Noticiero (normalmente de la Casa alemana UFA) y dos películas. Los viernes, se daban sesiones más económicas llamadas “Fémina”. Conozcamos algunas de los filmes proyectados en este casi desconocido cine para las nuevas generaciones:
25-6-1941: “El túnel submarino” y “La pícara música”
26-6-1941: “El rayo lento” y “La pícara música”.
27-6-1941: “El rayo lento” y “El sargento Berry”.
28-6-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-6-1941: “Aféitame tú a mí”, por Popeye el marino, y “Adorable enemiga”.
1-7-1941: “Donde menos se espera” y “El legado de la estepa”.
2-7-1941: “El bailarín y el trabajador”, por Roberto Rey y Estrellita Colomer, y
“Una aventura de Mozart”.
3-7-1941: “La llamada de la selva” y “Dos soldaditos”.
4-7-1941: “La pimpinela escarlata” y “El paso del ocaso”.
5-7-1941: “Melodías de un rascacielos” (dibujos) y “Nobleza obliga”.
6-7-1941: “El rey del bataclán” y “La última avanzada”.
9-7-1941: “Un vagabundo millonario” y “Viaje de placer”.
10-7-1941: “El desaparecido” y “El vagabundo millonario”.
11-7-1941: “El desaparecido” y “Una avería en la línea”, por Spencer Tracy.
12-7-1941: Popeye el marino en “Duelo morrocotudo” y “Una hora en blanco”.
13-7-1941: Mismo programa que el día anterior.
15-7-1941: “La llamada secreta” y “El tigre”.
16.7.1941: “Popeye el Marino”, trailer de “La fuga de Tarzán” y “El héroe
público número 1”.
17-7-1941: “Popeye el Marino”, “Tobie” y “Emisora secreta L B 17”.
18-7-1941: “La fuga de Tarzán”, “Tobie” y “Emisora secreta L B. 17”.
22-7-1941: “Seguoia”.
25-7-1941: “Dejada en prenda” y “Madre Alegría”.
27-7-1941: “La vuelta de Arsenio Lupin”.
29-7-1941: “En los tiempos del vals”, por Ramón Novarro.
30-7-1941: “En el amor”.
31-7-1941: “El refugio”.
El viernes, 1 de agosto, se proyectaron las películas “Así es el amor” y “En los tiempos del vals”. En otro lugar del diario se anunciaba: “Estén atentos el día 5 a la nueva reorganización”.
Los días festeros de Colombinas los aprovechó la Empresa para realizar las modificaciones necesarias para levantar un pequeño escenario donde pudiesen actuar determinadas atracciones o espectáculos.
5 y 6 de agosto, 1941: “Vals Real” y “El Cardenal Richelieu”. El día 5, se anuncia las nuevas modificaciones del cinema que historiamos.
7-8-1941: “El Cardenal Richelieu” y “El Refugio”.
El viernes 22 de agosto, a las nueve y media de la noche, el Cinema Rocío, “Palacio del espectáculo”, anuncia el espectáculo “Cartel de Feria”, con Molero y su Orquesta y otras atracciones y avanza que al día siguiente actuaría “Pilarín de Aragón”.
El sábado 23 y el domingo 24, a las 10 de la noche, la Empresa Soler ofrece una velada de varietés selectas: Celia-Simoney, colosos de la danza moderna; “Pilarín de Aragón”, gentil estrella de la canción regional; el cantaor “Gitanillo de la Cava” y, en los intermedios de estas actuaciones, bailes en la pista. Los precios eran asequibles: Caballeros, 3 pesetas. Señoras, 2.
