jueves, 3 de junio de 2010

Ernesto Lazo





Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios. (I)
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Ernesto Lazo nació en Huelva el día 12 de noviembre de 1921. Su padre, don Manuel Lazo Martín (fundador, en 1907, del periódico “Educación Popular”), haciendo gala de la tenacidad increíble que moldearía para siempre su carácter y con ello su destino, no se conformó con la suerte que en aquellas fechas le estaba destinada a los maestros y desempeñó el cargo de gerente de Tabacalera en nuestra capital. Su madre, Josefa Gómez Sánchez, era ama de casa. Ernesto era nieto del maestro Manuel Lazo Real.

La niñez de Ernesto estuvo rodeada de las maravillas de aquella Huelva tan cercana al mar, de cielo de esmalto azul, poseedora de una ría en cuyas aguas se reflejaban las quillas de los galeones que arribaban a la Bajamar para descargar las sardinas de alba. Así, el alma se le fue formando a dos ritmos distintos que luego habían de disputarse siempre su literatura: toda la fuerza exuberante, luminosa, impregnada de olor a salitre, deslumbrada de colores de la Huelva de su adolescencia, y todas las bondades de la Huelva que se fue transformando con el transcurrir de las décadas.
Cursó sus estudios de Primaria en el Colegio de los Padres Agustinos, haciendo la Primera Comunión en 1931, bajo la dirección del P. Fray Teodoro de Olazarán y Olozoaga.
Habiendo abandonado los Agustinos, por motivos políticos, el Colegio de Huelva (el grupo fue a parar, en su mayoría a Filadelfia, USA), cursó los estudios de ingreso en el Colegio de San Casiano que dirigía el conocido y acreditado maestro, don José Oliva. Estudios de ingreso dirigido por el buen maestro don José Mendiri
Realizado el examen de ingreso en 1932, comienza el primer curso de bachillerato 1932-33, en el Instituto General y Técnico de la calle Méndez Núñez. En este curso se inicia el bachillerato republicano creado por don Fernando de los Ríos, que amplia de seis a siete el número de cursos, establece dos reválidas (una, al terminar el tercer curso y otra al terminar el séptimo), y suprime totalmente los libros de textos. La supresión de textos, sustituyéndolos por apuntes, a veces en clase de más de cien alumnos, como ocurría en Huelva, fue un fracaso. El Ministerio rectifica rápidamente y en el segundo curso vuelven los libros.
El segundo curso, 1933-34, tras una huelga de estudiantes apoyada por los profesores, se inicia con algún retraso, en el Instituto nuevo del Conquero, llamado La Rábida. Allí se estudian normalmente el curso 2º, 3º y 4º. Una vez comenzada la guerra civil, estimándose peligroso para los jóvenes la coeducación, las mañanas se dedican al estudio de las chavalas y las tardes de los chavales. Fueron profesores distinguidos de este Instituto, su director, Ricardo Terrrades Pla, doctor, a la vez, en Derecho y en Ciencias; el bonareño, José Pulido Rubio, acreditado geógrafo e historiador, que ejercía las funciones de Secretario; Félix Andolz, autor de la letra del himno del Centro”Salve Monasterio de la Rábida”, que llevaba música del maestro Herrera, de familia muy querida en Huelva. A destacar, también, la figura del sacerdote José Pérez Reyna, profesor de Religión, tremendamente forofo del Recreativo, de Ángeles Figueras, profesora de Literatura que llegó a ser poetisa de fama nacional (que lo animó para que siguiera por la senda de las Letras, Lengua y Literatura). Antes que ella dio también clases de la misma asignatura, la onubense Inés García Escalera, que se casaría con el famoso escritor D. Felipe Ximénez de Sandoval, autor de la “Biografía apasionada de José Antonio”. El título de Bachiller, al que siempre Ernesto consideró de gran valor, lo obtuvo en marzo de 1939.