Los últimos latidos del Cinema “Rocío” fueron deportivos. Así, el sábado 14 de septiembre de 1941, a las diez y media de la noche, se anunciaban cuatro grandes combates de boxeo. Durante el transcurso de la velada se enfrentarían en los pesos plumas: “Manuel Díaz, de Huelva, y Juan Gil, del “Merced F. C.”. Pesos ligeros: Rafael Sánchez “Faito”, duro pegador de Huelva F. C. contra Nicasio Martín, valiente boxeador sevillano. Pesos ligeros. Gran revancha José León Capelo, ídolo onubense, Huelva C. F. contra Rafael Vallor, gran esgrimista sevillano. Pesos libres. Sensacional y emocionante revancha. Antonio Martín, invencible boxeador sevillano y esperanza de Andalucía, contra Segundo Bernal, campeón de Galicia y formidable encajador. Esta velada está controlada por la Federación Española de Boxeo. Sillas de ring, 3,50. Sillas de preferencia, 2.50. General de pie, 2. Cada caballero puede llevar una señorita. Los socios del Huelva C. F. sólo pagarán media entrada.”.
Finalicemos este trabajo de investigación describiendo la fachada del Cinema “Rocío”: Era ésta uniforme. Esta monotonía quedaba rota por la puerta de acceso a la terraza donde se situaban las sillas y las dos taquillas, donde se expendían las entradas.
Coronaba la citada puerta, un enrejado cartel en el que destacaba el reclamo CINEMA ROCIO, flanqueado por tres barras de fino herraje, la primera y la tercera de ellas terminadas en punta de fecha y la segunda o del centro en artística farola. En definitiva, una composición que se juzgaba muy artística para un cine de verano que sólo perduraría dos o tres meses a lo sumo.
jueves, 8 de abril de 2010
Alejandro Vega
Alejandro Vega, el gran bailaor onubense
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Alejandro Corsi Oliveira nació en la calle Ginés Martín (actual Doctor Vázquez Limón) el día 19 de julio de 1910.
Su padre, Alejandro, de nacionalidad italiana, pero afincado en Huelva desde hacía muchos años, tenía una espartería en la calle del Carmen. Era hermano de Francisco, uno de los mejores jugadores que han militado en el Real Club Recreativo de Huelva.
Alejandro pasó sus primeros años entre esteras, alfombras y canastos, mirando al mar, haciendo pinitos de comerciante al despachar algún artículo y dando algunos taconazos mientras levantaba airosamente los brazos…ajeno a los problemas de aquel entonces y a los desvelos de su padre por sacar adelante económicamente a la familia. Vivió a la sombra del viejo edificio del Mercado del Carmen y de su mañanero ambiente bullicioso, de aquí para allá, adentrándose en aquel mundo flamenco que cobijaba la calle Gran Capitán, mientras empezaba a bailar intuitivamente, viendo cómo lo hacían los artistas que arribaban a nuestra ciudad.
A través del Padrón Municipal de 1924 (1), advertimos que en la calle Almirante H. Pinzón (actual calle Marina), número 1, vivía con su tía Francisca Oliveira Quintero, el esposo de ésta, Enrique Vázquez García y sus primos Manuel, Enrique y Juana. En esta anotación contaba Alejandro trece años de edad. Otro datos que nos llega de sugerencias es que en este Padrón figura como transeúnte con residencia legal en Málaga, con lo que deducimos que sus padres se habían desplazado a la bella capital mediterránea en la citada fecha.
Una vez realizado el servicio militar, buscó mejores horizontes artísticos en la capital hispalense, por lo que nos vemos obligados a narrar, a través del “Diccionario Enciclopédico del Flamenco”, de José Blas Vega y de Manuel Ríos Ruiz, la etapa profesional de nuestro paisano:
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González Climent dice en su obra que “En el baile, Antonio es el primer bailarín andaluz y Alejandro Vega es el primer bailaor flamenco. Que Antonio es la genialidad del equilibrio y Vega es la genialidad del pellizco. Plástica de la inteligencia, el uno. Plástica de la pasión, el otro. Antonio es ángel. Vega es duende; Antonio es toda Andalucía. Alejandro Vega es un punto cualquiera del triángulo clásico de Cádiz, Sevilla, Jerez y Huelva…”.
(1) Padrón de 1924, página 19, Distrito 1ª, sección 3ª, tomo 1.
viernes, 26 de marzo de 2010
Lema el doble de Cantinflas



Lema, polifacético doble de “Cantinflas”
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Bucear en la trayectoria vital del gran Lema, uno de los mejores imitadores del genial Mario Moreno “Cantinflas” es oírle hablar de sus temas preferidos –el gran “Cantinflas, el humor, “Cantinflas”, Huelva y sus tradiciones, “Cantinflas”, el arbitraje de fútbol y el gran “Cantinflas”-, es algo no sólo fascinante, sino también muy divertido.
En el año 2005, la Asociación de Vecinos del barrio del Molino de la Vega fue invitada a participar en el programa de Canal Sur “Mira la vida”. Y como alguien tenía que hablar de la historia de la barriada, me invitaron a que yo fuese el encargado de tal misión. Se puso el autocar camino de Málaga (donde se realizaría el programa) y, de improviso, observé que uno de los pasajeros se levantaba de su asiento y se dirigía a la parte delantera del coche y se situó junto al conductor. Contó un chiste con mucha gracia y otro, y otro y así estuvo contando chistes, que causaban la hilaridad de todos durante el trayecto y, lo más sorprendente, sin repetir ninguno. Él iba como uno de los atractivos de la barriada y derrochaba por doquier el no muy abundante tesoro del humor.
La imagen del barrio quedó óptimamente en aquel programa. Este humilde servidor de la Historia de Huelva dio a conocer las excelencias del barrio (que no son pocas) y como final del programa salió a escena un hombre bajo, que por su aspecto, su forma de hablar y su atuendo parecía el redivivo “Cantinflas”. Tras su actuación, quedó flotando en el ambiente una salva de aplausos.
Los orígenes de este seudónimo de “Cantinflas” fueron los siguientes: En el Colegio “Funcadia” que es donde estudiaba, había un personaje, José Sousa Fernández, conocido cariñosa y popularmente con el remoquete de “Pepe el Lámpara”, que imitaba a Cantinflas de manera magistral. La admiración de Lema por “Cantinflas” viene de muy antiguo, ya que además de ser gracioso, mandaba unos mensajes muy humanos y tenía el don de la espontaneidad. Tanto le gustaba, que no se perdía ninguna película que se estrenase en Huelva del genial mejicano. Además, “El Lamparilla” le enseñó bastante para que saliera airoso en la interpretación del citado personaje. En Lema convergían muchos de los méritos de Mario Moreno: su estatura, sus facciones, sus ademanes, su espontaneidad y como Lema también habla mucho sin decir nada, quiso testimoniar la admiración que le tenía parodiándolo en cuantas ocasiones tuviese. Así, desde 1985 siempre ha participado en la Cabalgata carnavalera disfrazado de “Cantinflas” y haciendo reír a un marmolillo. Durante el recorrido le dicen: “¡Qué bien vas!”; las personas mayores se vuelcan en piropos: “Oy, qué guapo vas, te pareces mucho a “Cantinflas”, y no faltan algunos que ante tantos años con el mismo disfraz le dicen con cariño: “Lema, ¿otra vez lo mismo? Él, con su especial gracejo le contesta: “Mira, este año, el remiendo que tenía en la pierna izquierda me lo he puesto en la derecha, pero te voy a decir una cosa: Soy el que menos se gasta en el ropaje del Carnaval y el que más me divierto”. Y es que imitar y bailar como “Cantinflas” lo hace a la perfección. Encarna tan fehacientemente al personaje, porque lo vive, porque se cree que es, en realidad, “Cantinflas”. En este sentido, sus actuaciones han sido numerosas ante los desvalidos, los ancianos, los niños… Su premio: lograr que la sonrisa aflore en los labios de ellos, ya que él no cobra nada por actuar. En ocasiones, el 25 de julio de 1989, ha actuado para eventos humorísticos, como “La Semana de humor de Lepe”, precisamente al día siguiente se afilio a ARO (Alcohólicos Rehabilitados Onubenses), ya que Lema antes de la citada fecha siempre había vivido a la ligera, sin preocuparse demasiado de los problemas que le salían al paso, y sin asustarse nunca de los conflictos que su propia ligereza le creara. Él, hasta aquella fecha, había pensado que la existencia es un juego de azar y sólo los perturbados se obstinan en regir el azar con las leyes del cálculo. Trasnochaba bastante y se levantaba tarde, ya que él no creía que Dios ayudara al que madrugaba: “ahí están las gallinas que, a pesar de que se levantan con los primeros rayos de sol, envejecen poniendo huevos para que se los coman los demás y acaban dentro de una cazuela”. Pero, pongámonos serios: ARO lo llevó por la senda adecuada que nunca ha abandonado. Dejó el alcohol y el juego y se convirtió en un hombre.