Un acontecimiento ocurrido en su adolescencia contribuyó especialmente a que cambiara drásticamente su vida: la muerte de su padre, que dejó una viuda y siete huérfanos. Y como era uno de los varones mayores se vio obligado a trabajar, ya que eran muchas las bocas que en su casa pedían pan.
En este punto debemos hacer hincapié en un importante detalle sobre Ernesto: Fue la dura vida que se impuso a sí mismo la que hizo que se promocionara. Esta epopeya se desarrolló íntegramente en unas circunstancias duras, en las que la lucha por la supervivencia era el feroz juego nacional. Así, trabajaba aquellas interminables jornadas y estudiaba por las noches. Pero, lo habíamos dejado con el Bachillerato terminado. A continuación realiza los estudios de Maestro en la Escuela Normal de Huelva, terminándolos en septiembre de 1940, y los de Profesor Mercantil en la Escuela de Comercio de Sevilla, finalizándolos en octubre de 1944.
En 1941 ingresa como Auxiliar en la Excma. Diputación Provincial de Huelva. Dos años más tarde gana, por oposición, la plaza de Jefe de Contabilidad de la citada entidad provincial.
En 1960, obtiene, por concurso de méritos, la plaza de Jefe de Sección de Intervención de la Diputación.
Finalizando los años sesenta es nombrado Presidente del Colegio de Funcionarios de la Administración Local en Huelva.
En marzo de 1972 es nombrado por Decreto de la Presidencia Administrador de los Hospitales de la Diputación Provincial (el general, ubicado en la Plaza de la Merced y el Psiquiátrico a la sazón recién inaugurado en la Carretera de Sevilla).
En junio de 1972 ingresaría, tras oposición libre, en el Cuerpo de Interventores de Administración Local. Ejerció de Interventor en el Ayuntamiento de Palos de la Frontera (localidad que le condecoró con su escudo de oro) y de Vice-Interventor y, posteriormente de Interventor, en el Ayuntamiento de Huelva, cargo en el que se jubiló en diciembre de 1986. Fue Interventor de la Organización Sindical desde 1948 hasta la desaparición de tales Sindicatos. Lo que causa nuestra admiración es su incansable brega de luchador nato que supo vencerse a sí mismo antes de enfrentarse con los demás, su seguridad para no amedrentarse ante ningún desafío y, finalmente, una de las mejores cualidades de su carácter: su capacidad para asumir responsabilidades. ¡Ah! como prestación personal hacia la ciudad que tanto amó, Huelva, fue concejal de su Ayuntamiento desde 1958 a 1962.
Pero con haber brillado mucho su talento, su laboriosidad y su ingenio, se le apreciaba aún mucho más por su espíritu caballeroso, por la grandísima bondad de su carácter que le ha llevado a un fuerte compromiso con la sociedad que le rodeó y especialmente con los más desfavorecidos.












Ernesto Lazo Gómez, con Huelva en los labios (y II)
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Entre sus aficiones destacaron el deporte, la música y la literatura. En el primero, resaltamos que figuró en la alineación del primer equipo de balonmano o handball que tuvo Huelva. En este sentido el historiador que suscribe este breve bosquejo biográfico, en su Gran Enciclopedia de Huelva testimoniaba esta circunstancia:

<<…Los dirigentes del S. E. U. reclutaron sus hombres, les enseñaron las reglas del juego del balonmano y los sometieron al entrenamiento necesario. Y como coincidía que eran magníficos futbolistas y practicantes válidos de diversas pruebas atléticas y no repararon en sacrificio para probar en el viejo Velódromo su extraordinaria valía, el día anunciado estaban dispuestos los catorce jugadores a que se convirtiese el partido, que se celebraría el 23 de abril de 1939, en todo un espectáculo.
Días antes, los entusiastas estudiantes del SEU marcaron un campo con las medidas reglamentarias e instalaron dos porterías de poco menos de tres metros de anchura por casi dos de altura.
Las pruebas atléticas, ciclistas y el partido de balonmano fueron presenciadas por numerosos aficionados. Pero, dejemos que sea el cronista deportivo del diario “Odiel” quien nos haga conocer los lances y las alineaciones presentadas en aquel histórico partido:

<<…A continuación se dio un descanso, siguiendo un partido de Handball entre dos selecciones de estudiantes afiliados al S. E. U.
La selección A vestía camiseta azul y el equipo B camiseta blanca.
La primera quedó alineada de la siguiente forma: Miralles; Victoriano y Moreno; Romualdo, Martín Ch. y Martín D.; Faustino, Blanco, Terrades, Camacho y Morón.
El equipo B estaba alineado así: Buigues; Rovira y Tortosa; Vozmediano, Lazo y Vito; Arazola, Vega I, Klauss, Cerisola y Segovia.
El encuentro resultó en extremo interesante, despertando desde el primer momento gran interés en el público onubense que presenciaba por primera vez un partido formal de handball.
Al comienzo se hizo notar el gran empuje de los blancos que asediaron la puerta del equipo azul con gran insistencia. No obstante el buen juego al final del primer tiempo, los azules lograron su primer tanto que fue ovacionadísimo y saludado con un pasodoble por la banda.
El segundo tiempo se caracterizó por la regularidad del juego aunque no llegó a resultar monótono.
Los dos bandos lucharon con ahínco y buenas formas, haciendo que el interés no decayera un momento.
El partido terminó con 3-2 a favor de los azules o sea del equipo A, pero es justo hacer constar que los dos pusieron igual entusiasmo y capacidad en el juego.
Actuó de árbitro Willy Hexamer.
Entre el primero y segundo tiempo se realizaron pruebas ciclistas en tres categorías…>>.