Otra habilidad que practica el amigo Lema es el arbitraje. Su afición por el fútbol lo llevó a que se alineara en el equipo “Alesincas”, creado, como tantos otros conjuntos (llevó la dirección del Victoria, del Viaplana, fundó el Juventud del Rocío, etc.) por el inolvidable José Ramos Pipió. Este equipo, perteneciente a los Sindicatos Horizontales, lo dirigían Bogado y Carrascal. También defendió los colores del Juventud del Rocío, jugando en el viejo Velódromo…No obstante, su afición al arbitraje futbolístico le vino gracias a un sacerdote de los Salesianos, Francisco Vázquez, conocido por el “Padre Vázquez”, que organizaba Campeonatos de fútbol y les dio, al recordado Macías Tomillo y a él, la oportunidad de arbitrar algunos partidos. Ambos, se sorprendieron de lo gratificante (con todos los inconvenientes que tenga) del arbitraje y para no alejarse del fútbol comenzaron a arbitrar de juez de línea. Él sería un colegiado veterano, ya que tenía treinta años cuando dejó el fútbol provincial como jugador.
Con el tiempo, viendo el Delegado, José Salguero Urreta, que arbitraba muy bien, depositó su confianza en él y como cada dos años ascendía un árbitro a la categoría inmediata superior, decidió darle una oportunidad y lo mandó dirimir el encuentro “Pinzón” de Palos-Recreativo B, partido en el que solamente cumplió.
Al final de la temporada ascendió a Segunda Regional. Dos años más tarde, hizo lo propio a Primera Regional en la que estuvo dos años y lo hizo tan magníficamente que todos señalaban que ascendería, pero, los enchufismos impidieron en los despachos lo que él había conseguido en el terreno de juego y optó por retirarse de la competición.
En aquel entretanto, él trabajaba en el Bingo del Hotel “Luz”, pero al cerrar éste, se vio necesitado a volver al Colegio de Árbitros. Vuelve al peldaño más bajo y asciende a Primera Regional y, al año siguiente, a Preferente cuando tenía cuarenta y tres años de edad y en esta edad se mantuvo arbitrando hasta la fecha tope que es la de cuarenta y siete años. Es tal su pasión por el arbitraje que todavía sigue actuando en partidos de empresas, amistad, fútbol-sala, fútbol 7…esto es, que lleva haciendo sonar el silbato 37 años.
Como anécdota y sin detenernos mucho en los lances, añadamos que es posible que sea el único árbitro que ha sido sacado a hombros en Sevilla, Cádiz y Huelva, por ser juez neutral en tres partidos acaecidos en las citadas provincias.
Enriquezcamos este trabajo con un brevísimo bosquejo biográfico de José Manuel Díaz Lema. Nació el sucedáneo de “Cantinflas” el 13 de marzo de 1943 en una humilde y enjalbegada casa de la calle Cabezas Rubias, número 25, de la barriada de El Higueral, cuando este barrio se componía de cuatro casas y su derredor estaba alfombrado de flores campesinas, muy cerca de las populares tiendas “La Peona” y la de Domingo Rivero…
Su periplo laboral ha pasado por la Industrial Química de Zaragoza, situada en la antigua carretera de Sevilla, frente a la Venta “Angelito”; el Bingo “Hotel Luz”, cuando pertenecía a “Interhotel” y, como hombre de mantenimiento, en la posterior Empresa adquirente del citado Hotel, “Nuevohotel”.
Su pasión por el fútbol lo ha hecho militar en los equipos de “Celulosas”, “Viaplana”, Punta Umbría y C. D. “Victoria”, cuando éste era filial del Recreativo de Huelva…
Dejamos al personaje y quedamos convencidos de que hemos entrevistado a un auténtico señor del humorismo. Un señor árbitro en toda la acepción de la palabra y un cintero de corazón.