También recordamos que participó en pruebas de natación y atletismo. Asimismo, Ernesto Lazo fue socio, jugador del Recreativo y Tesorero en la Junta del primer ascenso a 2ª, en 1957, bajo la presidencia de Ramón López García. Fue también presidente de la Federación Onubense de Atletismo en los años 70. Su otro equipo del alma, desde su infancia, fue el Español de Barcelona
Hombre polifacético, ejerció diversos cargos deportivos en el SEU, de 1936 a 1945, y fue jugador titular del mencionado Sindicato. En el mismo período de tiempo y en la misma entidad, desarrolló diversos cargos culturales, con actuaciones en prensa y radio, casi siempre en colaboración con Diego Morón González. Recordado es el programa titulado “Habla el SEU”, con artículos de fondo e información general para estudiantes. Tenía periodicidad semanal y se realizaba a media tarde.
En el segundo apartado de sus aficiones, siempre se sintió subyugado por ese ritmo cadencioso y arrebatador que llamamos tango. Así, conocía hasta en sus detalles nimios la biografía y discografía del gran astro argentino, Carlos Gardel. En este sentido, las circunstancias de la vida no le permitió realizar uno de sus anhelos: visitar Buenos Aires, la ciudad porteña, en la que se hubiera impregnado, sin duda, de las exquisiteces del bandoleón.
Con respecto a la gran afición por la literatura, su abuelo Manuel Lazo Real todos los días hacía escribir unos renglones a sus nietos. Ese interés lo fue manteniendo a lo largo del tiempo. Eran los años de gimnasia del estilo, en los que ponía a punto su galana pluma para escribir en verso y prosa.
En un sentido más elevado, sus poemas figuraron en la obra “Antología de poetas onubenses”, editado en Huelva en 1976.
Fue en la prosa donde su fértil ingenio supo alcanzar su máxima cota, proporcionando muchos ratos de regocijo al pueblo de Huelva que leía con avidez sus trabajos, vertidos en los diarios “Odiel”, “La Voz de Huelva”, “Huelva Información” y “El Mundo. Huelva noticias”.
Sus primeros artículos, evocación de la Huelva de su infancia y juventud, los reunió en un libro titulado “Mi Huelva tenía una ría”, aparecido en 1985, de tanto interés para los lectores que ya va por la tercera edición.
El sol, el mar, las playas de Punta Umbría, el Recreativo de Huelva y sus jugadores, los edificios capitalinos, las calles y plazas huelvanas, nuestra Semana Santa y nuestras Hermandades del Rocío, los temas colombinos, unos ojos, una hermosa cabellera de una bonita mujer, son algunos de los temas que su numen literario hacía florecer en sus bonitos artículos y que recopiló en su segundo libro “Playas de terciopelo”, editado en diciembre de 2005, con el que ha repetido éxito.
También debemos añadir que Ernesto Lazo fue autor de la letra del “Himno a la Virgen de la Cinta”. La labor pentagramística la realizó el gran compositor Primitivo Lázaro.
Encariñado enormemente con su ciudad, a su jubilación Ernesto Lazo desarrolló tareas sociales y culturales en beneficio de ella: Miembro de la Real Sociedad Colombina Onubense, participó activamente en sus actividades llevando el nombre de Huelva por toda la geografía española y desarrolló la labor de Tesorero de la misma en la década de los noventa; miembro activo de la Junta directiva de la Hermandad de la Cinta es autor, como se ha indicado, del Himno a la Virgen; impartió conferencias sobre su particular visión de Huelva a requerimiento de varios colectivos sociales, participó eficazmente como intermediario, a petición del entonces alcalde Juan Ceada, en la negociación, bloqueada hacía años, entre los albaceas de Diego Díaz Hierro y el Ayuntamiento de Huelva consiguiendo para la ciudad un valiosísimo fondo documental; fue pregonero de varios actos, y desarrolló una intensa labor humanitaria impulsando la Comisión Pro Asilo de Ancianos Desamparados, colaborando con la Parroquia como catequista y cuando ya su cansado corazón le impide lidiar con la extrema vitalidad de los chavales, en otras tareas más tranquilas que el párroco le encomienda a sabiendas de su buen hacer, talante conciliador y amistades cosechadas a lo largo de más de ochenta años de trabajo, optimismo y Bonhomía.
Entre sus amigos hay que destacar en primer lugar a toda aquella promoción de Bachillerato con los que siguió manteniendo contacto y relación: Juan Gómez Hiraldo, intelectual y flamencólogo; Diego Morón González, José Díaz Martín, químico; Victoriano RuiGómez, José Gil, médico; Ramón Rovira… En otros ámbitos destaquemos su amistad con el pintor universal José Guevara, el poeta Jesús Arcensio, el músico Primitivo Lázaro y con el periodista y escritor Rafael Manzano, con el que mantuvo una enriquecedora correspondencia.
Luchador incansable, hombre íntegro y de carácter afable, buena persona en suma, se puede decir parafraseando a su buen amigo ya desaparecido el poeta Rafael Manzano, que ha pasado su vida con Huelva en los labios.
En la parcela sentimental, Ernesto contrajo matrimonio con Joaquina López Olmo, nacida en Huelva en 1923 e hija de un hombre muy vinculado con la historia de Huelva, Ramón López. De esta unión han nacido nuestra buena amiga, María Dolores, Archivera del Excmo. Ayuntamiento, María Piedad y María José, licenciadas, respectivamente, en Geografía e Historia, Psicología y Filología Francesa.
Ernesto Lazo Gómez falleció en Huelva el día 23 de julio de 2009.

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